ESTRENO
La nueva película de David O. Russell es una historia (casi) real de tres amigos que, sin quererlo, salvaron la democracia estadounidense; un gran elenco y la puesta en escena salvan del desastre

Hay una conspiración fascista para derrocar a Roosevelt; nazis; espías ornitólogos y que hacen los mejores ojos del mundo; un médico loco que prueba cuanta entrada haya en el vademecun; una artista vanguardista en los locos años veinte que vive en un consensuado triángulo amoroso (a lo Jules et Jim) con el médico loquísimo y un abogado bien intencionado, y un crimen por resolver.
Todo es así de excesivo, en Amsterdam, una avanzada de las películas que van a llegar de aquí en más en lo que se conoce como la temporada de premios. Se estrenó esta semana en Montevideo.
Llega con pretensiones. Tiene, por ejemplo, un director (David O. Russell) que ya estuvo cinco veces nominado al Oscar y que con películas como Flirting with Disaster o El lado luminoso de la vida, se volvió uno de los más interesantes creadores de comedia mericana. Amsterdam, igual, está más cerca de Escándalo americano, aquella ambientada en los 70 y que tenía la misma ambición y el mismo tono que esta nueva. Amsterdam se ve cercana al espíritu burlón de los hermanos Coen, por ejemplo.
Algunos de su estelarísimo elenco podría aspirar a un reconocimiento de sus pares. Están Christian Bale, Margot Robbie y John David Washington (el doctor, la artista y el abogado, respectivamente), tres amigos que compartieron lo mejor de su juventud en Amsterdam después de la primera gran guerra (la ciudad funciona como un paraíso perdido) y se vuelven a unir para aclarar un doble homicidio que tiene implicancias políticas insospechadas. Hay millonarios excéntricos, políticos buenos y de los otros y grandes personajes secundarios en un tono de comedia disparatada que, acá, va por el exceso (y eso incluye a Bale, que está particularmente comprometido con lo suyo) y eso es un riesgo que a veces no le sale dentro de lo esperado.
Es que no importa mucho la trama que, sí es un poco confusa pero como corresponde a una comedia de su clase. Es bien clásica.
En todo caso, la puesta en escena (con la fotografía de “Chivo” Lubezki y el diseño de producción de la exquisita, Judy Becker), un plantel de actores (De Niro, Malek, Taylor Jones, Myers, Rock y hay más) y algunas buenas ideas ayudan a sortear sus debilidades. Con eso, en este caso, alcanza.