Basta de atacarnos con artistas

MATÍAS CASTRO

Autodenominarse artista se ha vuelto una de las cosas más fáciles del mundo. La gente que cae en este acto de arrogancia (es arrogancia cuando la persona grita que es artista antes de hacer obra) puede correr con diversa suerte. Unos pueden comenzar en la adolescencia y dedicarse a su "arte", mientras se sientan a esperar que un utópico mecenas les haga llover dinero (y lo que ocurre es que son mantenidos hasta que, resignados, abren un taller). Otros entran en concursos televisivos en los que mediante un proceso exhibicionista se reciben de artistas (ver grilla del cable por más datos).

La última novedad de un espécimen surgido de estos programas corresponde a Virginia Da Cunha. ¿Quién es ésta? Es una ex Bandana, la rubia. Tal parece que haber salido de un casting de miles de personas, atravesado el programa, grabado dos discos con el grupo, filmado una película, disuelto su grupo, conducido un programa infantil y de haber actuado en un musical, la "artista" quiere más. Así que anuncia que está grabando un disco solista vinculado a los cuatro elementos (y seguramente inspirado en piedras energéticas y cosas similares). Dos de sus compañeras de grupo ya habían hecho sus respectivos discos solistas. Hasta hace cinco años estas chicas cantaban solamente en la ducha. Hoy cantan en el estudio como si estuviesen en la ducha. Lo peor es que lo que hacen tiene el valor de una canción de duchero, pero la cobran como un cd nuevo.

Se puede tener suerte. Se puede tener carisma. Se puede tener algo para decir. Se puede tener talento. Se puede tener un gran ego. Pero nada de eso (ni separado ni junto) implica que se esté hablando de arte. Es cierto que el concepto de artista ha cambiado radicalmente a lo largo del siglo XX, pero lo que proponen esos concursos televisivos es indiscutiblemente falso.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar