Rebar
La vida de Isabel II es a prueba de bombas. Sobrevivió heroicamente, en plena adolescencia, a las que desparramó la Luftwaffe sobre Londres en 1940. En 1947 se casó con Felipe de Edimburgo, un bombón codiciado por las damitas de las cortes europeas, que soñaban con un príncipe azul, rubio y de ojos celestes (cual "pulpero de Santa Lucía"). Luego, fueron llegando los hijos, con Carlos a la cabeza del lote, el eterno aspirante al trono para el que sigue yendo al bombo. Las mujeres de la familia Windsor bombardearon a menudo el avispero de Buckingham Palace. La hermana de la soberana —Margarita— bombeó su corazón, y se fue deshojando con Peter Townsend y Lord Snowdon; terminó a los fogonazos de magnesio con un fotógrafo para el que acostumbraba a posar como "la Maja" de Goya. Ana, la hija de la reina, fanática de la equitación, aprendió a montar con el Capitán Mark Phillips, con quien finalmente se casó: el tipo era un bombazo. Ocho años después, explotó la noticia de que Charlot de Gales completaba los ahorritos para su matrimonio con Lady Diana Spencer. Al año siguiente —dentro del lapso que las chismosas consideran lícito— nació el principito Guillermo —nacimiento anunciado a cañonazos—, que vio perturbadas su infancia, su pubertad y hoy su juventud, por episodios escandalosos y dramáticos capaces de amargar al rey del azúcar.
Hasta ahora, cada vez que las revistas de ritmo cardíaco revelaron algún paso sentimental dado por el "Guille", lo hicieron sin mayor entusiasmo: al parecer, el joven se ha fijado ciertas prioridades que están por delante de posibles romances. Tampoco se sabía si andaba por ahí alguna princesita, duquesita o condesita en oferta especial, que declarase su pasión por el heredero del heredero del trono, que es como el día de cobro: nunca llega.
Pero, en estos días, se confirmó el enamoramiento de una luminaria de Hollywood por Guillermito: a su abuela le saltó el chambergo cuando se enteró, porque no descarta que, algún día, la estrellita se salga con la suya... y eso ya sería el colmo: ¡una actriz mezclada con la sangre real, y participando de la mesa de los Windsor! Volaron los techos del palacio, mucho peor que en un atentado terrorista. Cuando Su Majestad creía que la fábrica de sustos había cerrado definitivamente, se presenta este disgusto justo en el mes en que se celebra el Día del Imperio.
Felipe —que lo único que hace es coleccionar pelotas de polo— se ha entregado de lleno a atender la histeria soberana; y cuando su reina se enfurece mucho le prepara una tacita de tilo, una hojita tranquilizante que, por su bajo precio, es el único calmante que se puede comprar en el Reino Unido. Se pasa consolándola y quitando trascendencia a la confesión de Renee Zellweger, la bomba de "Chicago", quien expresó que Guillermo está primero en la lista de sus sueños, y que su máximo deseo sería tenerlo como novio. Tiene a su lado —para aliviarla en sus tensiones amorosas— a Jim Carrey y George Clooney... (¡qué par de fichas!) que le dicen que, tarde o temprano, todo llega en esta vida.
Volviendo a Felipe y a su preocupación por sacar a Su Majestad Isabel II de la encalladura en que la ha colocado esta situación: le alisa el cabello, le cuida los sombreros, le lustra la corona, y le dice:
—No te inquietes, "Isa"... No pasará nada... Esto de la actriz de cine, es puro biógrafo.