Diversos lectores insisten en que emita un pronunciamiento sobre el tango electrónico, o tecno, como Bajos Fondos y otros. Parece que todavía hay resistencia...
Por: Elbio Rodríguez Barilari
Lo del tango tecno o electro tango o el tango mezclado con hip hop es algo diferente.
Uno podrá o no estar de acuerdo con los resultados, pero es una cosa hecha con cabeza, pienso yo.
Hay un amable lector, por cierto, que no piensa de ese modo. Este lector espera que el voto que mi alma pronuncie sea contrario al tecno tango.
En una parte de su extenso e mail, dice de la siguiente manera: "Usted, como uno de los músicos que contribuye a elevar el tango a la altura de la música sinfónica, debe estar tan asqueado como yo de estos cachivaches sonoros que degradan a nuestra música".
Le agradezco al lector el piropo artístico. Y lo supongo sincero.
El tema es que cuando escribo tango sinfónico, como la Tangata para Orquesta, el Concierto para Bandoneon, el Canyengue o ahora el Gran Carancanfún, no pienso sinceramente, que lo esté elevando a ningún lado.
Debo expresar, con todo respeto, que para mí en la música no hay ni arriba ni abajo. Me muero con Bach y Mozart y Beethoven y tantos otros, pero también me muero con un coro bien metido de Araca la Cana, un fraseo de Julio Sosa o de Jimi Hendrix, un grupo de tambores africano o un hindú tocando la flauta.
Es importante que Piazzolla haya metido al tango en la sala de conciertos, y personalmente me siento muy cómodo continuando con esa empresa, junto a músicos como Raúl Jaurena, Daniel Binelli, Juan José Mosalini, Rodolfo Mederos, que vienen del tango, y otros colegas y amigos, como el argentino Pablo Ortiz, que venimos más del lado de la música clásica, el rock, el jazz, etc.
Y ahí está el gran Jaures Lamarque Pons, cada vez más grande en la perspectiva histórica.
Directores de orquesta como Daniel Barenboim, Gabriel Senanes y nuestro Federico García Vigil han hecho, y están haciendo mucho para que el tango, tanto el tradicional como las nuevas composiciones resuenen en las salas de concierto.
Pero igualmente clave me parece haber podido escuchar a Pugliese, a Salgan, a Leopoldo Federico, al propio Piazzolla en esos mismos teatros.
El Solís siempre estuvo más abierto a la música popular, pero el tango demoró muchas décadas antes de que lo dejaran entrar al Teatro Colón, sin ir más lejos.
Piazzolla hizo un revolución en el tango, una revolución necesaria, y que, hoy está probado, le dio nueva vitalidad, nuevo oxígeno, le alargó la vida al género típico rioplatense.
Pero eso no quiere decir que todo lo bueno anterior al combativo Astor haya quedado abolido.
Lo confieso: yo entré al tango por Piazzolla. Pero ni bien terminé de empaparme con todo lo que Piazzolla había grabado hasta el año 1974, digamos, me vino la curiosidad por ver qué era lo que había antes de Piazzolla y que NO era Grandes Valores del Tango, por supuesto.
Ahí empece a oír los discos de la Tana Rinaldi, Pugliese, Horacio Salgan, Leopoldo Federico, Julian Plaza, las voces de Goyeneche, Rivero, Julio Sosa.
Y todavía mas atrás, empezar a entender la historia del tango, la belleza de Julio de Caro, la grandeza de Gardel como compositor, los monumentos poéticos y musicales de Discépolo, Manzi, Catulo Castillo, la melancolía majestuosa de Aníbal Troilo.
En esa búsqueda descubrí a Agustín Carlevaro, que fue como mi padrino musical en el mundo tanguero, a Luis Di Matteo y a Raúl Jaurena, que me han distinguido con su amistad.
Entonces no veo cuál es el drama con esto del tango tecno, o la cruza de tango con hip hop.
En los Setentas hubo cruzas de tango con rock, como las que hizo Rodolfo Mederos. Y la Tana Rinaldi grabó La Cumparsita con un ritmo de música "disco", PUM, PUM, PUM, PUM.
¿Cuál es el drama? Gardel grabo fox-trots y canciones francesas (y su terrible acento es una prueba más de que jamás en la perra vida El Mago hubiera podido ser francés).
Ni Gardel acabó con el jazz por grabar Rubias de New York, ni Louis Armstrong acabó con el tango por grabar Adiós Muchachos.
La primera vez que con mi quinteto tocamos La última Curda, el Pito Varela y yo soplando en los saxos como locos, Gonzalo Gravina y Cono Castro dándonos una base de novela, y el Flaco José Luis Pérez, el Maestro, metiendo palo y palo, a la gente le encantó. A nadie se le ocurrió pensar si eso era tango o no era tango. Fue en el boliche Taj Mahal, 1994. Si me hubieran preguntado, yo hubiera dicho: no es tango, pero es La última Curda.
Como decíamos, Piazzolla no invalida a Troilo, ni Troilo borró a De Caro, ni De Caro y su sexteto invalidaron a los encantadores tríos de la Guardia Vieja.
La música, digan lo que digan, nunca es borrón y cuenta nueva.
Si fuera así, actualmente no nos dejaríamos seducir por un concierto de Vivaldi o por el sitar de Ravi Shankar desenroscando melodías que tienen milenios.
Ese tango tecno tiene la virtud de mantener en el oído de la gente un sonido y unas melodías ancladas en nuestras raíces. Todavía es demasiado pronto para saber a dónde va, pero conviene mantener una oreja abierta a las nuevas propuestas. Digo yo ¿no?
barilarius@yahoo.com