En Rocha todos lo conocen. Aunque se preste a confusiones, su nombre es Willam. Sin la segunda “i”. “Seguramente fue un error cuando me inscribieron”, dice recordando los orígenes familiares en el medio rural rochense, de padres tamberos. Ese detalle mínimo parece resumir su historia: la de un hombre hecho a sí mismo, que nunca siguió el camino fácil o previsible, pero siempre avanzó.
Corresponsal de Subrayado (Canal 10) en el departamento de Rocha, Willam Dialutto no nació periodista. Aunque en la escuela destacaba por ser “preguntón”, primero fue ciclista. Oriundo de la “república” de Costa Azul/La Aguada, en las cercanías de La Paloma, compitió en su adolescencia y juventud y llegó a destacarse en la Vuelta de la Juventud en 1982. “Corrí acá, corrí en Maldonado, tuve un pasaje por Montevideo. Pero me rompí un tendón y ahí mi carrera deportiva se deshizo”.
La lesión lo dejó fuera del ciclismo profesional, pero no lo alejó del deporte. Empezó a promover carreras en la zona, fundó un club y enviaba informes de las carreras a Radio Fortaleza, lo que se convirtió en su primer contacto con los medios. “Si no iba en bicicleta a la radio, mandaba la información por teléfono. Había que ir a la central de Antel y pedir línea”, rememora.
Siempre inquieto, a los 15 años abrió su taller de bicicletas, el primero en la zona de La Aguada. A los 17 se casó con Blanca, “mi eterna compañera”, madre de sus tres hijos. El taller creció, sumó motos, repuestos, electrodomésticos y se convirtió en un comercio ("Dialutto bicicletas") emblemático sobre la Avenida Solari de La Paloma: “Hasta 1999 fue un buen momento”. La devaluación en Brasil y la antesala de la crisis regional lo golpearon de lleno. Para 2000 ya estaba endeudado.
El 17 de febrero de ese año fue al Banco República de La Paloma para reestructurar sus deudas. Su esposa estaba embarazada a término. Entraron al banco minutos antes del cierre. Entonces comenzó un recordado asalto a esa sede, que incluso tuvo un resultado mortal para un efectivo policial. “Me apuntaron. Le dije con señas al delincuente que mi señora estaba embarazada. Fui de los primeros en salir”, dice. Afuera, hizo lo único que sabía hacer: buscar su cámara. Registró las primeras imágenes del copamiento. El material salió por Canal 9 de Rocha -que tenía acuerdo con Canal 10- y luego en Montevideo. Sin saberlo, había dado su salto.
Desde fines de los 90 producía en el canal local Rocha Imponente, un programa que mostraba el interior profundo del departamento, lejos de la postal de playa. En 2004 asumió como responsable del canal local de La Paloma y tuvo un pasaje como corresponsal del Canal 12 montevideano en Rocha. El vínculo terminó en 2006 tras un conflicto por imágenes exclusivas de las inundaciones en la zona. La Paloma llegó a estar aislada de la capital rochense por crecidas históricas que habían anegado los puentes. Dialutto no podía compartir su material (“No había celulares como hoy. Se tenía que ir a Antel de Rocha para pasar las imágenes por microondas”) y desde Montevideo recurrieron a otras fuentes para las imágenes de lo sucedido en la capital departamental.
Al final, el corresponsal terminó llevando su material (era el único que tenía imágenes de lo sucedido en La Paloma) al móvil de Canal 10 que se había instalado en la zona. Ese fue el inicio formal de su historia con Saeta.
Poco después consiguió una primicia inesperada: la presencia reservada de Tabaré Vázquez en Cabo Polonio, donde anunció el relevo del comandante en jefe del Ejército. Con ese informe compró su primera cámara digital. “Ahí quedé enganchado”.
Nunca quiso irse a Montevideo. “Siempre tuve claras mis limitaciones. Completé solamente el ciclo básico. Hice un curso de periodismo, pero no tengo formación académica”, reconoce. También se formó en otros rubros y sus diplomas adornan las paredes de su oficina. El curso más curioso que hizo fue de agente funerario. Porque impulsa desde hace años la creación de un cementerio en La Paloma. “Es la única localidad de Rocha que no tiene. Acá hay que ir a morir a la capital”, asegura.
Cada vez que va a Montevideo, en Canal 10 encuentra algo más que trabajo: “La primera vez que fui recuerdo que me senté en el pasillo característico a esperar por una reunión y todos, desde el más encumbrado de los periodistas, me saludaron de igual a igual. Sentí que era una familia. Eso me hizo ponerme la camiseta”, asegura.
Con el tiempo, Dialutto ganó confianza. “Antes yo mandaba una noticia y era chequeada. Hoy gané en credibilidad”.
Un hito para su maduración profesional llegó en 2014, con el asesinato de Lola Chomnalez. Fue el primer periodista en llegar a Valizas conocida la desaparición de la joven argentina. Recorrió a caballo durante diez horas la franja entre ese balneario y Aguas Dulces. Sin saberlo, descansó a metros del lugar donde luego aparecería el cuerpo. “Aprendí a no correr por la primicia sino por la verdad. Siempre traté de confirmar con más de una fuente”.
También enfrentó tensiones en investigaciones como la del llamado “Soldado Alegre”, quien dijo ser el enterrador de Elena Quinteros. Junto a Subrayado demostró que la versión era falsa. “En pueblos chicos el periodismo de investigación es difícil. A veces señalás corrupción en Aduanas o en la Policía y conocés personalmente a los involucrados”. Le pasó cuando investigó las maniobras para el ingreso irregular de ciudadanos cubanos o venezolanos a Uruguay por la frontera, entre otros casos.
Hoy, Willam tiene salidas diarias en Subrayado mediodía y central y en Arriba Gente, y participa en Polémica en el bar, cada segmento con su tono y enfoque. Es, junto a Daniel Rojas en Fray Bentos, uno de los corresponsales de mayor permanencia y visibilidad en el canal.
En lo personal atraviesa un momento complejo: la enfermedad de Blanca, quien fue durante años camarógrafa, productora y editora. “Siempre estuvimos juntos en todo: en la bicicletería, en el comercio, en el periodismo. Ahora nos toca pelear otra batalla”, dice. En las próximas semanas, la pareja deberá trasladarse periódicamente a Montevideo para que ella continúe su tratamiento.
Willam Dialutto pedaleó desde un taller de bicicletas hasta la pantalla nacional. Sin estridencias, sin abandonar su lugar. “Sé hasta dónde puedo y hasta dónde no”, repite. Tal vez esa conciencia -más que un título- sea su mayor credencial.