GUILLERMO ZAPIOLA
Violencia y adrenalina son acaso los rasgos más perceptibles de 300, versión de Zack Snyder del cómic de Frank Miller sobre la batalla de las Termópilas (que enfrentó a espartanos y persas en el año 480 A.C.), a estrenarse el próximo viernes.
Los primeros sorprendidos por el éxito de 300 parecen ser sus propios responsables. El director Snyder, aquí a la altura de su segunda película (la anterior fue el atendible asunto terrorífico de El amanecer de los muertos), ha declarado que creía estar haciendo "una película de acción de culto", pero que nunca pensó encontrarse con un "blockbuster" (rompetaquillas) entre las manos.
Sin embargo, su película hizo en sus primeros tres días de exhibición en los Estados Unidos más de setenta millones de dólares, llegó a los ciento veinte en su segunda semana, y en el momento en que se escriben estas líneas debe andar por los ciento cincuenta o más. Si a eso se le agregan las ganancias en el extranjero, resulta obvio que la inversión inicial de sesenta y tres millones de dólares ya ha sido ampliamente recuperada.
Por supuesto, la calidad de una película no tiene nada que ver con la cantidad de gente que quiera verla, aunque la popularidad sea un dato a tener en cuenta. Los factores que están haciendo de 300 un éxito de público son varios, y quizás el resultado surja de la suma de todos ellos. La película está generando polémicas entre los historiadores, elogios críticos por parte de la prensa occidental, y enojos a cargo de los iraníes, cuyos antepasados persas son los villanos del asunto.
HISTORIA. La anécdota proviene de la "novela gráfica" (expresión inventada por los fabricantes de cómics para vender revistas con más páginas, mejor papel, tapas más duras y mayor precio) de Frank Miller, autor con fama previa por Batman y Sin City, sobre la batalla de las Termópilas. En ese combate, trescientos guerreros espartanos comandados por su rey Leónidas (Gerald Butler) más algunos otros aliados griegos, resistieron hasta el último hombre ante un ejército persa muy superior en número.
El combate pertenece ya al patrimonio bélico occidental, e inevitablemente se lo evoca cada vez que se produce un enfrentamiento entre fuerzas infinitamente desproporcionadas. En marzo de 1836, pocos días después de la caída del Álamo ante las fuerzas de Santa Anna, los diarios texanos hablaron de "las Nuevas Termópilas". En su novela Mila 18, exaltación de la resistencia de los judíos del gueto de Varsovia a la maquinaria nazi, Leon Uris le hace decir a uno de sus personajes "releo las páginas de la historia, y no encuentro ejemplo comparable: ni en las Termópilas ni en El Álamo se enfrentaron fuerzas tan desiguales". Algunos uruguayos quizás pronuncien la palabra Paysandú.
Los expertos militares han podido señalar que Termópilas no fue una carnicería inútil. Los persas, que no fueron varios millones como miente Heródoto pero disponían seguramente de entre 100.000 y 400.000 combatientes, perdieron tiempo y 20.000 hombres en la batalla. El tiempo, sobre todo, fue fundamental: le permitió a Atenas reorganizar su flota y asestar al enemigo un golpe mortal en la batalla naval de Salamina, y a los demás griegos proseguir una guerra que culminó un año después con la definitiva derrota persa en Platea. Si Termópilas fue El Álamo, Platea fue San Jacinto, la batalla que garantizó la independencia de Texas.
LEYENDA. Una de las variantes de La balada del Álamo incluye una estrofa que dice "así concluyó la historia, pero la leyenda crece y crece". La misma expresión vale para Termópilas, y Frank Miller es muy consciente de ello; no es probablemente casual que la última orden que Leónidas da a uno de sus subordinados sea la de volver a su ciudad y contar lo ocurrido. Su mensaje, como no podía ser menos entre espartanos, es literalmente lacónico: "Recuérdennos". Dos mil trescientos años después, el mensaje de Samuel Houston a sus hombres sería: "Remember the Alamo",
Por supuesto, el cómic se toma toda clase de libertades con los hechos reales, y la película de Snyder agrega algunos más. Durante los primeros días de la batalla hubo en Termópilas varios otros miles de aliados griegos que se retiraron cuando vieron que resistir era ya imposible, pero los trescientos espartanos no se quedaron solos. Junto a ellos cayeron, igualmente hasta el último hombre, setecientos tespios. Solo que el filme no es un documental histórico.
Es un cómic. con las distorsiones, el diseño caricatural de los personajes y los anacronismos e inexactitudes históricas de un cómic. Miller en la hoja dibujada y Snyder en su película son deliberadamente "irrealistas", incluyendo uniformes y armamentos que no se parecen a los de la época, una disparatada encarnación del emperador persa Jerjes como una suerte de monstruo andrógino a cargo del brasileño Rodrigo Santoro, y algunos gigantes, mutantes y bestias feroces añadidos en la batalla final que deben de haber sobrado de El señor de los anillos.
La acción no transcurre realmente en la Grecia clásica, sino en el universo mitológico de Conan el Cimerio. El elaboradísimo diseño de producción, reforzado por un frecuente empleo de la cámara lenta para reproducir casi cuadro a cuadro la historieta de Miller, sus despliegues de sangre y su ferocidad pagana, apuntan en la misma dirección.
Snyder y sus colaboradores han añadido una línea anecdótica inexistente en el cómic que involucra a la reina espartana Gorgo (Lena Headey), y a través de ella y de su enfrentamiento con un senador traidor (Dominic West) dejan en claro que su película incluye, además de una aventura física, una agenda política.
AGENDA. "La libertad no es gratis, y se paga con sangre", se dice en un momento, parafraseando lejanamente a Thomas Jefferson. Sin embargo, el viejo Tom manifestaría alguna duda hacia la imagen que el film presenta de los espartanos como campeones de la libertad, en lugar de los protonazis entrenados desde la infancia para la guerra y el servicio del estado que fueron en la realidad, y que descalifican a los atenienses como "esos literatos y filósofos amantes de los niños"
Curiosamente, esa visión idealizada de Esparta (compartida por un pretotalitario como Rousseau) estaba ya en Los trescientos héroes (1962), un miniespectáculo italiano dirigido por Rudolph Maté que contaba la misma historia y que ha sido una de las declaradas fuentes de inspiración de Miller. En la perspectiva de "choque de civilizaciones" del film no parece casual la insistencia en definir al enemigo como "las hordas asiáticas que amenazan Europa", o que el carácter ario del imperio persa aparezca minimizado por la cantidad de "razas inferiores" que siguen al ambiguo Jerjes. Ni lo es igualmente que los mensajeros que comunican las amenazas del emperador sean "afropersas". Es decir negros, claro.
Irán afirma que el filme comete "distorsiones deliberadas"
La delegación iraní ante las Naciones Unidas denunció el pasado jueves las "distorsiones deliberadas" de la visión de la antigua Persia perpetradas por la película 300, sugiriendo que se trataba de "propaganda occidental para demonizar a la nación iraní". La misión emitió su declaración en momentos en que Irán y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se enfrentan con motivo del programa nuclear iraní, al que se acusa de tener objetivos bélicos.
Actor versátil que se está empezando a hacer notar
Uno de los aspectos llamativos de 300 es su aparente falta de "poderío estelar". Sus intérpretes no son rostros especialmente conocidos, y tampoco se les pide que elaboren personajes complejos. Sin embargo vale la pena atender al protagonista Gerald Butler, que en tres películas muy diferentes, la independiente Querido Frankie, el musical El fantasma de la Ópera y esta aventura muscular está demostrando una versatilidad inesperada. Es un individuo a seguir.