entrevista

Varina De Cesare: Diosa de la primavera

Buen día, alegría” era la frase con la que Varina De Cesare abría Día Perfecto. El programa llegó a su fin pero aquel saludo está vigente: “pienso que cada día va a ser genial”. Sus emprendimientos laborales le dan la razón. Hoy enfrenta dos nuevos desafíos actorales: iniciarse en stand up en un espectáculo, y besar a una mujer en escena en otro. La diosa de la primavera se declara soltera y se anima a una entrevista sin filtro.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Varina De Cesare. Foto: Gabriel Parra

Varina De Cesare nació en primavera. Le encantan las fresias que, como ella, nacen en esta estación. Por eso, sus padres le regalan estas flores en cada cumpleaños. "No pueden faltar", puntualiza. Esta vez recibió otro obsequio especial: una señora de 55 años le envió por Facebook un collage de fotos suyas porque le genera "buena energía". "Fue re tierno de parte de una persona que no me conoce personalmente", se emociona la homenajeada.

Le gusta celebrar su cumpleaños y así lo hizo el pasado viernes 25 de setiembre, cuando organizó una reunión en un salón con compañeros, amigos y familiares, que se extendió hasta las cuatro de la mañana. La última en irse fue Jujy Fabini, su excompañera de Día Perfecto.

Esta fecha encontró a Varina con menos pantalla tras el final del magazine de Teledoce pero con más escenario. "Estoy haciendo lo que siempre me gustó", evalúa. Integra el espectáculo Príncipe azul se busca, sapos abstenerse (Castillo Pittamiglio), donde se atreve al stand up por primera vez, y la obra El Secreto de la Vida (El Tinglado), en la que se pone en la piel de una lesbiana embarazada. "Besar a una mujer fue lo que menos me costó", confiesa.

Varina habla mucho más que de sus imponentes desafíos artísticos. Un encuentro de una hora en una cafetería es suficiente para demostrar que su omnipresente sonrisa y contagiosa frescura no es sinónimo de corrección política, y no tiene reparos en señalar aquellas cosas que no le gustan: los "orgullosos extremistas", las personas con "la cabeza sucia" en televisión y la espuma del café. "No soy la única", se defiende mientras la saca de la taza con una cuchara y la esconde disimuladamente en una servilleta.

—¿Cómo definirías esta etapa de tu vida profesional abocada al teatro?

—Estoy haciendo lo que siempre me gustó, que es actuar, y tengo la posibilidad de hacerlo en dos obras con grandes compañeros y directores, y agotando las localidades. Lo disfruto y me divierto muchísimo.

—¿Cómo fue trabajar bajo la dirección de José María Muscari en El Secreto de la Vida?

—Increíble. Cada cosa que dice es brutal, la tiene clarísima. Es extremadamente observador, ordenado y exigente. Dice que el ensayo es a las seis, y es a las seis, no a las seis y cinco. Él vino por 23 días a Montevideo a conocernos y armar una puesta en escena, que es algo que se hace en tres meses. Ensayábamos tres horas diarias, pero eran muy intensas. Es muy celoso de su texto, no le gusta que se lo cambien, y ahora desde Buenos Aires está muy al tanto de todo lo que pasa en cada función acá.

—Interpretás a una lesbiana embarazada, ¿te costó componer el personaje?

—Fue muy raro, los ensayos eran con una mochila adelante que tenía peso. Después me armaron la panza y verme al espejo así me impactó. En la obra me doy un beso con una mujer, pero eso fue lo que menos me costó. Es una escena más dentro de la obra.

—¿Es la primera vez que besás a una mujer?

—Sí, pero fue súper natural. Estoy encantada con Camila Caeiro, mi compañera de elenco. Se hizo sin ningún tipo de prejuicios. Lo que me importaba era no fallarme a mí, a Muscari ni a mis compañeros que me habían elegido para ese papel.

—En Príncipe Azul se busca, sapos abstenerse debutaste con monólogos. ¿Cómo es esa experiencia?

—Me gustaba la idea de hacer algo diferente. Hago una especie de stand up, que nunca había hecho. Me daba temor, pero hacerlo con Ale Martínez, Carla Lorenzo y la dirección de Silvia Novarese era un combo que cerraba. Mi madre me dijo "no pensé que podías hacer reír así a la gente". No es nada fácil, hay personas que estudian años y años para hacerlo.

—¿Te gustaste en ese rol?

—Soy muy autocrítica, pero creo que voy bien en ese camino. Me sorprendí con la risa de la gente. Hay un buen texto y una excelente dirección, pero en el momento una está sola en el escenario y siente una devolución inmediata, es mágico.

—En tu vida personal, ¿encontraste al príncipe?

—No, hace siete meses que estoy sola. No me gusta hablar mucho de mi vida íntima. Está bueno que la gente tenga un poco de intriga, y que los interesados vengan y pregunten (risas).

—¿Y has besado muchos sapos?

—He tenido suerte en eso. Estuve con buenas personas que seguramente hasta hoy me tengan cariño. No me puedo quejar, no he tenido sapos en mi vida. Capaz que algún sapito ahí, pero "sapo, sapo" no (risas).

—Se desató una polémica en las últimas semanas cuando Roberto Jones volvió a increpar a un espectador porque le sonó el celular en medio de una función. ¿A vos te molestan ese tipo de distracciones?

—No me gusta que suenen los celulares, pero está dentro de las cosas que pueden suceder. No hay que hacer un mundo de eso, no se murió nadie. El teatro es un entretenimiento, la gente necesita pasarla bien y nosotros no estamos para dar lecciones de vida. No es una misa.

—¿Extrañás Día Perfecto?

—Extraño encontrarme con el portero que saluda, las chicas que maquillan y ver a mis compañeros todos los días. Yo era muy feliz con el programa, lo disfrutaba. Pero creo que había cumplido su ciclo. La gente por la calle nos hace sentir que seguimos estando al aire. Recién vengo de la peluquería y la señora me hablaba como que me vio ayer en la tele. Yo le dije "pero mire que ya no estoy más" (risas). Ahora hay otro programa (Desayunos informales) con gente que aprecio muchísimo.

—¿Desde adentro del elenco se sentía que el programa había "cumplido un ciclo"?

—Fue una determinación del canal, y nos avisaron con tiempo. Después el programa siguió unos meses más y para los que nos quedamos trabajando fue como raro... Yo iba todos los días como si no terminara hasta que terminó. Ese día sí lo sentí. Pero son ciclos, la televisión es así. Creo que el formato se podía reciclar un poco para seguir, pero eso pasa siempre.

—En ese programa instalaste el saludo "Buen día, alegría". ¿Era sólo un latiguillo o te caracterizás por encarar la vida cotidiana con optimismo?

—Fue una frase que nació naturalmente, me identifico con eso. Todos los días intento ponerlo en práctica. Es la mejor opción que nos queda como seres humanos. Yo intento pensar que el día va a ser genial, y después veo. Esa es mi filosofía.

—¿Qué cosas te sacan la alegría?

—Los orgullosos extremistas y los hipócritas. Permanentemente vemos hipocresía, cosas que no están bien o nos duelen. Pero no me lo permito, cuando una va creciendo acepta que esas cosas existen. De todos modos pienso que los buenos ganan y que hay más buenos que malos. También hay otras cosas que no me gustan como ver tantos problemas en la educación; yo fui toda la vida a escuela pública. Además es un año que la gente se pregunta qué va a pasar con el trabajo. Tengo amigos que me mandan su currículum para ver si yo les puedo conseguir laburo. Esas cosas me ponen mal.

—Cuando fuiste como invitada a Tv Show dijiste que sos una mujer "de izquierda". ¿En qué sentido te definís así?

—No sé si definí bien al decir que soy "de izquierda", pero voté a este gobierno. No es un voto porque sí, estoy atenta. Hay cosas que el gobierno hace bien y otras que no. Si mañana tengo que votar a otro partido y veo que el proyecto me interesa, lo haré. No voté para mí, sino para mi pueblo. Voté para que todos tengan educación, un sistema médico al que todos puedan acudir. Y no la careteo. Soy socia de una mutualista privada y ahora tengo que esperar mucho más para ser atendida, pero voté para que todos puedan tener asistencia. Hubo personas que me dijeron "nunca pensé que vos…". ¿Por qué? A veces la gente estereotipa de determinada manera, y a algunos les llamó la atención que yo lo hubiera dicho.

—Has dicho que trabajás "de linda", ¿qué implica eso?

—Siempre hago la broma de que "trabajo de linda". Sin embargo, arranqué sin querer en el modelaje, nunca me interesó ser modelo. Hoy me siento mucho más actriz y comunicadora; si toda la vida hiciera de linda sería triste. Aunque no reniego del modelaje, y pienso que los que trabajamos en televisión debemos cuidar la estética. Yo veo gente en la televisión con la cabeza sucia, por ejemplo. Me viene un ataque, me pone mal.

—En ese sentido hubo cierto debate en las redes por los Premios Graffiti. Se acusó a varios músicos de no estar acorde a la gala.

—No me gusta la desprolijidad. No me parece bien que la gente vaya desalineada al Teatro Solís o al Sodre. Soy una mujer muy sencilla, no soy una enferma de la moda ni nada, pero ir desalineado a ver un espectáculo es una falta de respeto. Ir de championes rotos a un lugar, ¿qué transmite? Nada, sólo desprolijidad.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)