Arana llega desde la Patagonia con historia de amor y denuncia

Insólito. Los primeros capítulos de "Vidas robadas" irán dos veces por día

FERNANDO MANFREDI

A pocos días de su estreno en Buenos Aires, esta noche a las 21, con repetición a las 23, Montecarlo exhibirá el primer capítulo de la nueva telenovela con Facundo Arana: la ambiciosa Vidas robadas.

Según explicó Canal 4, la decisión de emitir dos veces en el día el mismo capítulo, solamente durante la primera semana, es para que "la gente se enganche". En realidad la coincidencia de la primera emisión con Lalola es lo que termina explicando un régimen de emisión bastante insólito en Uruguay: quienes quieran engancharse con Arana o seguir con Carla Peterson tendrán una semana de plazo para decidirse.

Hace una par de años la película Vidas cruzadas le arrebató el Oscar a Secreto en la montaña para asombro de buena parte del mundillo cinéfilo. No en vano el título de la nueva telenovela de Telefé tiene un nombre muy semejante al de aquella y una estructura que hace referencia a varias historias que transitan simultáneamente y por momentos confluyen entre sí.

Como en la creación de Paul Haggis, las historias y los personajes, irán entrecruzándose a partir de temas comunes: la pérdida de los seres queridos, el desamparo y la búsqueda de la verdad. Claro, la telenovela posee sus propios códigos. En algunos casos son los que hacen verosímiles cosas que en otras circunstancias parecen poco sustentables. La realización puede hacer creíble el reencuentro en Puerto Madryn entre el antropólogo Bautista Carrasco (Facundo Arana) y la fotógrafa Ana (Mónica Antonópulos), un año después de que ambos se conocieran accidentalmente.

Allí, en una escena que rinde tributo a los bellísimos paisajes patagónicos de fondo, el galán -integrante de un equipo de rescatistas- encuentra a la chica, al borde de la hipotermia, casi en la cima del Cerro Catedral. Para salvarla, no dudará en desvestirse y hacer lo mismo con ella, para poder pasar la noche juntos dentro de una bolsa de dormir a la espera del helicóptero que los rescatará. A esta altura más de una envidiará la suerte de la accidentada.

Pero para reforzar esta inspiración en Vidas cruzadas, casi al mismo tiempo que Bautista salva la vida de Ana, el marido de esta (Juan Gil Navarro) como consecuencia de una mala maniobra con su auto, matará a la esposa del antropólogo. Este mismo personaje pronto rivalizará con su suegro (Jorge Marrale) en el control de una tenebrosa red de prostitución y tráfico de personas, que funciona en lugares de corte sencillo y provinciano como Río Manso, donde una tranquila enfermera (Soledad Silveyra) enfrenta la desaparición forzada de su hija.

En una trama en que todos buscan respuestas y explicaciones a sus respectivas pérdidas, necesidades y búsquedas personales, Vidas robadas perfila su doble identidad. Por un lado, será la típica telenovela, en la que la pareja central inexorablemente y pese a las maquinaciones de los malvados de turno, culminará uniéndose. Por otro lado, está el perfil testimonial, que rinde tributo a Resistiré y Montecristo ficciones más ambiciosas de Telefé. Así como la primera atacó sobre el tráfico de órgano y los experimentos genéticos prohibidos, la segunda apuntó al sensible tema de los desaparecidos.

Todo se muestra bastante claro en el comienzo de un relato que parece apostar más a los efectos a largo plazo, que a un impacto momentáneo. Esto, según anticipos, se notará en la secuencia de apertura con espectaculares tomas aéreas de Arana rodeado por la inmensidad de la geografía patagónica. Esas imágenes, que se verán en este primer episodio, muestran que Vidas robadas utiliza con profusión la cámara lenta, la música melosa, la imagen bucólica y el sentimentalismo para narrar visualmente algunas escenas. También que Arana se vuelve a poner en la piel del hombre cálido, amigable, auténtico y digno de confianza. Es el héroe-galán que marca su presencia física, más que su desempeño dramático. A su lado, la casi desconocida por el gran público: Mónica Antonópulos (algunos la ven muy parecida a Marion Cotillard) deberá dotar a su personaje de una mezcla de fortaleza y debilidad.

El resto del elenco aparece muy bien balanceado: Jorge Marrale juega con solvencia su villano con toda la barba y muchos se han sorprendido con el sobresaliente desempeño de Soledad Silveyra. Vidas robadas apuesta desde la salida a la potencia de sus imágenes y los contornos de una historia prometedora. Las expectativas están centradas en la capacidad de una trama romántica para denunciar hechos ominosos.

Batallas en los géneros

La "guerra televisiva" que ahora se desata entre Vidas cruzadas y Lalola, tuvo un antecedente el domingo pasado, cuando otros dos programas del mismo género salieron al aire. Televisión Registrada, por el 12, y Bendita TV por el 10, ambos montados sobre recortes de otros programas, libraron la primera batalla, en la que terminó triunfando la muy buena propuesta de TVR. El programa argentino tuvo 7,9 puntos y Bendita 5, 4 según Ibope.

Los riesgos asumidos por un equipo comprometido

Las primeras escenas de la telenovela transcurren en la montaña y allí no hay efectos especiales: el viento es realmente viento. El equipo entero de filmación y los actores bajaron caminando los siete kilómetros y monedas con viento en contra desde el refugio Frey hasta el mítico cerro Catedral, porque no podían acceder en helicóptero. La inclemencia del tiempo creó un fuerte vínculo entre todos los participantes de la producción. El hecho de haber superado esa instancia difícil ha cambiado algo muy importante en la telenovela: el apellido del protagonista. Ahora Bautista no se apellida más Carrasco sino Amaya. No es algo caprichoso: Daniel Amaya, es uno de los especialistas de montaña que desinteresadamente y junto al indio Iribas consiguieron llevar al equipo de trabajo a la cumbre. El mismo Arana es un practicante habitual de alpinismo por lo que para él ese tipo de paisajes y temperaturas no le son extraños. Este año, además de codearse con la cumbre del Catedral volará un avión por todo el mundo en un raid a beneficio de la Asociación por el paciente leucémico, un proyecto que asumió desde hace mucho.

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