Al rescate de un tipo de humor bien oriental

| Sólo la cuarta parte de los sketches son de décadas atrás: la mayoría son actuales

CARLOS REYES

El 28 de agosto de 1971 se estrenó en el Teatro Stella Jaujarana, donde los populares humoristas del programa televisivo homónimo se acercaban al público de teatro, luego de haberlo conquistado por la pantalla chica a lo largo de los años ’60 con Telecataplum. A partir del viernes, una parte de aquellos cómicos vuelve a la misma sala con Humorum Uruguayensis, donde rescatan aquel modo de hacer reír para volcarlo sobre temas del presente, como las plantas de celulosa, los piquetes o los bruscos cambios climáticos.

Dirigido por Jorge Denevi (quien integró Jaujarana desde fines de los años ’60), el espectáculo reúne a Eduardo D’Angelo, Julio Frade y Cacho de la Cruz, más la participación de Ricardo Espalter como artista invitado, que desde una pantalla gigante revivirá su famoso personaje Pinchinatti. El elenco femenino está integrado por Laura Sánchez y la joven Adriana Restano.

Siguiendo el guión de Andrés Tulipano, este reparto tendrá a cargo la titánica tarea de poner al día un tipo de humor netamente nacional, que trascendió fronteras y fue referente en la materia de varios de los grandes humoristas porteños. Subtitulado Especie en vías de extinción, el show se propone mostrar a las jóvenes generaciones —y hacer recordar a los veteranos— una forma de hacer reír que, basada en el ingenio, la inteligencia y la sencillez, automáticamente se contrapone a la mayor parte de lo que se produce hoy en ese terreno.

LOCOS DIVERTIDOS. Todo arrancó en 1962, cuando el dúo de guionistas Los Lobizones (Jorge y Daniel Scheck) decidieron trasladar el humor de la revista Lunes a las pantallas de Canal 12. Entre los buenos libretos y la comicidad natural de los actores (D’Angelo, Enrique Almada, Andrés Redondo y Espalter, entre otros) el programa prendió rápidamente, no tardando en hacerse también en la televisión argentina, dirigidos por la coreógrafa Cielito Flores. Eran tiempos de la tele en vivo, y hubo que alquilar una casa en Canelones y Andes para los ensayos.

Telecataplum fue hasta 1968, y en ese lapso nacieron algunos sketches para la historia. Como aquella sátira a la Guerra Fría que realizaban D’Angelo y Espalter, este último hablado en ruso, habilidad que también lucía al dirigir la banda de rusos que cantaban a coro. La parodia de Hamlet (1965) o la explicación de la señal de ajuste, son dos de los más recordados números de aquella época.

"Cada dos semanas, 20 juguetones señores y señoras aterrizan en Buenos Aires dispuestos a hacer del humor una nueva aritmética, perfecta en la duración, en la palabra justa, pero, pese a todo, fresca y espontánea como un juego de niños", consignó Primera Plana en 1966.

De las cenizas de Telecataplum nace Jaujarana, primero como un espectáculo teatral en el Teatro del Palacio Salvo y luego en Punta del Este, en el cine Nogaró. "La lección de buenos modales", "El antojo", "Los ingleses" o "El llorón" se fueron convirtiendo en clásicos del humor nacional, incorporando siempre ideas nuevas. Tal era el caso del mago que interpretaba Raymundo Soto, que de esmoquin y turbante hacía desaparecer a Henny Trayles, a quien después de terminado el show el artista seguía buscando en la calle, entre los espectadores que abandonaban la sala.

Una nueva etapa comenzó en 1974 con Hupumorpo, donde destacó la parodia de Kung Fu y el sketch de "La bailarina y el vecino". Pero el gran protagonista de aquella época fue Toto Paniagua, donde Enrique Almada interpretaba al profesor y Espalter (traje a rayas, peinado a la gomina) hacía el papel del entrañable Toto, un discípulo indomable de unas clases de etiqueta que permitían —y obligaban— a improvisar constantemente. Muchas de los latiguillos que surgían en esas situaciones pasaron a formar parte del habla de la gente.

Luego, desde 1977, estuvo Decalegrón, en el que las cuatro hermanas Rivarola volvieron a acaparar la audiencia. Y así se siguieron sumando situaciones, personajes e historias que dieron al humor local un formato propio, original y por lo tanto reconocible. Algo de ese espíritu procurará hacer revivir Humorum Uruguayensis.

Contra un humor totalmente denigrado

"Esto no es Telecataplum —afirmó enfáticamente el director Jorge Denevi a El País— y por lo tanto no es cierto que vuelve Telecataplum, como tituló un medio de prensa. Es simplemente un recuerdo que junta cosas del humor que han funcionado en otras épocas con cosas nuevas. En realidad es como un homenaje al humor uruguayo, y más concretamente al humor de Jorge y Daniel Scheck."

"Lo que pasa —sigue Denevi— es que estamos invadidos por formas de hacer humor que a mi juicio son denigrantes, y lo digo pensando en el humor tipo Tinelli, que ha manchado la palabra ‘humor’. Aunque no lo digo por humoristas como Gasalla sino por el humor porteño de mal nivel. Y lo que proponemos es ir a las fuentes, porque en el subtítulo hay un juego: nosotros decimos que está en vías de extinción, pero en el fondo sabemos que no, y esa es la propuesta.

De los 19 sketches que integran el programa, sólo tres o cuatro son recreaciones del viejo formato, donde Cacho de la Cruz hace de mago, o realiza malabares con la fonomímica, y Espalter interpreta a su clásico Pinchinatti, en un sketch que va por pantalla gigante, aunque no se descartó que el artista se vaya a incorporar luego al elenco. "Pero la mayoría del espectáculo, casi tres cuartas partes, es de cosas nuevas", afirma el director.

El proyecto es llevar luego este espectáculo a Buenos Aires y Chile, donde los antiguos programas de este grupo tuvieron mucho éxito. Incluso cuenta Denevi que cuando muchos años después fue a trabajar a Chile, de toda su trayectoria lo que más impresionaba a los chilenos era su pasaje por Jaujarana, que décadas después todavía recordaban.

"Trabajé en Jaujarana tres años, y en realidad lo hacía por dinero, porque no me interesaba la televisión. Pero una vez adentro le empecé a tomar el gusto. Creo que la risa del público no se mide en cantidad sino en calidad, y para nosotros era y es fundamental no hacer lo que se llama ‘agachadas’, esto es, hacer cualquier cosa para que la gente se ría. Porque el público tiene que crecer con el humor, y eso es lo que estamos intentando".

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