Acusación de rapiña en palacio

REBAR

Desde el fondo de las medallas de su consorte, se le oyó bramar a Isabel II: "Esta, no se pone un sombrero más en su vida: ni siquiera para mis exequias". Felipe, con su fina percepción de siempre, advirtió que los gritos estaban dedicados a Beatriz, hija del príncipe Andrew, que cayó en lo que la soberana tildó de "rapiña de protagonismo". Se había preparado para los actos en la Abadía de Westminster en oportunidad de la boda de Guillermo con Kate, a fin de impresionar, hasta el límite de todos los elogios, con su sombrero destellante -un modelo casi estival, con claraboya corrediza- que obligó a muchos de quienes se acercaron a saludarla a ponerse los lentes para sol. Entre el gentío, Su Majestad advirtió que el gordo de las miradas (perdón, el grueso de las miradas) se concentraba en torno a la princesa Beatriz, que "deslucía" un llamativo ornamento craneano, sin dar explicación alguna sobre el diseño.

A mí, sumido en el desarrollo del gran día del amor monárquico, también me llamó la atención: y luego de seguirla por la televisión poco menos que paso a paso, creí dar con la clave del asunto.

Pienso que el enigmático modelito simula el deslizamiento "tipo rosca" de una serpiente que, dando más vueltas que el 162 de los años 50, remataba con un moño (como si se tratara de un envoltorio para obsequio) que llegaba hasta las cejas de la princesa, para no enroscarse todavía más en las pestañas postizas de Beatricita, con las que se podría pescar en el Támesis (si es que allí se pesca).

Si existía alguna posibilidad de que aquella bronca real se fuera diluyendo al correr de los días, un acontecimiento reciente arrasó con esa esperanza. Terminó el ciclo de perturbación que la impulsó a esa denuncia de "rapiña de protagonismo" contra la irreverente, y comenzó el del desconsuelo frente a la actitud pasiva de la opinión pública, que apenas comentó ligeramente su gesto de donar "el sombrero de la boda" a los sin techo, a fin de que puedan protegerse debajo de algo: ahora, en cambio, todo el país comenta el hecho de que Beatriz haya puesto a remate "el modelo ofidio", a total beneficio de Unicef. Esto acalambró de tal manera a "Isa", que fue preciso llamar de urgencia al masajista del Manchester United para que la aliviara.

Tras la disputa del "Queen`s", que es la antesala de Wimbledon -la gran competencia del tenis mundial- ella debe hacerse presente en el histórico escenario junto al vencedor que levante el trofeo, para entregarle "The Queen`s Hat"... Tal vez sea un poquito más pesado, pero... ¡nunca, en Wimbledon, se vio a la reina premiar al triunfador con un sombrero!

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