ROCIO AYUSO | LOS ANGELES/EFE
El escenario está listo, la moda servida, y el maestro de ceremonias ultima las bromas para la 78 edición de los Oscar. Lo que está por ver es el interés del público en un año en el que muchos de los candidatos apenas se conocen.
De los veinte aspirantes en las categorías de interpretación, las que habitualmente se llenan con las mejores estrellas, catorce son primerizos en cuanto al Oscar.
Y de ellos, si quitamos al popularísimo George Clooney y sus tres candidaturas como actor secundario en Syriana y director y guionista por Buenas noches, buena suerte, la mayor parte son desconocidos para el gran público.
Además, entre las cinco candidatas a mejor película (Secreto en la montaña, Capote, Vidas cruzadas, Buenas noches, buena suerte, y Munich) la recaudación no supera ni los 200 millones de dólares.
Star Wars: Episodio III —La venganza de los Sith, con una única candidatura en la llamada "pedrea" técnica, superó ella sola en la taquilla estadounidense los 380 millones de dólares.
Como afirma la revista Variety, la lista de candidatos al Oscar es casi idéntica a la de los premios Espíritu Independiente dedicados al cine más transgresor, pero tan desconocidos entre el gran público que ni se emiten en televisión en un canal de difusión general.
"Es probable que la audiencia disminuya y hacemos todo lo posible para llenar la entrega de grandes estrellas", confesó a la prensa el productor de la velada, Gil Cates.
Las bellezas llegarán en grupo. Naomi Watts, Uma Thurman, Nicole Kidman, Jennifer Aniston, Sandra Bullock, Jessica Alba o Hilary Swank son algunas de las estrellas que han anunciado su presencia el próximo 5 de marzo en el teatro Kodak de Los Angeles.
Y entre los actores que con su nombre llevan al público al cine estarán Will Smith, Tom Hanks o Keanu Reeves, que también se apuntan este año a los Oscar, aunque no les vaya ninguna estatuilla en ello.
La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas también ha invertido una cifra récord (que prefirió no desvelar) en publicidad para ganar público para una ceremonia considerada la segunda retransmisión con más audiencia de la televisión estadounidense.
Una gala que cobra 1,6 millones de dólares por cada 30 segundos de publicidad y que si quiere seguir manteniendo estos precios millonarios tiene que justificar la inversión.
En 1998, con la triunfal victoria de Titanic no tuvo ningún problema, ya que sus índices de audiencia superaron los 55,2 millones de personas.
Pero como el resto de las galas de premios, los Oscar también son víctima de un declive que el año pasado les dejó con una audiencia de 41,5 millones de personas.
Con el slogan de "Sigue tus sueños", la campaña publicitaria de esta 78 edición de los Oscar quiere hacer énfasis en la emoción de estos galardones, su alfombra roja y el brillo de las estrellas, y no en sus aspirantes.
"Son los Oscar!" recuerda Cates.
Unos Oscar en los que hasta el maestro de ceremonias hace juego con los candidatos.
ANIMADOR. Sin las tablas de Billy Crystal o la popularidad de Steve Martin o Whoopi Goldberg, la elección de Jon Stewart como maestro de ceremonias es tan agasajada por la crítica como arriesgada para captar la atención del gran público.
Stewart se ha ganado la popularidad con el falso noticiario The Daily Show, un programa que durante las pasadas elecciones hizo historia con su ironía, pero que cuenta escasamente con un millón de espectadores en un canal de televisión por cable.
Sin embargo, la prensa apoya la elección como una muestra de los intentos de la Academia de adaptarse a los tiempos que corren.
A la pregunta de por qué el público debe de ver la 78 edición de los Oscar, la respuesta de John Horn es clara en su columna de Los Angeles Times y no incluye ni a los candidatos ni a las estrellas. "Porque serán tres horas con Jon Stewart, dos horas y media más que las que puedes ver en su programa (de media hora)", resumió.