Después de detectar la falta de espacios estables para mujeres en la comedia local, Denise Oper impulsó Noche de Chicas, un ciclo de stand up que nació del intercambio entre comediantes, se sostuvo en el trabajo colectivo y terminó convirtiéndose en un fenómeno de funciones agotadas. Entre la gestión cultural, el escenario y las redes sociales, Oper reflexiona sobre el presente del humor, la visibilidad femenina y el detrás de escena de hacer reír hoy.
-Sos la conductora del ciclo de stand up Noche de Chicas. ¿De dónde nace la idea?
-La idea nace a partir de un viaje que hice a España en 2024. Estuve allá entre un mes y medio y dos meses y vi algo que me llamó muchísimo la atención: había ciclos de comedia integrados únicamente por mujeres, que se llenaban, funcionaban espectacular y tenían una energía increíble. Y automáticamente empecé a pensar que en Uruguay eso parecía imposible. No porque no hubiera mujeres haciendo comedia -porque las hay y muy buenas- sino porque no había un espacio, no había quien lo organizara, o quizás no se consideraba importante. También creo que influye que la mayoría de los productores siguen siendo hombres y no productoras. Cuando volví a Uruguay la idea quedó un poco en stand by. Pero dije: “en 2025 arranco pisando fuerte”. Entonces convoqué a una reunión con mujeres que hacen comedia para charlar sobre sus experiencias. La idea era confirmar si esto era una percepción mía o si era algo que sentíamos varias. Nos juntamos a comer, fue una charla muy honesta, y ahí aparecieron cosas muy interesantes: la falta de unión, cierta competencia, desconocimiento entre nosotras, incluso pequeños roces previos que ya existían antes de sentarnos a hablar.
-¿Y qué surgió de ese primer encuentro?
-Surgieron cosas muy lindas y muy necesarias. Muchas dijeron que les encantaría que existiera un espacio de mujeres, no solo para visibilizar el trabajo sino también porque se sentían más cómodas actuando en un entorno así. También apareció algo muy claro: los primeros shows importantes, los que “importan”, suelen tener grillas llenas de hombres y nadie lo cuestiona. Pero cuando hay una grilla solo de mujeres, siempre hay que aclarar que es “Noche de chicas”, “Noche de ellas”, o que es por el 8M. Entonces la Noche de Chicas surge para cubrir todo eso: generar un espacio real, visible, profesional, donde el público se acostumbre a ver grillas compuestas solo por mujeres, sin que eso sea raro. Porque si es una grilla de hombres no sorprende a nadie, pero si son mujeres, llama la atención. Y eso también hay que cambiarlo.
-Y justo ahora que el stand up está viviendo un gran momento…
-Tal cual. El stand up está resurgiendo con mucha fuerza y hay un montón de comediantes mujeres muy buenas en la vuelta. Está buenísimo que tengan visibilidad porque todavía existe ese prejuicio absurdo de que las mujeres no hacen reír. Es cuestión de ir a un show y darse cuenta de que están mirando para cualquier lado. Además, entre mujeres se generan dinámicas arriba del escenario que son espectaculares. Muchas veces creemos que la comedia es un camino individual, que es “mi momento”, que me vaya bien o mal depende solo de mí. Y no es así. Un show funciona por la energía colectiva. Es una curva que se construye entre todas y todos los que están en escena. No es “hago lo mío y me voy”: es un espectáculo completo.
-Tu experiencia organizando y armando grupos, ¿viene también de tu formación y de otros trabajos?
-Completamente. Todo eso viene de mis otras carreras, sobre todo del trabajo en casting. Siempre tuve ese ojo externo para organizar, dirigir y armar equipos. Todas tenemos un potencial y un brillo -aunque suene medio Chris Morena- pero es real. El tema es saber dónde ubicarlo. Por eso, cuando alguien se subía conmigo, siempre pedía que me pasaran material, que pensaran de qué iban a hablar, que no llegaran al show a ver “qué pasa”. Trabajábamos antes: ver qué funciona, qué no, construir la persona escénica de cada una, armar un hilo conductor. En stand up, por ejemplo, es clave empezar con algo más blanco y después ir a lo más incómodo, a lo cotidiano que puede generar ruido. Todo eso lo trabajábamos juntas, cuidando al público y cuidándonos entre nosotras.
-Y el resultado fue más que positivo.
-Sí, fue espectacular. Empezamos en una sala chica por Palermo y arrancamos con una función. Terminamos haciendo entre 12 y 13 funciones a sala llena. Al principio éramos muchas en escena y después empezamos a dividir en números más cortos para que todas pudiéramos hacer más material y disfrutar más el tiempo escénico. Además, no eran lugares típicos de stand up como el Garibaldi o el Comedy, donde el público ya va predispuesto. Acá hubo que crear el espacio desde cero, convocar, generar compromiso. Y se logró.
-También hubo un cuidado especial del público, ¿no?
-Sí, eso fue clave. Desde la producción y desde las que actuábamos había un compromiso muy claro: empezar en horario, recibir bien a la gente, que estuvieran cómodos, que no se sintieran expuestos. Muchas veces se piensa que el stand up es burlarse del público y no es así. Solo interactuamos si vemos que la persona tiene ganas. También está eso de “el show es a las 9” y arranca a las 11 y termina a las 3 de la mañana. No. Respetar horarios, respetar al público. Si el público la pasa bien, vuelve. Y eso pasó.
-Vos además tenés una larga trayectoria como comediante. ¿Cómo empezó todo?
-Empecé en 2017. Hice un curso intensivo en el Club de Comedia, que hoy ya no existe, con Ernesto Muniz y Juan Pablo Oliveira. Fueron unos genios, los que iniciaron todo este movimiento. Después vino el rodaje, el escenario, rodearse de gente que te sostenga. Porque la comedia no es solo el comediante: es la grupalidad, compartir material, revisarte constantemente. Los tiempos cambian, las sensibilidades cambian. Pasamos por olas de feminismo, crisis mundiales, una pandemia. Lo que hoy funciona mañana puede no funcionar. Por eso es clave renovarse, probar escenarios, abrir shows, cerrar shows, presentar. Todo suma. La experiencia te la da el escenario y el público.
-¿La Noche de Chicas continúa este año?
-Sí, continúa. Vamos a ir por todo. La idea es estar a la altura del año pasado y sostener todo lo que venimos construyendo. Todavía no hay fechas confirmadas, pero seguramente entre mitad de febrero y marzo ya estemos arrancando.
-Además de la comedia, trabajaste en series importantes como AMIA. ¿Cómo conviven esos mundos?
-Conviven muchísimo. Yo soy licenciada en Comunicación por la Universidad Católica, con énfasis en audiovisual, y eso me llevó al mundo del cine y las series. Trabajé en Cometierra, de Burman, y en AMIA, sobre todo acompañando actores, más desde un lugar de dirección y contención que técnico. También trabajé en casting y doy clases en la Católica de división de actores. Todo eso está muy conectado con la comedia: saber elegir, dirigir, poner en escena, entender qué quiere tu personaje. En el stand up no actuamos personajes ficticios, hacemos de nosotros mismos, pero igual hay una construcción. Todo ese bagaje ayuda muchísimo.
-Y hoy las redes sociales son una pata clave.
-Totalmente. Es la forma de vendernos. En 2024 me pasó algo muy loco: Leandro Ureta me invitó al Under Movie con Buenas Noches, Muchas Gracias. Subieron un video mío a redes y se hizo viral, pero viral de verdad: cientos de miles de reproducciones en todo el mundo. Me empezó a escribir gente de todos lados, con mensajes hermosos… y también hate, que después terminé usando para hacer chistes. Después fui a hacer un open mic en Argentina y me escribían: “¿Cómo no avisaste? Te seguimos, queríamos ir a verte”. Ahí te das cuenta del poder real de las redes.
-Ahí sentís que ganaste.
-Sí. Yo decía: “le voy a contar a mi mamá, soy famosa”. Mandaba capturas a mi abuela para que me crean. Pensaba: mi hermano gana en dólares, es ingeniero… y yo tengo gente que quiere escuchar mis chistes. Listo. Gané. No necesito más nada.