Es inevitable pero no deja de asombrar. Mañana serán los funerales de Whitney Houston en Newark, Nueva Jersey, los que podrán ser seguidos por Internet a través de varias direcciones. Una de ellas es https://livestream.com/aplive. La familia solicitó que sólo asistan al acto las personas que están invitadas, como forma de preservar la intimidad.
Cultivar el dolor no es fácil y menos cuando la exposición mediática es gigantesca y parece no tener límites. Las más suaves tienen que ver con las críticas destinadas al gobernador republicano del Estado, que decidió izar las banderas a media asta como forma de respeto a la cantante. Hay quienes dicen que quien no pudo sacarse de encima a las drogas, no merece una honra de tal magnitud.
Eso no deja de ser una actitud polémica, tolerable. Pero es por demás asqueroso el accionar del National Enquirer que recreó los supuestos minutos finales de Houston, cuando -según el diario- "demasiado mareada por el alcohol y las drogas como para mantener su cabeza fuera del agua mientras resbalaba en la bañadera". La cobertura en primera página titulaba tipo catástrofe: "Sus últimos minutos". Y aunque parezca mentira no fue el único gesto repugnante que se cruzó en la despedida de la artista y no por lo que se dice sino por el momento en que eso se dice.
La web PinkNews (atención al nombre) lanzó una hipótesis para entender la falta de felicidad de Houston. Según sostienen, ella mantuvo relaciones lésbicas que la marcaron para siempre. Y se basan para decirlo, por ejemplo, en declaraciones de Bobby Brown, el ex marido de Whitney: "Cuando nos casamos, ella tenía una agenda distinta en la cabeza. Creo que la de ella era limpiar su imagen, mientras que la mía era amarla y tener un hijo". Además, en el 2000, la artista dijo explícitamente que no era lesbiana. Conclusión de la web, el matrimonio fue una simple fachada y ella nunca más fue feliz.
Hay gente que rema en contra del buen deseo "que descanse en paz".