Un experto de las tablas

"Yo creo que tengo que contar cuentos toda mi vida", dice el director teatral y productor Mario Morgan. Si bien hubo momentos en que desistió de llevar a cabo la obra teatral "La Prueba" (en cartel en Teatro del Centro, Carlos E. Scheck), a medida que iba viendo una nueva versión decía: "Pero qué linda obra, como me gustaría dar mi visión acerca de esta obra" y así terminó trayéndola a la escena nacional con un elenco compuesto por grandes figuras como Taco Larreta y Mario Ferreira además de Roxana Blanco y Lucía Sommer.

Pero la importancia de la obra no sólo se debe atribuir a su calidad como tal o al elenco que la lleva adelante sino al director, conocido como un "niño prodigio", en sus primeros años de teatro. A través de su rol como productor encargado de traer espectáculos argentinos como los de Norma Aleandro, Luis Brandoni o Les Luthiers, o viajando por el mundo observando las más populares obras de teatro, Morgan ha desarrollado un gusto privilegiado por las tablas que lo llevan a ser crítico hasta consigo mísmo al punto de decir que no es capaz de escribir una obra de teatro.

En conversación con SABADO SHOW mostró su visión sobre el panorama teatral y adelantó la reposición para la próxima temporada de "La mujer del año", éxito con el que catapultó a Susana Giménez y con el cual la hará volver a los musicales.

—Ha trabajado en diferentes géneros a lo largo de su carrera teatral, ¿qué es lo que le interesa mostrar hoy desde el escenario?

—He dirigido musicales en Buenos Aires, acá obras dramáticas, comedias. A mí me interesa el buen teatro. En primer lugar me parece que si Moisés bajara las tablas del teatro la primera regla sería "no aburrirás". Para mí es fundamental que el espectáculo entretenga al espectador y si le deja un mensaje, mejor. El espectador no puede ir a aburrirse. Creo que las formas experimentales son para salas de ensayo y deben ser vistas y anunciadas como tales. Personalmente me interesa el teatro en la medida que sea un referéndum de público. No concibo el teatro con la sala vacía.

—Hace bastante que no dirigía en Uruguay, ¿por qué el regreso?

—Porque tenía una obra que me interesaba hacer, tenía un elenco y me pareció que con todos esos elementos podía crear un buen espectáculo.

—Siempre se ha caracterizado por dirigir a las grandes figuras del teatro

—Sí, dirigí a Norma Aleandro en Uruguay y a casi todas las grandes figuras argentinas en Buenos Aires: Susana Giménez, Rodolfo Bebán, Telma Biral, Alfredo Alcón. Creo que casi no me ha quedado ninguna de las primeras figuras para trabajar sobre el escenario y eso me fue enseñando mucho la medida en que un espectáculo puede interesar o no al espectador.

—¿Qué es lo que necesita tener para interesar?

—Hace falta un tema que sea de interés para el público y realmente ese tema tiene que ver con la realidad en que se vive el teatro. De alguna manera tiene que ser un reflejo de la realidad y debe vertirse en las mejores condiciones posibles, ya sean plásticas, en el aspecto visual, la escenografía, vestuario, luz, como a la parte interpretativa. Necesita buenos actores que puedan transmitir esos sentimientos. Incluso hasta en el caso de las comedias necesita buenos comediantes, lo que no es nada fácil. Necesita también un gran oficio de parte del director que sólo se adquiere después de varios golpes. Un oficio por el cual uno no se enamore de lo que hace sino que pueda conservar hasta el último momento la autocrítica.

PRODUCCION DE ARTISTAS

—¿A qué se debe que se haya dedicado a la producción?

—Me gusta todo lo que es el teatro. Cuando yo empecé a hacer teatro estudiaba y además trabajaba en el Hospital de Clínicas. Eso me llevó en determinado momento a querer vivir de lo que yo conocía que era el teatro y del cual no siempre es posible vivir. Así se me ocurrió desenvolver una zona que naturalmente tengo, un instinto de saber qué es lo que le puede gustar al espectador, que es generalmente lo que a mí me gusta. Traer esos espectáculos extranjeros que podían ser éxito aquí. Yo siempre estuve dirigiendo y haciendo de productor, todos los años voy a dirigir un espectáculo a Bogotá, pero cada vez que recalo en Montevideo como no puedo con las mías me dedico a traer espectáculos extranjeros.

—¿Cómo es el vínculo con los artistas argentinos?

—El vínculo vino de trabajar con ellos. Yo había montado un espectáculo en en el Teatro del Notariado y lo vio un productor argentino que estaba al frente del Teatro Eliseo de Buenos Aires y me contrató para hacerlo allá. Esa temporada fue con muchos percances porque a mitad de temporada hubo una bomba en el teatro y hubo que pararla. Como indemnización personal a Cipe Lincovsky yo le ofrecí traerla a Montevideo con su espectáculo y fue un éxito brutal. A partir de ahí me llamó Telma Biral para hacer con Rodolfo Bebán otro espectáculo que yo ya había hecho en Montevideo con Norma Aleandro.

—Entre esas cosas se le atribuye el haber catapultado a Susana Giménez.

—Sí, a través de "La mujer del año". Es la primer obra que hice con Susana y yo nunca había dirigido un musical. Los productores argentinos que eran del Teatro Maipo, junto con Carlos Perciavale, me mandaron a ver el espectáculo a Estados Unidos y yo realmente volví con terror de cómo se hacía para montar todo eso que había visto y que técnicamente era tan complicado. Yo nunca había dirigido opera ni comedia musical, ni nada por el estilo y estaba aterrado, casi como la propia Susana porque era su primer trabajo importante como actriz en comedia musical. Por suerte el espectáculo fue un éxito y allí se sucedieron una cantidad de musicales: "Sugar", "La jaula de las locas", "Cabaret"; incluso en la actualidad estamos pensando con Susana Giménez reponer "La mujer del año" posiblemente en la temporada próxima.

—¿Qué diferencias encuentra entre el teatro argentino y el uruguayo?

—Yo trabajo con comodidad en Argentina, en Uruguay o en Colombia. La diferencia esencial está en las salas uruguayas que están técnicamente, en todo lo que se refiere al material de iluminación, pobremente equipadas. Además han desarrollado un sistema de supermercado con cuatro o cinco espectáculos por día en los fines de semana que me parece nefasto para el teatro porque es imposible que un espectáculo no afecte al otro porque de alguna manera uno se tiene que acomodar a lo que deja el otro. A menudo el público está afuera de la sala esperando que termine el espectáculo anterior. Es imposible pensar en escenografías fijas, dentro de los camarines no hay el clima necesario para una mínima concentración porque está desmaquillándose un grupo y está ya entrando el otro para actuar. Creo que hasta el propio público hay momentos que no sabe qué es lo que va a ver con tanto espectáculo en el mismo día. Eso no ocurre en ninguna parte del mundo y es realmente una especie de paranoia que ojalá el teatro uruguayo recapacite y aprenda que la cantidad no es lo mismo que la calidad y la calidad sólo se consigue con la concentración y con una depuración, para que se pueda trabajar en condiciones mas propicias a la creación. Hay cosas que yo he empezado a odiar del teatro como ser la plastiquería porque sí. Que un espectáculo sea plástico en sí y no por el contenido.

—A pesar de lo que señala, los argentinos toman con mucho respeto al teatro uruguayo. ¿Por qué cree que sucede esto?

—Sí, respetan mucho el teatro uruguayo e incluso tengo amigos actores argentinos que a menudo vienen a ver espectáculos a Uruguay. O sea, no todo lo que se hace tanto allí como aquí es bueno. Pero creo que cuando se hace buen teatro hay buen teatro en ambas orillas.

TRAYECTORIA VS FAMA.

Mario Morgan debutó en teatro protagonizando "Canillita", de Florencio Sánchez en el Teatro Circular con 17 años. En esa época (1958) se producía el auge del teatro independiente y necesitaban gente para llenar sus filas. Allí fue Morgan y luego de iniciarse comenzó a interesarse en la dirección. Dentro de las primeras obras que hizo estuvo "Rencor hacia el pasado" con Antonio Larreta de protagonista. "Hasta el día de hoy recuerdo la actuación de Taco como Jimmy Porter. Este reencuentro con Taco tantos años después sobre el escenario es un poco memoria de aquello. Es como volver a encontrar lo que uno admiraba cuando era joven".

—¿Hoy se considera una referencia teatral?

—No, para nada. Yo siempre fui muy individualista y siempre he elegido los espectáculos que quería hacer, generalmente los he producido yo. No en la Argentina que siempre he trabajado bajo productores. El gusto que realmente me doy aquí en Uruguay es el de poder producir mis propios espectáculos.

—Pero de joven se lo consideraba un niño prodigio del teatro.

—Sí. Según me acuerdo, había un crítico que cuando empecé a dirigir (que empecé dirigiendo primero una obra de niños y después una obra con Pelusa Vera y Walter Reino: "Matraca de un hombre simple"), me decía "el benjamín de los directores" porque era en ese momento realmente el más joven de los directores uruguayos. Tengo vocación, autocrítica y visión. Creo que es realmente lo que sé hacer en mi vida. Quizás mi mayor virtud y defecto es una gran autocrítica. Es tratar de ubicarme en el ciclo del espectador.

—Siempre se ha caracterizado por la adaptación de textos. ¿Se puede esperar una obra propia?

—No. Yo sé adaptar textos pero no me considero capaz de escribir una obra original de teatro. Creo que eso hay gente que lo sabe hacer. Creo que cada uno tiene su oficio y lo mío no es ser escritor. Nunca me propuse escribir; para eso se necesita otro tipo de concentración que yo no tengo, yo necesito tener una actividad múltiple durante todo el día y creo que un escritor necesita que su mente trabaje con otro reposo.

—Después de tanto tiempo ¿por qué cree que su nombre no se ha hecho popular sino que se mantiene en círculos específicos?.

—Porque el teatro no es un ámbito popular. El teatro no es el cine por ejemplo, entonces el director de teatro nunca puede tener la fama de un actor o director de cine. El común de la gente no sabe siquiera qué es lo que hace un director de teatro. Yo me encuentro permanentemente con gente que me dice: "usted es el que le dice la frase". El director es el que da el rumbo. También los teatros son pequeños y no puede ir mucha gente por mes. Tampoco hay una industria paralela que se dedique al artista nacional porque simplemente no vende. A todos nos gustaría la fama pero a mi realmente no me afecta.

Lucía Baldomir

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