Una manera de definir Proyecto Fin del Mundo es como una aventura familiar y optimista que intenta amortizar cada dólar invertido en una de las grandes estrellas del momento. Es visualmente ambiciosa y su mensaje es fácilmente compartible, pero la principal razón de su existencia es Ryan Gosling, que está presente en todas las escenas.
En su segunda película como hombre en el cosmos —la otra fue El primer hombre en la Luna, de Damien Chazelle—, Gosling interpreta a Ryland Grace, quien despierta en una nave sin saber cómo llegó hasta allí. Está en el espacio, todo indica que muy lejos de casa, y el resto de la tripulación no sobrevivió a la crioconservación indispensable para una travesía como esa.
De a poco empieza a recordar que fue profesor de liceo y que había dejado atrás una carrera académica por lo arriesgado de sus teorías. Una de ellas, ahora lo recuerda, se aplicaba a un extraño fenómeno que estaba afectando a la Tierra: el Sol se estaba muriendo devorado por unos microbios hambrientos de energía, llamados astrofagos, con consecuencias apocalípticas.
Grace fue reclutado por una agencia gubernamental encabezada por un personaje con acento y rasgos alemanes, interpretado por Sandra Hüller, la actriz de Anatomía de una caída.
Cuando llega a destino —una estrella llamada Tau Ceti, a unos 12 años luz de casa—, Grace (una de las tantas referencias religiosas, apenas exploradas, de la película) se encuentra con un alienígena con forma de roca artrópoda —al que, de hecho, bautiza Rocky— que llegó hasta allí por el mismo problema en su planeta. Entre ellos se forja una amistad impensada, a pesar de hablar idiomas mutuamente imposibles, y su primer encuentro funciona como una comedia de enredos con un corazón decididamente infantil.
“Grace perdió su ambición, creo, pero todavía cree que tiene razón”, explicó Gosling, quien también figura como productor, en las notas de producción. “Es excepcionalmente inteligente, pero sigue siendo muy cercano. No es estoico en absoluto, no es el héroe típico, y es bastante miedoso de una manera que resulta realista. Reacciona ante cada cosa aterradora con la misma intensidad de horror que cualquiera de nosotros, pero de alguna manera logra que su miedo no lo domine y simplemente sigue intentándolo”.
La aventura está contada de manera llamativa y colorida, con una clara inclinación hacia el humor, al que se apela de forma a veces demasiado autoconsciente.
Proyecto Fin del Mundo está basada en una novela de Andy Weir, el mismo autor de The Martian, que se transformó en película como Misión rescate, aquella con Matt Damon como el único humano en Marte, dirigida por Ridley Scott. La idea central parece ser la misma.
Andy Weir publicó la novela Project Hail Mary —el nombre original— en 2021, consolidándose como uno de los autores contemporáneos más exitosos de la ciencia ficción tras el fenómeno de The Martian. Fiel a su estilo, la novela combina rigor científico —especialmente en física, biología y astronomía— con una estructura narrativa de suspenso sostenido, humor y una marcada dimensión humana, en particular a través de la relación que el protagonista establece con esa forma de vida extraterrestre.
El libro fue elogiado por su capacidad para hacer accesibles conceptos complejos y por su equilibrio entre especulación científica y emoción narrativa. Otros no fueron tan generosos, lo que no ha impedido que se mantenga en la lista de los más vendidos de The New York Times desde su publicación. La película le ha dado un nuevo impulso.
Proyecto Fin del Mundo aligera las cuestiones y los datos científicos propios de la prosa de Weir. La adaptación es de Drew Goddard, quien justamente estuvo nominado al Oscar por Misión rescate.
Es una película pensada para ver en familia, un giro para el que resultan clave sus directores, Phil Lord y Christopher Miller, responsables de celebradas propuestas para todo público como Lluvia de hamburguesas, La gran aventura Lego y Comando especial, y ganadores del Oscar por Spider-Man: Un nuevo universo. Son artesanos ocurrentes, y su estilo aporta mucho a la comedia sobre dos amigos improbables que terminan unidos para siempre.
“Se presenta como una aventura espacial, una película de desastres, pero de pronto, ya avanzada, la historia se convierte en un delicado estudio de personajes entre dos individuos que deben aprender a comunicarse”, dice Lord en las notas de producción. “Y ese giro la vuelve algo sumamente especial”.
Como curiosidad, la banda sonora incluye “Gracias a la vida” en versión en vivo de Mercedes Sosa y el tango “El amanecer”, de Roberto Firpo, interpretado por Carlos Di Sarli. No hay una explicación lógica para su presencia, pero funciona como una ocurrencia más.
Y eso también define a Proyecto Fin del Mundo: es una película ocurrente, algo larga, en general divertida y con una estrella como Gosling haciendo todo el despliegue.