Arquitectos exponen sus fotografías de edificios

Modernidad. Juan Pedro Margenat y César Loustau en una interesante muestra

 20100908 800x599

JORGE ABBONDANZA

Dos exposiciones en el Ministerio de Transporte difunden la arquitectura uruguaya a través de la fotografía. Son "Invitación a navegar" y "Obras de arquitectura nacional de las décadas del `20 al `50", que se pueden visitar hasta el 8 de octubre.

No son muchos los arquitectos uruguayos capaces de estimar y contabilizar las obras de sus grandes colegas para dedicarles un trabajo memorizador. Entre esos pocos figuran César Loustau y Juan Pedro Margenat, que se responsabilizan de las dos exposiciones fotográficas simultáneas actualmente desplegadas en la planta baja del Ministerio de Transporte, en Rincón 575. La muestra se puede visitar de 9.30 horas a 18 horas.

Se trata de dos enfoques de un período ubicado en la primera mitad del siglo XX, donde se manifestaron en materia arquitectónica lenguajes vinculados a la vanguardia europea y a la onda de modernismo que invadió las tendencias expresivas, transformando de muchas maneras el paisaje urbano de este país y en especial de Montevideo.

El relevamiento que efectúa Loustau -reflejo de los libros que ha publicado en la materia- abarca desde la década del 20 hasta la del 50 y comprende unos cuantos ejemplos de creación edilicia que se han convertido en referencias habituales cuando se reproducen estampas de la ciudad.

En esa lista desfilan obras de arquitectos eminentes, como Julio Vilamajó, Carlos Surraco o Mauricio Cravotto, que aportaron volúmenes muy conocidos por el testigo montevideano (Hospital de Clínicas, Palacio Municipal, viviendas de Yriart y Casabó en Pocitos), luego de lo cual vinieron famosas estructuras como el Palacio Lapido (arq. Valabrega y Aubriot), el Edificio Centenario de 25 de Mayo e Ituzaingó (arq. De los Campos, Puente y Tournier), El Mástil o el Palacio Díaz (arq. Vázquez Barriere y Ruano), las obras de Juan A. Scasso (Hotel Miramar, Escuela Experimental de Malvín) o la formidable Facultad de Ingeniería (arq. Vilamajó).

Después llegarían ejemplos de la maestría de Fresnedo Siri (Facultad de Arquitectura, Palacio de la Luz) o Payssé Reyes (Banco de Previsión Social) entre otros de posteridad menos feliz.

La selección realizada por Loustau es muy útil para que el observador se detenga ante muros de la ciudad que ha dejado de registrar a fuerza de verlos, y de paso destaca el aporte de arquitectos sensibilizados para la propuesta de formas que hasta hoy han mantenido su interés y su valor estético en medio del tejido capitalino.

La opción de Margenat, en cambio, se focaliza en un renglón más específico: lo que se ha llamado estilo náutico, que refiere a edificaciones generalmente ubicadas cerca de la costa, cuyo lenguaje se inspira en el perfil de las embarcaciones y que ilustra así un paisaje relacionado con el agua y la navegación.

Cabe señalar que Margenat ya publicó hace nueve años un libro dedicado a esa modalidad y titulado "Barcos de ladrillo". Aquí refleja esa búsqueda, que tiene sus peculiaridades vinculadas a las tendencias artísticas e industriales de la época, pero también al entorno propio de una ciudad playera.

En su lista aparecen entonces la proa de Francisco Vidal y Rambla Gandhi, el Yacht Club del Buceo, una esquina de 21 de Setiembre y Javier de Viana, alguna garita policial de la época o la propia mole de El Mástil en Avenida Brasil y Juan Benito Blanco, aunque en la zona céntrica montevideana hay más ejemplos de esa inclinación acuática que contagió a unos cuantos arquitectos de la década del 30 y el 40.

Hombre sagaz y estudioso, Margenat deja en esta muestra fotográfica otro de sus testimonios sobre los aportes que han enriquecido a Montevideo con una notable variedad de lenguajes y que sus habitantes deberían observar con más atención para apreciar el marco que los rodea.

Eso es doblemente importante en una ciudad donde todo un sector del pasado patrimonial (Mercado Central, La Pasiva de Plaza Independencia, el Bazar Colón, la Caja de Ahorros y Descuentos) fue demolido por negligencia o ignorancia de las autoridades municipales y de la Comisión del Patrimonio que operaba en el momento, y donde buena parte de la edificación de las últimas cuatro décadas se inscribe en un nivel de mediocridad que no habla a favor de la capacidad formativa de la Facultad de Arquitectura.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar