ENTREVISTA

Selva Andreoli tras su salida de "Esta boca es mía": "Se achican los espacios para voces como la mía"

La panelista vincula su desvinculación a motivos políticos y también revela que ha cerrado su agencia de publicidad. "Me desangré económicamente", añade.

"Selva Andreoli"
Selva Andreoli. Foto: Estefanía Leal

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—Se cerró tu segundo ciclo en Este boca es mía y luego de un año y unos meses en el panel. ¿Qué tipo de conclusiones sacás de la experiencia?


—En general buenas. Pero hubo algunos momentos de mucha tensión con uno de los panelistas. Aunque no era de mi grupo en esos cambios que se hacían me tocó tres o cuatro veces participar con él y en todas se dieron situaciones desagradables. Tiene un estilo muy agresivo, que no es el mío. Una cosa es ser vehemente en la discusión y otra es ser agresivo. Él lo fue. Además, fue un poco maleducado y patotero.

—Te referís a Fernando Marguery, con quien tuvieron algunos intercambios, entre ellos cuando te llamó “la señora de Valenti”. ¿Llegaron a hablarlo explícitamente?

—No. Como él no era de mi grupo, cada uno siguió por su lado. Además, a determinada altura de la vida, uno va descartando cosas. Me preocupo por las personas que no quiero descartar. A esas le dedico tiempo y me preocupa que no queden malentendidos. No fue el caso.

—¿No enmarcás lo sucedido como un contrapunto más o menos normal dentro de las reglas de juego de programa de polémica?

—No. Yo estoy a favor de los programas de polémica. Creo que son necesarios en la TV y en la radio. La polémica siempre despierta la confrontación de ideas y a veces generan bandos pero siempre en ese contrapunto de ideas se hace la luz. Me ha pasado de discutir con compañeros y me han modificado mi punto de vista. Las polémicas son muy enriquecedoras: ojalá hubiera más, pero otra cosa es pasar al terreno de la agresión. Yo he participado en muchos programas de polémica, desde Debate abierto (1998, Canal 10) pasando por las tertulias de El Espectador y de otros programas radiales. Éramos confrontativos con mis compañeros pero hay límites que no se deben pasar.

—¿Cuánto cambió Esta boca es mía de tu primera participación en el panel a la actualidad?

—Cambió mucho. Creo que la principal modificación tiene que ver con un fenómeno de la sociedad, que se ha partidizado. Algunos le dicen “grieta”, no importa el nombre. Lo cierto es que la gente ha tomado partido por bandos. A veces lo hace con argumentos y otras veces, se trata de ser “anti” o “pro”; no se piensa con criterio propio. A mí me ha pasado de ver en redes sociales campañas, por ejemplo, en mi contra. Se ha llegado a dar el absurdo de que yo no haya intervenido en algún programa puntual y aparecen decenas de mensajes con ataques hacia mí cuando no estuve. Son cosas preparadas. Me parece que forma parte de las leyes del juego del debate actual, caracterizado por esa división en bandos y que no ayuda a la polémica enriquecedora.

—¿O sea que la grieta también se ve en Esta boca es mía?

—Sí. En el marco de mi grupo, la única que tenía opiniones disímiles a una lectura “oficialista” era yo. Cuando los temas eran muy urticantes y políticos, era lo que pasaba. Me enfrentaba sola contra cuatro, porque la conductora (Victoria Rodríguez) también tiene su opinión y la maneja públicamente.

"Selva Andreoli"
Selva Andreoli

—¿Te sentías en inferioridad?

—No, pero claramente era una voz contra cuatro personas que opinaban. Para el público quedaba bastante despareja la situación. En el otro panel no se daba tanto esa situación, aunque más allá de eso, creo que en el último tiempo Esta boca es mía se politizó mucho, transformándose en un programa “progobierno”. Incluso se veía en los invitados: la mayoría de ellos eran de la coalición. Entiendo que si se invita a los jerarcas del gobierno, obviamente pertenecen a la coalición, pero se podría emparejar con invitaciones a legisladores opositores. No pasaba en el último tiempo. También creo que esto se va a agudizar a medida que se acercan los tiempos para el referéndum por los 135 artículos de la LUC.

—¿Te sorprendió tu salida? ¿Te parece que tu tuvo que ver con eso?

—Sí. Me sorprendió mi salida y más con el argumento de que era la que hacía más tiempo que estaba cuando en realidad hay otros panelistas con mayor permanencia. De todas maneras, si me pongo a pensar desde el punto de vista político era obvio que en el año entrante, con la discusión de la LUC en el medio, se van ir achicando los espacios para las personas, como yo, que opinamos de cierta manera en los medios. Creo que por eso también se va Alejandro (Camino). En mi primera etapa en el programa estuve hasta que se cambió todo el panel. Esta vez me dijeron que la renovación empezaba de a dos y que comenzaba por los más antiguos. Aunque, repito, no es mi caso.

—¿Cómo evalúas las repercusiones de tu salida?

—En Twitter, la mayor parte de las devoluciones fueron positivos. Algunos que me dijeron groserías, los bloqueo. A nivel de los compañeros, la despedida que tuve fue muy grata, no solo de los panelistas sino desde producción y los funcionarios del Canal. La conductora también tuvo palabras muy elocuentes hacia mí. Más allá de opiniones diferentes siempre me llevé muy bien con mis compañeros, salvo la excepción que hablamos al principio.

—¿Qué planes tienes de ahora en más?

—Primero, seguir opinando. En principio en Twitter y si aparecen otras propuestas la analizaré en función de mis tiempos y del ofrecimiento en concreto.

—¿Como publicista cómo te ha ido?

—Yo cerré  la agencia. Tomé la decisión de cerrar porque me desangré económicamente. Mantuve un equipo maravilloso en la creencia de que me iba a ir mejor pero tuve un gran vacío en las licitaciones a las nos presentamos. En algunos casos recibimos calificaciones absurdas y en otras ni siquiera abrían nuestra carpeta. Eso me pasó en los gobiernos del Frente Amplio, quiero aclarar. Y empezó a pasar luego de que nosotros criticamos algunas cosas del gobierno del FA. Llegaron a darle mayor puntuación en experiencia a personas con cinco años en el mercado cuando yo llevo 36 años en la plaza. Empezó a pasar lo mismo que criticábamos de otros gobiernos anteriores en la gestión del Frente Amplio. Se adjudicaban los contratos de publicidad de diferentes entes y ministerios en función de la amistad y no del criterio profesional. Eso llevó a que me fuera quedando.

Selva Andreoli. Foto: Estefanía Leal
Selva Andreoli. Foto: Estefanía Leal

—¿Con el nuevo gobierno llegaste a presentarte?

—Sí, a dos. En una no me contestaron nunca y eso que llegué hasta al final. Y a la segunda, cuando adjudicaron a quien ganó, una persona identificada con el Partido Nacional, hizo lo contrario a lo que dijeron que había que hacer: campaña en televisión. Así que, vistas las cartas, me dije: “No vale la pena seguir”. Como las licitaciones para publicidad oficial y de gobierno es muy amplia y la de los privados es cada vez más angosta, en especial desde la pandemia, era difícil continuar.

—¿Por qué decís que te desangraste económicamente?

—Porque las indemnizaciones del cierre me llevaron todo. No tengo más plata en el banco desde hace un año. He quedado endeudada. Estoy esperando vender las oficinas donde funcionaba la agencia para saldar las deudas. Las indemnizaciones me llevaron 107.000 dólares en despidos. Tenía 14 personas y algunas con sueldos muy altos. A pesar de que algunas de las personas más calificadas se fueron sin indemnización, porque les surgió otra oportunidad laboral y voluntariamente se fueron, no me alcanzó y tuve que pedir prestado. Debo 17.000 dólares.

—¿Crees que pueda volver la agencia?

—No creo. Ya estoy en otra edad. Además, todo lo que se dijo que se iba a dar a las Pymes, no se cumplió, salvo la prórroga que hubo de dos meses en BPS. La luz, el agua... todas las tarifas se mantuvieron en niveles altos. Lo que estoy haciendo ahora son consultorías internacionales; tengo dos contratos de ese tipo para asesorías vinculadas a campañas para la concientización sobre el daño del tabaco en la salud. Es un tema que domino: La mayoría de las campañas que hicieron en Uruguay en la lucha contra el tabaquismo las hicimos en la agencia.

—¿Con tu esposo Esteban Valenti se han propuesto volver a la militancia dentro del Frente Amplio?

—Ya estamos militando, aunque no dentro del Frente. Sí estuvimos de acuerdo en que ganara Fernando (Pereira), cosa que me alegro. Espero que el FA recupere su esencia y que la izquierda entienda que la corrupción es el peor gusano que la puede horadar. Es el peor enemigo y si no se da cuenta de eso, va al muere. Ha pasado en muchos partidos de izquierda en Europa que pasaron a su mínima expresión luego de experimentar y minimizar este problema. Después de lo que pasó lo que pasó (caso Raúl Sendic) muchos nos fuimos desencantados del Frente y fuimos fundadores. Él nunca mostró arrepentimiento: siempre mostró justificaciones.

Esteban Valenti
Esteban Valenti y Selva Andreoli.

—En ocasiones se ha dicho que ustedes fueron quienes filtraron a la prensa las irregularidades en la gestión de Sendic, se los ha catalogado como “traidores”.

—Algunos me ponen en Twitter: “Usted fue la que logró que el Frente perdiera”. ¿Yo? No, perdón, el Frente logró eso. Esto es como quien busca la llave no donde la perdió, sino donde está la luz.

—Viviste exiliada en Cuba desde 1976-1982, donde te formaste en bioquímica. Allí coincidiste con Raúl Sendic. ¿No estabas al tanto de que no había completado sus estudios universitarios?

—Nunca había sacado cuentas. Pero los conocí allí, sí. Estuvieron en mi casa Raúl y su hermano Ramiro: cuando llegaron yo los preparé para que rindieran un examen de ingreso al preuniversitario. Después siguieron su camino y yo nunca calculé si había terminado o no los estudios. Él cree que fui yo la que empezó a decir que no tenía título. Y la realidad es que no lo dije porque ni sabía, ni me importaba, ni lo había pensado. Sí me importó después la mentira. Cuando vi que había dicho que se había recibido con “medalla de oro”, cosa que no existe en Cuba, me di cuenta de la falta de honestidad muy grande que tenía. Me pareció ingrato con los cubanos también, quienes le dieron todo. A él lo amaban por el cariño que le tenían a su padre, Raúl “Bebe” Sendic.

—¿Has vuelto Cuba?

—Sí, he vuelto y me he desilusionado con el retroceso.

—¿Qué tipo de retroceso?

—El mayor deterioro no tiene que ver con un Estado militarizado, ni represor. Incluso en la época en la que yo vivía allí, los cubanos hacían chistes y críticas sobre la revolución y no pasaba nada. Yo misma, como profesora en el preuniversitario, hacía críticas y no pasaba nada. Nunca sentí la opresión del “no podés hablar”. Lo más jodido para mí de Cuba ha sido la caída en valores morales, sobre todo, la prostitución en las mujeres. Antes estaba como prohibida y en los últimos años, las prostitutas son las mejor vestidas y hacen alarde de que son las queridas por los extranjeros. Como mujer, me parece denigrante. Lo otro es la división aberrante entre quienes acceden a dólares y los que ganan en pesos cubanos. Incluso, hay cubanos que tienen vedado el acceso a lugares turísticos.

—¿Cuba va a terminar en el capitalismo?

—Creo que el régimen cubano no se va a poder mantener en el largo plazo. No tiene líderes. Una cosa era tener a Fidel Castro, que era un líder nato. Pero la transición no será fácil porque la revolución le dio mucho a mucha gente y no aceptarían un cambio así nomás. Luego de la revolución, los más sumergidos accedieron a vivienda y servicios básicos que no tenían. Ese agradecimiento se mantiene. Sobre el capitalismo, no creo que sea la solución a todos los problemas. Es el sistema que impera en la mayoría de los países, pero hay otros que todavía trabajan con sistemas socialdemócratas o apelando al cooperativismo. China es un modelo intermedio. La izquierda tendrá que ser ingeniosa de cómo conciliar crecimiento económico con retribución y con justicia social.

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