GUILLERMO ZAPIOLA
Las "celebraciones" históricas son shows políticos. La función de los historiadores es en cambio "conmemorar" los hechos, tratar de entenderlos y sacar las conclusiones pertinentes. Para ello sirve un libro como "La mentira bicentenaria".
Escrito por el periodista, investigador y novelista sanducero Javier Ricca (autor entre otras cosas de un trabajo sobre el mate y de la novela artiguista La intriga del Ayuí), La mentira bicentenaria evoca un episodio que los libros llaman la Conspiración de Casa Blanca, intentona emancipadora presuntamente ocurrida en esa localidad de Paysandú el 11 de febrero de 1811, es decir poco menos de tres semanas antes del Grito de Asencio, y casi simultánea a la adhesión de Artigas a la Junta de Buenos Aires.
La historia habría sido más o menos así. Respondiendo a las exhortaciones de Artigas, un grupo de patriotas se reunieron en Casa Blanca para cambiar ideas y emprender un levantamiento revolucionario. La lista de conspiradores habría incluido a Ignacio Iglesias, el presbítero Silverio Martínez, Jorge Pacheco, Francisco Bicudo, José Arbidez, Saturnino y Miguel Del Cerro, Nicolás Delgado y Francisco Ramírez, futuro "Supremo Entrerriano" que trabaja de villano en los libros de historia uruguayos desde que dio la espalda a Artigas en 1820. Los planes se habrían frustrado debido a la irrupción de la flotilla realista encabezada por el capitán Michelena. Martínez, Pacheco, Arbidez, Miguel Del Cerro y Delgado habrían caído en poder de Michelena y enviados prisioneros a Montevideo, Bicudo y Saturnino del Cerro lograron escapar pero este último se habría ahogado mientras intentaba cruzar el Río Uruguay. Ramírez también habría escapado a Entre Ríos.
El episodio es lo suficientemente pintoresco como para ser contado en los libros y justificar algunas celebraciones oficiales sanduceras enmarcadas en los actos del dichoso Bicentenario. El único inconveniente es que nunca sucedió.
Ricca demuestra con abundancia de documentación que la primera referencia a la famosa conspiración son dos textos de Isidoro de María, publicados respectivamente en 1873 y 1879. Historiadores posteriores enriquecieron el anecdotario con informes de segunda o tercera mano, y sin evidencia documental. Parece bastante probado, sin embargo, que varios de los conspiradores de 1811 estaban en realidad presos desde varios meses antes, que Michelena se encontraba en Colonia el día que se lo supone cazando revolucionarios en Paysandú, y que Saturnino del Cerro siguió vivo después de ahogarse. Con respecto a "Pancho" Ramírez, hay evidencia de estaba en Entre Ríos el día en que tuvo (o más bien no tuvo) lugar la bendita conspiración.
"Let the old men tell the story, let the legend grow and grow", cantaba el coro de la Universidad de Texas al final de El Álamo de John Wayne. La verdad histórica le importa a poca gente, las leyendas son más atractivas, y es probable que casi nadie quiera hacerle caso a Ricca (ya debe de haber algún enojado), lo cual sería una lástima porque su libro es excelente. Es también probable que la conspiración siga siendo celebrada en el futuro.