Jorge Abbondanza
El revuelo comenzó en Inglaterra cuando se retiró de cartel en el Repertory Theatre de la ciudad de Birmingham la comedia negra Deshonor (Bezhti), cuya acción transcurre en un templo sij, una comunidad religiosa del centro de la India a la que pertenecen 600.000 residentes en el Reino Unido. En esa obra escrita por la joven Gurpreet Kaur Bhatti, comediógrafa de origen indio, "se muestran escenas de asesinato y abuso sexual a menores en el interior del templo", lo cual provocó que "400 sijs lanzaran piedras y botellas" contra el teatro, respondiendo así a lo que consideraban un ultraje de índole religiosa. Se resolvió entonces prohibir la pieza, ante lo cual "700 actores, dramaturgos y directores teatrales escribieron una carta abierta al diario The Guardian para lamentar el triunfo de la censura y de quienes utilizaron la violencia y la intimidación para impedir que una manifestación del arte y la literatura se ofreciera libremente".
La autora había recibido amenazas de muerte y debió mudarse "encontrándose en paradero desconocido" mientras otra sala de Birmingham se ofrecía para presentar la obra, "aunque exigiendo protección policial". En Inglaterra se ha dicho que "el episodio refleja una batalla entre liberalismo y autoritarismo" pero expresa asimismo "un dilema entre dos corrientes divergentes dentro del liberalismo: la de dar rienda suelta a la protesta o la denuncia y la de no herir a ninguna minoría, religión o grupo social". En Birmingham se optó por esta última tendencia, configurando un acto paradojal en el país donde "dramaturgos como David Hare y Harold Pinter han expuesto las mentiras y manipulaciones de la guerra de Irak", entre otras duras críticas formuladas en teatro a la política nacional e internacional. Así se cortó la temporada de una pieza como Deshonor donde "se condenaba a la injusticia y la hipocresía, mostrándose el choque entre la fe verdadera y la religión institucionalizada, traumas que comienzan a surgir cuando una muchacha lleva a su madre enferma al templo dentro del cual se desarrollarán pasajes de gran violencia".
Como se ha dicho en torno al incidente, "en la coyuntura ideológica y política post-11 de setiembre, los dirigentes invocan la protección del derecho a la vida para imponer leyes antiterroristas de sesgo orwelliano y recortar otras libertades", frente a lo cual "los intelectuales británicos consideran la censura de Deshonor como una tragedia, ya que supone una victoria del fundamentalismo y una muestra del ataque cada día más organizado a los valores de la ilustración". Entre otras cosas, en Inglaterra se afirma que "la pieza es un canto a valores como la compasión y la igualdad. Su prohibición sitúa a liberales e intelectuales en un brete" preguntando si debe haber límites a la libertad de expresión para afianzar la seguridad o la corrección en materia política y cultural. También se pregunta si "son inaceptables en una obra teatral las escenas de violencia en un tamplo sij, y por lo tanto también en una iglesia, una mezquita o una sinagoga".
Cuando el Repertory Theatre retiró la obra, habló de que lo hacía por razones de seguridad, "en la imposibilidad de garantizar el bienestar de los espectadores". El peligro consiste en que la aplicación de esas razones favorezca futuras agresiones, que crecerán en la medida en que los atacantes saben que pueden lograr sus fines. La censura en Birmingham les dio un espaldarazo.