Ya se sabe que los políticos se han hecho trampa los unos a los otros desde que se inventó la política. Lo mismo puede decirse del negocio cinematográfico, especialmente cuando se acercan los Oscar.
Hace diez años, los encargados de prensa de una empresa que tenía una película entre las candidatas al premio principal se ocuparon minuciosamente de difundir en los medios informaciones negativas acerca de Una mente brillante, el film de Ron Howard que finalmente se alzó con el Oscar, denunciando la inexactitud de su retrato del protagonista interpretado por Russell Crowe y hasta propalando algunos infundios acerca de su vida privada. En ese caso, el procedimiento resultó ser un `boomerang`. La Academia premió (quizás inmerecidamente) a la película.
Algo parecido está ocurriendo este año con dos de los films que se perfilan como favoritos, ambos basados también, casualmente, en historias reales: El discurso del rey y Red social. Los medios, que rara vez se molestan en investigar algo y probablemente se estén manejando también con material que les han alcanzado las empresas, han comenzado a cuestionar la veracidad histórica de ambas películas.
Los cuestionamientos a El discurso del rey han sido más fuertes en Inglaterra, donde por supuesto conocen (y soportan) más directamente a la familia real. Las acusaciones tienen que ver, sobre todo, con lo que se ha considerado una visión demasiado idealizada de la monarquía, que escamotea o disminuye las simpatías nazis del renunciante Eduardo VIII (Guy Pearce) y se saltea el apoyo que su tartamudo reemplazante Jorge VI (Colin Firth) habría dado a la política apaciguadora de Chamberlain con respecto a Hitler. Puede ser un error, empero, sostener que Winston Churchill estuvo "cegado por su amistad con Eduardo". Si apoyó su deseo de casarse con Wallis Simpson y renunciar al cargo fue probablemente porque entendió que era mejor sacar del trono a un idiota coronado que confiaba en Hitler antes que estallara la guerra.
El conocido columnista Christopher Hitchens ha podido escribir que el film "comete una grave falsificación de la historia`` al esconder las verdades más sórdidas de la realeza. Y la revista New Republic la ha descrito como "inexacta, totalmente engañosa y de dudosa moral``. Por su parte Red social, supuesta biografía de Mark Zuc-kerberg, el fundador de Facebook (Jesse Eisenberg), ha si- do catalogada como "ficción" por la propia Facebook, aunque su guionista Aaron Sorkin declare que en la película "todo es verdad``.
La polémica es, por supuesto, irrelevante. Una ficción cinematográfica, aunque se inspire en hechos reales, debe sostenerse sobre sus propios pies, no sobre su veracidad histórica. Tal vez El discurso del rey y Red social no se merezcan el Oscar (Colin Firth sí), pero la historia tiene poco que ver con ello.
Reflexión: Tal vez se esté olvidando que el arte es una mentira que ayuda a ver la verdad.