Tras la TV inteligente

| Trabajó para el Instituto Sundance y ahora lo hace para la televisión pública de Estados Unidos.

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Latino Public Broadcasting (LPB) es una organización sin fines de lucro fundada por el actor y director Edward James Olmos en 1998, que apoya el desarrollo, la producción y la distribución de programas de interés para las comunidades hispanas de Estados Unidos, a través de la TV pública. Su directora ejecutiva, Patricia Boero es una uruguayo-cubana que estuvo por el país para disertar sobre TV y cine latinoamericanos.

-¿Cómo es tu trabajo?

-Venimos a ser una pequeñísima TV Nacional del Uruguay (somos cuatro personas trabajando). El Public Broadcasting System (PBS) es una asociación de 350 canales de TV repartidos en todos los estados. Nosotros les damos contenidos, es decir apoyamos a los productores y directores que nos traen propuestas. Recibimos más de cien por año, seleccionamos entre doce y catorce, y les damos fondos. Desde la etapa de desarrollo y la producción hasta la distribución. El resultado final se ve por TV.

-¿Cuál es el objetivo?

-Queremos traer el orgullo de nuestra cultura de origen latinoamericano, las temáticas que nos interesan, no sólo de inmigración. Por ejemplo, ahora tenemos la serie Voces, de ocho capítulos, y cada uno prácticamente es de un país diferente: la biografía de la cubana Celia Cruz y la del portorriqueño Tito Puente, una bailarina peruana de Nueva York que vuelve a buscar sus orígenes y tradiciones, un chileno exiliado que regresa a su país a descubrir qué pasó con sus amigos desaparecidos, unos futbolistas que eran campeones en sus equipos de Latinoamérica y que ahora juegan en un equipo de Nueva Jersey…

-¿Y de Uruguay?

-En esta serie no tenemos. En realidad, hemos recibido pocas propuestas de Uruguay. El apoyo de producción, por ley, sólo se lo podemos dar a uruguayos residentes en Estados Unidos. Pero podemos comprar a productores que residan fuera del país. También puede ser una coproducción entre una realizadora uruguaya y otra radicada en Estados Unidos. La temática está abierta.

-¿Los programas sólo se ven en Estados Unidos?

-Sí. El productor, donde sea que esté, conserva los derechos de vender su documental en cualquier otro país que no sea Estados Unidos. El derecho que pedimos va de dos a cuatro años y luego vuelve al productor. No lo compramos para toda la eternidad, sino para poder emitirlo unas ocho veces en cuatro años. Tenemos además un sitio web -www.lpbp.com- donde aparece un listado de realizadores y clips. Es una manera de promocionarte a ti y a tu trabajo, y formar parte de las comunidades de creadores.

-¿En qué lengua se filma?

-Casi todos son programas narrados en español con subtítulos en inglés. A veces hablan en inglés porque ya son inmigrantes de segunda generación. Tratamos de que sean bilingües porque ahora hay 42 millones de inmigrantes de origen latinoamericano en Estados Unidos, es como el tercer o cuarto país de Latinoamérica. Claro que muchos de ellos ven TV comercial, novelas, dramas. Lo nuestro es más documental, un par de veces hemos apoyado films dramáticos pero no nos ha dado tanto resultado. Además nuestro formato no se presta porque es de una hora.

-¿Qué productos demanda la TV pública actual?

-En Estados Unidos es como decir el canal cultural. Al haber tantos canales, la única estrategia para captar al público tiene que ser "¿cómo te diferenciás?". No vas a ver teleteatros, talk shows, realities. La TV pública tiende a tener noticieros y muy buenos programas de actualidad, de análisis. Yo siempre digo que es como la TV inteligente, y hablo de la originalidad y la innovación. Vamos más en la línea educativa, que no es que sea didáctico sino que contenga algún conocimiento, alguna historia interesante, una vida ejemplar.

-¿Qué recursos manejan?

-La TV pública es una TV pobre. Y se hace cada vez más difícil porque tenemos más y más competencia, y hay que salir a buscar fondos. El Congreso de Estados Unidos le entrega a PBS unos 400 millones de dólares, pero no alcanza. Entonces tenemos que salir a golpear las puertas de fundaciones, empresas. No podemos tener publicidad.

-¿Cómo es la audiencia?

-Tenemos millones de televidentes. Preocupa un poco que la edad promedio ha ido envejeciendo, porque los jóvenes ven la TV a través de Internet. Nos está saliendo caro producir y competimos no sólo con otros canales, sino con videojuegos, Internet…

-¿No colocan contenidos en el sitio web?

-Hay algo, pero surgen problemas con los derechos. Por ejemplo, tenemos una serie sobre la historia de la música, pero sólo tenemos los derechos para Estados Unidos. Si la ponemos en Internet, está en todo el mundo.

-¿Cómo se ve en Estados Unidos al cine uruguayo?

-Siempre hay un público. Ahora en HBO están dando El baño del Papa. Cuando doy charlas a estudiantes, siempre la menciono porque es el ejemplo de una pequeña historia pero de grandes valores universales, de un presupuesto bajo pero de muy alta calidad de producción en todo, un presupuesto que se puede manejar en un mercado pequeño. En Sundance, traté siempre de incorporar a los uruguayos porque creo que acá hay mucho talento. Diego Arsuaga llevó el guión de Corazón de fuego, Esteba Schroeder el de Matar a todos, Beatriz Flores Silva el de En la puta vida, Stoll y Rebella los de 25 Watts y Whisky, que ganó un premio. Creo que el cine uruguayo tiene que salir del marco de los festivales para llegar a un público masivo, que se consigue en cines o en un canal de TV. De eso se trata la estrategia.

Cinco años con robert redford

Uruguaya de madre cubana, a los 20 años Patricia Boero partió a Australia, donde estudió cine y TV. Allí trabajó en la TV pública, entre otras cosas. Luego se fue a Cuba, donde estuvo en la creación de Televisión Latina, que era parte de la agencia noticiosa Prensa Latina. Hizo varios documentales en países de Latinoamérica que editaba en Cuba: en Paraguay, Uruguay (sobre el fin de la dictadura), Nicaragua, El Salvador.

En 1990, viviendo en Cuba, conoció a Massimo, un periodista italiano con el que se casó y se fue a vivir a Roma. Durante la Guerra del Golfo, su marido fue enviado como corresponsal a Estados Unidos, donde residen hasta hoy. Allí Boero empezó a trabajar en fundaciones, descubriendo que eran las que financiaban la TV pública. "Un día vino Robert Redford y me planteó que en el Festival de Sundance querían crear un premio al cine latinoamericano y dictar talleres para guionistas latinoamericanos. Fue un sueño. Trabajé con él unos cuantos años (1997-2001) como Directora del Programa Internacional del Instituto Sundance. Redford siempre dice que los recursos están en el norte pero las ideas nuevas surgen en el sur".

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