Ascenso y caída de un mujeriego peronista

| Héctor Olivera, a partir de la vida de Juan Duarte, ofrece una visión crítica del peronismo

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Gustavo Laborde

Se estrenó en cines Ay Juancito, la nueva película del argentino Héctor Olivera. El director de films como La Patagonia rebelde, La noche de los lápices y No habrá más penas ni olvido narra en su nuevo trabajo el ascenso y posterior derrumbamiento de Juan Ramón Duarte, el único hermano varón de Eva Duarte de Perón. A través de este personaje lateral pero estrechamente ligado al poder (Juan Duarte fue secretario personal de Perón), Olivera ofrece el retrato de este hombre amante de la noche, las bellas actrices y los negociados turbios y, al mismo tiempo, revisa ese período mítico que fue la Argentina peronista de la década de 1950.

Ay Juancito está protagonizado por Adrián Navarro, Leticia Brédice y una espléndida Inés Estevez. En papeles secundarios aparecen Norma Aleandro, como Juana Ibarguren (madre de Evita), Laura Novoa como Eva y Jorge Marrale como Perón. Héctor Olivera estuvo en Montevideo para presentar este nuevo film.

—¿Esta es una película sobre Juan Duarte, el peronismo o el poder?

—El personaje en sí mismo no tendría ninguna gracia —sería una película más sobre ascenso y caída— si no fuera porque el personaje es el hermano de Eva Perón. Quiero decir que Juan Duarte es el vehículo para mostrar una época de Argentina muy poco o nada transitada por nuestro cine, salvo por películas como Gatica El Mono de Favio o Eva Perón de Desanzo. No se ha hecho cine sobre esa época, riquísima desde el punto de vista cinematográfico, que yo equiparo a la Italia de Mussolini o a la España de Franco, y que sus respectivas cinematografías han abordado con obras maestras. En cambio en Argentina con el peronismo hay una especie de tabú.

—¿Ese tabú sigue vigente?

—Sí. Yo creo que se tendrían que haber hecho más novelas y más películas. Sobre todo en torno a la figura de Perón. Esto obedece a que la izquierda y aun la derecha rescatan la figura de este personaje que en su momento había sido considerado un dictador que había avasallado las libertades, y particularmente la de expresión. Pero la izquierda hizo un silogismo que dice yo estoy con el pueblo, el pueblo está con Perón, yo tengo que estar con Perón. Esto hace que se olviden que Perón fue un dictador. Yo se lo digo a la gente joven, que Perón fue un dictador, y me mira asombrada, quizá porque tiene la imagen del Perón de los ’70, del viejo. Se olvidan que manipuló la Suprema Corte, las cámaras, y todos los diarios, salvo La Nación. Es el mismo tipo que le puso su nombre a una provincia: la provincia del Chaco se llamaba Presidente Perón y la de la Pampa, Eva Perón. Y la ciudad asd

de La Plata, la gloriosa capital de la provincia de Buenos Aires, se llamaba Eva Perón.

—Política de nomenclatura que también aplicaron Stroessner o Stalin...

—Es que hay que pensar que cuando Perón se escapa en la cañonera paraguaya no se va a París ni a Nueva York ni a Londres. Se va a la Asunción de Stroessner, a la Panamá de Arias, a la Caracas de Pérez Jiménez, al Santo Domingo de Trujillo y la España de Franco. Fue un hombre que aplicó políticas aberrantes como la quema de los partidos políticos opositores y hasta de las iglesias, todo en medio de una gigantesca impunidad.

—¿Por qué escogió a Juan Duarte, el hermano de Evita, para abordar el peronismo?

—Cuando se lo comenté al guionista José Pablo Feinmann, nos vino como una iluminación. Me dijo: "Juan Duarte... pero cómo me pude olvidar de Juancito". La verdad, no nos acordábamos de él. Yo, que hace años que quiero hacer una película sobre este tema, me había olvidado de este tipo. Yo pensaba, qué hago, un peronista, un ‘‘contrera’’, un opositor, pero nada me convencía, no encontraba el punto de partida. Pero cuando me acordé de Juan Duarte, me di cuenta que era el personaje que estaba buscando. Un personaje secundario, que está al lado del poder. Y cuando empezamos a investigarlo me di cuenta que era fantástico: un perfecto tarambana, un play boy, un muchachito de pueblo que llega por la varita mágica de su hermana a lo más alto. Fue el secretario personal de Perón, accedió a cuanto negociado hubiera por el sólo hecho de poner sus iniciales en un documento, porque tenía atrás a Eva Perón. Hay que darse cuenta de lo poderosa que fue Eva Perón.

—Y a la edad que tenía.

—Exacto. Cuando yo llamo a Laura Novoa para hacer el personaje, porque tiene el mismo óvalo del rostro y los mismos ojos, le pregunto la edad y me dice 29. La misma que tenía Evita cuando empieza nuestra película. Hay que ver el origen de la familia Duarte. Ellos son de Los Toldos, vivían en una casa muy humilde, que hoy es museo. Allí vivía Juana Ibarguren, que era puestera, y que recibía la visita anual de Juan Duarte, un estanciero que tenía su familia legítima, y que cada vez que iba a Los Toldos le hacía un hijo a esta señora, que tuvo cinco en total. Juancito se crió en esa ausencia de la figura paterna, aunque reconocido por su padre, como todos los demás hermanos. Me parece muy sugerente esto.

—¿Ve una revancha social en Juan Duarte?

—No hay que ser muy suspicaz para darse cuenta. Juancito, cuando era joven, empieza a trabajar en una farmacia y luego a hacer corretaje de jabones. Empieza a viajar por todos los pueblos. Imagino que visita a los tenderos, a los almacenes de ramos generales, se reuniría con sus colegas viajeros y obviamente después iban al prostíbulo. Allí se pescó una sífilis terrible que lo empieza a dejar ciego al final de su vida, porque nunca se la trató.

—¿Qué tanto se apega su film a los datos históricos?

—Lo más que se pudo. En esto me ayudó mucho Feinmann, que conoce muy bien el peronismo, y hasta su jerga. Hay una escena que a mí me parece fascinante que es cuando Evita no quiere que Perón reciba a un dirigente de la oposición y Perón le dice: "hacélo pasar que si está 10 minutos conmigo está inventado". Eso era Perón, un gran carismático, un gran embaucador. Nuestra película comienza con la firma del fondo de fomento para la cinematografía, que lo realizó Juan Duarte. Ese es un hecho clave para mi vida, porque yo empecé a trabajar en el mundo del cine a los 17 años gracias a ese fondo, de alguna manera ese fondo me alimentó toda mi vida. Hay que tener en cuenta que Juan Duarte fue el dueño del 25% de Argentina Sono Films. A Juan Duarte le encantaba el cine, el teatro, el cabaret. Se dedicaba a salir con actrices y tenía un palco permanente en el Tabarís. Le encantaba la noche. Y a las 6 de la mañana estaba con su jefe, Juan Perón.

—En el film aparece "ayudado" por la cocaína.

—Muchos me dijeron que cómo lo iba a poner como cocainómano. Es que no lo eran. La cocaína se vendía en la farmacia y la mejor era de la marca Merc. Su uso era muy común y no es un invento nuevo.Yo hice unos cortos con el Polaco Goyeneche y Roberto Rufino, con la orquesta de Armando Pontier y la verdad... Yo no los vi, pero por dios! No es algo que se inventó ahora este asunto. A mi me parecía inconcebible que Juan Duarte, un tipo de la noche, no la tomara. No tengo pruebas, pero no es inverosímil.

—En el film se cuenta el episodio cuando Niní Marshall cae en desgracia frente a Evita. Hay una referencia a Uruguay y en especial a radio Carve, como no favorables al peronismo.

—Fue así. En la película Atilio Mentasti hace del "zar del cine" y dice "Niní, no hizo bien en ir a Montevideo a actuar en Radio Carve... Usted sabe que el Uruguay...". Uruguay era lo peor que podía existir para el peronismo. Había prensa libre, si uno se quería enterar de algo tenía que escuchar Radio Colonia. Además, Uruguay recibía exiliados de Argentina. Y si querías ver cine también se venía al Uruguay, donde pasaban, por ejemplo, El gran dictador, prohibida en Argentina porque se ridiculizaba a Mussolini.

—En la película usted adhiere a la tesis de que Juan Duarte se suicidó en la cama de su hermana Evita y luego es trasladado a su casa.

—En Argentina todo el mundo piensa que los mató Perón, cosa en la que yo no creo, por eso mostramos lo que Feinmann y yo creemos que sucedió. Hay una cosa que en la libertad creadora nosotros nos permitimos y es que Juan Duarte se suicidó en la cama de Evita. Esto nos lo dijo, pese a que no figura mucho en los libros, el más grande historiador del peronismo que es Fermín Chávez. Por lo general se dice que se suicidó en su departamento, pero no podíamos dejar de lado un dato tan jugoso cinematográficamente como ese. Pero la versión que crearon los propios peronistas es que Juan Duarte fue asesinado cuando intentaba escapar por Ezeiza, luego que se descubriera un negociado que salpicaba a Perón.

Ficción y realidad

El director del film, Héctor Olivera, dice que su film es fiel a la verdad histórica aunque se ha tomado algunas licencias para no "convertirlo en un documental". Para tener mayor libertad en la construcción de sus personajes, el film cambió algunos nombres como los de Fanny Navarro y Elina Colomer, dos amantes reales de Juan Duarte, por los de Yvonne Pascal y Alicia Dupont. El director también advierte que en el film se acentuó la consecuencia de la sífilis en Juan Duarte, para redondear mejor al personaje. En la vida real Duarte comenzó a quedar ciego a causa de esta enfermedad no tratada, pero en la ficción el personaje enloquece y empieza a delirar que su hermana no murió, sino que sigue viva.

El film también recrea el episodio del gran negociado de los mataderos clandestinos que dirigía Juan Duarte y que complicaron el plan de austeridad que promovió Perón en 1952, cuando instó a los argentinos a "ahorrar y no derrochar". Si bien siempre Perón había protegido a su cuñado, una vez muerta Evita no toleró más sus negociados. En el film se recrea el famoso discurso de Perón cuando dijo, desde la Casa Rosada: "Hemos de terminar con los ladrones y he de terminar también con todo aquel que esté coimeando o esté robando en el gobierno. Yo no apaño ladrones de ninguna naturaleza".

El fin de Juan Duarte como hombre fuerte se aproximaba. Apenas ocho meses después de muerta Evita, Perón habría dado la espalda no sólo a su ex cuñado, sino también a toda la familia Duarte.

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