JORGE ABBONDANZA
El artista catalán Josep Collell, que había nacido en la localidad de Vic en 1920, murió hace unos días en Montevideo, ciudad donde había vivido, creado y enseñado durante la mayor parte de su larga vida.
Un profundo vínculo con el Taller Torres García dejó su marca en la cerámica de ese maestro, que trabajaba con notable sensibilidad en decoraciones de superficie resueltas con engobes de colores finamente combinados y que desplegaba allí la pureza de su oficio. Pero la dimensión de Collell sólo puede apreciarse si se lo conoció personalmente, porque era un individuo severo y reservado cuya simpatía emanaba poco a poco, con la discreción que corría paralelamente a la cuidadosa belleza de sus obras.
Vivió en el Uruguay desde 1950, escapando de los pesares de la guerra española y de la dictadura franquista. Su relación montevideana con colegas torresgarcianos como Fonseca, Alpouy y Guillermo Fernández, lo volcó al trabajo en arcilla y a su extensa experimentación en esa materia, manteniéndose fiel a la disciplina interna del Taller, que era bastante rígida en la época. En 1964, cuando se lo invitó a participar de la primera exposición colectiva de cerámica que encaraban algunos coetáneos, Collell pidió autorización a la gente del Taller Torres García antes de aceptar esa invitación.
Pero además aplicó buena parte de su devoción expresiva y sus energías artesanales a la enseñanza, convirtiéndose en uno de los grandes maestros de cerámica que ha tenido el medio local, a la cabeza de un taller donde se formó mucha gente y en el que durante largos años intervino como docente Carmen, su mujer.
En una etapa de madurez, Collell se inclinó por la pintura, prolongando en esa tarea su apego por los lenguajes artísticos. Para el público de hoy no es fácil tener idea sobre el legado de este artista, ante todo en el área de la cerámica, porque Montevideo carece de un museo de artes aplicadas contemporáneas que podría testimoniar el auge que durante varias décadas (las que van desde los años 50 a los 80) tuvieron aquí los textiles, la orfebrería, el vidrio, los trabajos en madera y desde luego la cerámica.
De cualquier manera, en este momento -y ante la desaparición de Collell- corresponde que la gente preocupada por los procesos culturales tome nota de esa omisión y retenga el nombre de este catalán hondamente uruguayo.