Asaltar a Paris Hilton y asaltar a la Oreiro

MATÍAS CASTRO

Mi impresión, y me puede corregir quien tenga elementos suficientes, es que los medios que tratan la farándula en el Norte no dejan de tratar a los famosos como si estuvieran en un plano lejano.

El motivo de esto puede pasar por una cuestión de idiosincrasia que tiene que ver con la escala en que se maneja el mundo del espectáculo. Partimos de la base de que en un lado se habla de famosos en todo el mundo mientras que en otro se habla de famosos regionales, cuando mucho. Esa diferencia puede ser lo que cambie la forma en que se cuentan sus dramas.

Hasta puede haber alguna nota tan colorida como la propia vida de las estrellas. Por ejemplo, hace algunas semanas supe de la existencia de una banda de ladrones llamada "Bling Ring", especializada en robos a casas de famosos. Según trascendió los robos de los Bling Ring sumaron unos tres millones de dólares y pelaron a gente como Orlando Bloom, Paris Hilton y Lindsay Lohan, entre otros. Si bien el cuento salió a la luz hace poco tiempo porque se condenó a una de sus integrantes, la banda fue diezmada en el 2009.

Convengamos que se trata de una historia digna de una película de Orlando Bloom y Paris Hilton juntos, con una actuación especial de Lindsay Lohan. Pero no lo es. Es, en realidad, parte de la telenovela por momentos irreal (a los ojos del espectador medio) en la que viven estas figuras. En la columna de ayer comenzaba por preguntarme por qué los robos a estrellas estadounidenses se perciben de forma distinta de los que viven por aquí. La respuesta que arriesgaba es que por la forma en que los medios tratan los asaltos a famosos del Río de la Plata (como el robo al local de Oreiro), uno los percibe como vivencias que se comparten con gente de a pie. Un ejemplo: el asalto violento que sufrió Roberto Piazza hace dos años lo puso en el mismo plano que cualquier hijo de vecino. Pero no cualquiera puede ser víctima de una banda que asalta solo a famosos.

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