HISTORIA
Llega al cine "Flee: Huyendo de casa", la película danesa que estuvo nominada a mejor película internacional, mejor documental y mejor animación, una coincidencia que no se había dado nunca
A la mitad del último documental de Jonas Poher Rasmussen, un barco destartalado repleto de afganos que huyen de la violencia se cruza con un reluciente crucero noruego en algún lugar del Báltico.
La travesía de los migrantes hasta ahora ha sido angustiosa, y la mayoría de ellos saluda al transatlántico con gozoso alivio, convencidos de que ha llegado su salvación. Pero el protagonista de la película, Amin, observa a los pasajeros bien arreglados en la cubierta del barco que toman fotografías de los refugiados debajo y solo se siente “avergonzado por nuestra situación”.
Flee: Huyendo de casa cuenta, en forma animada, la historia real de cómo Amin, amigo cercano de Rasmussen desde el liceo, huyó de Kabul cuando era niño en los 80 con su familia, antes de dirigirse a la Unión Soviética e intentar obtener asilo en Escandinavia. Durante los siguientes 20 años, Amin mantuvo en secreto los detalles de este peligroso viaje de cinco años, y en este documental emocionalmente matizado, descubrimos los giros y vueltas de la historia al mismo tiempo que Rasmussen.
Es, dato, la primera película en estar nominada al Oscar a mejor documental, mejor animación y mejor película internacional. Antes de llegar al Oscar, el documental se hizo de un montón de premios y hoy se estrena en cines en Uruguay.
Cuando Amin le contó sobre el incidente del crucero, el director se sorprendió inicialmente por el peso y el impacto de la vergüenza de su amigo. “Y luego, tuve que decir, ‘pero, ya sabes, ahora voy en el crucero'”, dijo Rasmussen. “Yo soy el que está parado ahí mirando tu historia”.
Rasmussen es muy consciente de la responsabilidad que conlleva contar la historia de otra persona. Amin no es el verdadero nombre de su protagonista: a pedido de su amigo, Flee oculta la verdadera identidad de Amin, incluso cuando cuenta una historia profundamente íntima con detalles deslumbrantes.
Rasmussen, de 40 años, tenìa claro que quería contar la historia de la huida de Amin de Afganistán durante casi dos décadas, aunque solo sabía vagamente por lo que pasó su amigo. Los dos se conocieron a los 15 años y Rasmussen vio a Amin en el tren a la escuela. Como cuenta en la película, se sintió atraído por la ropa elegante de los afganos y, a partir de ahí, se hicieron amigos.
Una de las abuelas de Rasmussen era hija de refugiados judíos rusos y tuvo que huir de la Alemania nazi, lo que también puede explicar por qué se reconocieron el uno en el otro.
Cuando ambos tenían 20 años, Rasmussen le preguntó a Amin si podía hacer un documental pero su amigo dijo no estar listo. Para 2014, lo estaba. Incluso entonces, se intentó llegar a un acuerdo y exploraron si Amin se sentía seguro al contar su historia por primera vez y, de ser así, si Rasmussen podría encontrar una manera efectiva de contarla. Para empezar, recurrió a una técnica que había aprendido en la radio y le pidió a Amin que con los ojos cerrados contara una historia en tiempo presente.
“Les estás pidiendo que pinten una imagen para ti”, dijo. “¿Cómo es la casa? ¿Cuáles son los colores en la pared? Eso te brinda mucha información que podríamos usar en la animación, pero también lo trae de vuelta, por lo que revive las cosas en lugar de simplemente volver a contarlas. Realmente se trata de hacer que el pasado vuelva a la vida”.
Esta se convirtió en la estructura de las entrevistas de la película, que tuvieron lugar durante cuatro años, al mismo tiempo que estalló la crisis de refugiados en Europa. Con un gobierno de centro-derecha recién en el poder, Dinamarca tomó una línea mucho más dura que otros países del norte de Europa, limitando drásticamente la cantidad de solicitantes de asilo que aceptaba y los beneficios que recibían, además de aprobar una legislación que les obligaba a entregar sus objetos de valor. Aunque la crisis aumentó la relevancia del proyecto, también empujó a Rasmussen a hacer que la película se sintiera aún más personal.
“Al principio, por supuesto que quería contar la historia de mi amigo, pero había un aspecto político”, dijo Rasmussen sobre su determinación de recordar a sus compatriotas daneses a los humanos detrás de la etiqueta de “refugiado”. “Eso se volvió menos porque el debate aquí fue muy duro y polarizado”, dijo. “No quería ser parte de eso”.
Animar el documental, con actores expresando el diálogo que recordaba Amin, ayudó a enfatizar este enfoque en la historia de un individuo, mientras que el anonimato facilitó que Amin contara su pasado. “Este es un trauma de vida, y no es fácil para él hablar de eso”, dijo Rasmussen, quien no había trabajado con animación antes de Flee. El hecho de que Amin no sea ahora una figura pública, “que no conozca a personas que conozcan sus secretos y traumas íntimos, fue clave para que se sintiera seguro”.
Rasmussen también se sintió atraído por las posibilidades creativas que ofrece la animación. Mientras realizaba las entrevistas, el director notó cambios en la voz de Amin. “Cuando llegaba a cosas de las que le costaba hablar, se podía sentir que estaba en otro lugar. Pensé que deberíamos mostrar eso visualmente”, dijo.
Trabajando con el director de animación Kenneth Ladekjaer y el director de arte Jess Nicholls, desarrolló un estilo fluido y oscuramente impresionista para transmitir momentos de trauma emocional, como una escena aterradora cuando las hermanas de Amin están encerradas en un contenedor sofocante en un barco que cruza el Báltico.
Al igual que en la película de 2008 Waltz with Bashir, que rastrea los intentos del cineasta israelí Ari Folman de recuperar los recuerdos de su propia participación en la Guerra del Líbano, la animación permitió a Rasmussen recrear un pasado específico. En lugar de depender, como en el típico estilo documental, de las descripciones de gente hablando frente a cámara, Rasmussen podría devolver a Amin a su propio Kabul de los 80.
La película recibió críticas muy favorables cuando se estrenó en los cines de Copenhague incluso de periódicos que han adoptado una postura dura contra los refugiados. Y la atención internacional que está recibiendo lleva a Skotte, el editor de la película, a creer que influirá en el discurso sobre la migración en Dinamarca.
“Para los daneses ahora se convirtió en el tipo de película que tienes que ver si quieres saber qué está pasando”, dijo. “Eso es muy, muy diferente de ser visto como otro documental pesado sobre refugiados”.