Rebelde (Ahora) con causa

| Coqueto, contestatario y desenfadado, Julio Ríos se hizo un lugar tras intentarlo varias veces. Su historia de picos y caídas.

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Por: Miguel Bardesio

Cuando tenía 19 años, el minuano Julio Ríos pateó el tablero y se fue con un amigo de mochilero a Europa. Llevaba el pelo largo y un arito. Trabajó en la vendimia en Francia, durmió en la calle y en estaciones de trenes. Pero eso sí, el secador de pelo siempre estuvo en la mochila, listo para las coqueterías del muchacho rebelde. Esta anécdota de "El relator con imagen", como lo presentan en radio Sport, ilustra algunas de las características de Ríos. Pero su historia y su trajinar por los medios tiene ribetes mucho más asombrosos. Ríos trabajó en Argentina con Fernando Niembro y hasta ganó un Martín Fierro por aquella actividad. También trabajó en las cadenas Telemundo y Univisión de Estados Unidos donde incluso le dieron el premio Revelación de la televisión hispana. Se lo entregó Gloria Estefan en el hotel Hyatt, de Miami. Pero entre glorias y fracasos, fue también ayudante de cocina, empleado de una alquiladora de autos y vivió en carne propia la experiencia de estar desempleado por varios meses, sin un mango.

Marchas y contramarchas que él atribuye a su personalidad inquieta y a que se declara "un rebelde, un contestatario" que hoy, a los 48 años, paró un poco la pelota y se declara en el mejor momento de su vida. "Vivo una etapa de estabilidad y felicidad", reconoce.

Desde 2001, por cierto, Ríos fue conquistando cada vez más lugar en el periodismo deportivo. Primero en Radio Nacional, luego en Sport, donde relata y tiene un programa diario: Las voces del fútbol y en TV, trabaja en Tenfield, en Punto penal y en La hora de los deportes. Siete días a la semana se calza el traje y sale a la cancha.

Pero ahora tiene un desafío: para el año próximo le gustaría tener un programa periodístico en televisión. "Es algo que tengo en el debe y que ya estoy trabajando como proyecto. Un programa con mucha investigación en temas fuertes sociales y políticos. Y también con mucha opinión. Algo con estilo de lo que hago en fútbol, trasladado a estos temas. Lo conversé con una productora y les encantó la idea", adelanta Ríos.

-¿Sos un jugador frustrado?

-No me considero así. Jugué al fútbol, fui arquero en el Tanque de Minas, pero lo que siempre tuve claro es que quería ser relator de fútbol. A los siete u ocho años, en la escuela y con mis compañeros que me hacían el sonido ambiente, relataba partidos y así empezaron mis primeras experiencias imaginarias con esto. El periodismo deportivo, la investigación, la descubrí más tarde, siendo grande y en Argentina, cuando trabajé con Fernando Niembro.

-Pero acá, ¿dónde empezaste?

-En el año 80 arranqué en radio Sport; yo hacía estudios, pero estuve pocos meses. Estaba de novio, era muy jovencito, extrañaba mucho y me fui. A los pocos meses, me tomé un avión y me fui de mochilero a Europa con un amigo. Ahí viví experiencias que me cambiaron totalmente la vida, trabajé en la vendimia recogiendo uvas en Francia, llegué preguntando a Roma, como se dice el dicho.

-¿Eras un rebelde?

-Siempre fui así. Tenía (y tengo) una personalidad muy inquieta, muy contestataria por momentos. Y eso me ha traído varios problemas, pero también me permitió vivir todas las experiencias increíbles por las que atravesé.

-¿Cuándo se da el reenganche con los medios uruguayos?

-Cuando volví de Europa tenía clarísimo que quería ser periodista. Golpeé las puertas de todas las radios hasta que conseguí entrar en 1984 a Radio Monte Carlo. Pero no hacía deportes: estaba en Casa de gobierno, en el Parlamento. Era un periodista más de la radio, pero tenía esa pasión por el relato. Entonces. un día me hicieron una prueba en radio Oriental como relator. Les gustó y quedé. Pocos meses después tuve la suerte de relatar en exclusiva y con Jorge Da Silveira la Copa América de 1987, que la ganó Uruguay.

-Y el pasaje a Estados Unidos, ¿cómo se dio?

-Me fui por mi espíritu rebelde. Yo estaba muy bien en Oriental, pero resulta que un comentarista español me había dicho que quería que yo fuera a relatar a Barcelona. En esos días, tuve una reunión en Oriental donde me plantearon que querían que mi relato no fuera tan comentado, que fuera más parco. Reaccioné y les dije que no iba a hacer eso. Me respondieron que me iban a sacar. Entonces, yo les dije: "No precisa que me echen, yo me voy solo". Y así fue. Me fui a España y cuando llegué, a ese comentarista lo habían echado, así que estábamos los dos sin trabajo. Tomé una rápida decisión y me fui a Estados Unidos. Trabajé como ayudante de cocina, como cualquier inmigrante. Y un día esperé en el estacionamiento al director de la cadena Telemundo de Miami. Le dije que quería trabajar ahí, que tenía experiencia en Uruguay. El tipo se sorprendió mucho por la situación, pero increíblemente me llamó. Me hizo un prueba y quedé: entré al noticiero para hacer la información deportiva. Hacía béisbol, fútbol americano... todo menos fútbol.

-¿Eso te hizo volver?

-Sí, en el año 90 decidí empezar de nuevo en Uruguay. En Estados Unidos se gana muy bien, uno trabaja muy cómodo, pero todo es muy light. Yo necesitaba la pasión de las canchas, del relato, las polémicas y me vine. Nadie me dio trabajo. Estuve siete meses desempleado hasta que Abel Duarte me aconsejó que fuera a Argentina. Fui, probé suerte, golpeé en todas las radios hasta que radio Belgrano me dio la chance de relatar un partido. Hice ese solo y no me llamaron más. Me volví a Montevideo y a los meses, suena el teléfono. Era Alejandro Romay, yo pensaba que era una broma, pero no. Me dijo que había comprado radio Belgrano, que le había gustado mi relato y me llevó allá, donde trabajé con Fernando Niembro, hicimos Las voces del fútbol y hasta ganamos un Martín Fierro.

-Y en 1997 regresaste, ¿por qué?

-Por las hormigas en la cola. Sentía que quería otra cosa y me vine. En el 97 entré a Radio Sport, pero a los 10 meses me echaron. Yo era un tipo rebelde y de repente no respeté algunas trayectorias y me tuve que ir. Trabajé en Córdoba y volví a Estados Unidos, donde trabajé en Univisión por dos años.

-¿Desde 2001 te instalás acá?

-Exacto. En mi vida siempre fui un tipo que hacía todo buscando un lugar en el mundo. Cuando me fui de mochilero o en los diversos destinos que fui tomando. Pero en ese momento me di cuenta de que mi lugar estaba acá. Lo que le pasa a mucha gente, que no puede ser feliz porque realmente no valora lo que tiene más cerca. Hoy, por suerte, yo aprendí y estoy muy feliz con lo que tengo. En lo profesional, empecé en Radio Nacional, la pasé mal en 2002, tuve que hipotecar mi casa para seguir con el programa que yo creía que iba a tener repercusión y la tuvo. Me llamaron de VTV, una propuesta de la que dudé al principio, producto de que no me veía en el perfil, había tenido cuestionamientos hacia integrantes de Tenfield. Pero acepté y no arrepiento para nada. Después, surge Punto penal, el regreso a la Sport y La hora de los deportes.

-¿Se puede decir que estás estable?

-Totalmente. Además, veo que me llega un reconocimiento que en este país cuesta mucho. A mí me costó muchísimo y me gusta que así sea. Me encanta que este país sea crítico, que haya una sociedad contestataria. Es más: me alarma que en los últimos tiempos eso se esté perdiendo y que aceptemos algunas cosas sin mayores críticas. Como que nos estamos adormeciendo.

-¿En Tenfield se trabaja con libertad?

-Te voy a decir algo que puede sonar raro, pero es así: nunca fui más libre en un lugar que en Tenfield. Yo he sido crítico de muchas cosas de la empresa y del Grupo Casal y nunca nadie me llamó para hacerme un cuestionamiento. Critiqué cuando se llevaron a los jugadores de Peñarol (Bueno, Bizera y Rodríguez), los horarios de los partidos que se hacen para que yo pueda hacer la previa en VTV. O sea que estaba fustigando sobre algo que me permitía trabajar. Y así muchas otras cosas. Claro, tampoco soy tonto, ¿no?

-¿Cómo es su relación con Da Silveira?

-Fantástica. Tuvimos dos etapas anteriores en Oriental y en la Sport, donde sí hubo complicaciones. Pero hoy los dos hemos aprendido a respetarnos, nos entendemos y yo me nutro de muchas cosas de él y creo que él también de las mías. En las dos etapas anteriores, quizás producto de esa personalidad rebelde que te contaba, tuvimos varias diferencias. Pero hoy, he aprendido a tener equilibrio en la vida.

-Desde 2006, ocupás el rol de relator que tenía Alberto Sonsol, ¿cómo fue ese cambio?

-Con Alberto, que somos compañeros en la radio y en La hora de los deportes, tengo una muy buena relación, de mucho cariño. Sin embargo, ese fue un tema que nunca conversamos. Cuando me ofrecieron relatar a mí, lo primero que hice fue planteárselo a él. Y me dijo: "Tranquilo, Julio, yo no voy a relatar más. Dale para adelante". O sea, siempre fue por derecha, nunca por atrás.

-¿Cómo preparás el relato?

-Antes lo preparaba más. Hoy, producto de la gran cantidad de partidos y de la actividad, tengo menos tiempo. Pero siempre me preparo frases, miro los jugadores que están y de acuerdo a ellos, se me ocurren cosas para decir en el transcurso de mi relato, que es muy veloz, pasional, con mucho sonido ambiente.

-¿Quién es tu referente como relator?

-Víctor Hugo Morales. Además de ser el mejor, es un tipo brillante y con el que tengo una gran relación. También me llevo bárbaro con Kesman, es un tipo como mucha calle, mucho boliche y tenemos química. Después, con los demás relatores tengo con todos una relación correcta. Igual, yo recién ahora siento que estoy en un momento competitivo como relator. No te olvides que estuve seis años y medio sin hacerlo y recién hoy me puse a tiro.

-¿De qué cuadro sos hincha?

-Una vez lo dije eso y juré no repetirlo. Porque en este país no es fácil con la pasión futbolera que hay. Cuando chico, yo era hincha de un equipo grande, pero hoy, el que fue ídolo de mi infancia, no me habla. No tenemos diálogo. ¿Qué quiero decir? Que cuando uno se mete en este mundo del periodismo deportivo, se pierden totalmente las camisetas. Yo hoy no siento pasión por ningún equipo; me identifico más con procesos, con técnicos. Pero hincha, ninguno.

-Tenés mucho cuidado de la imagen, ¿por qué?

-Siempre fue así, desde chico. Cuando estaba de mochilero andaba con el secador en la mochila, con eso te digo todo. Y hoy que trabajo en televisión, creo que la apariencia es fundamental. Me viste Hamlet.

-¿Y la cama solar?

-La dejé. Es algo que forma parte de mi pasado.

-¿Por las bromas?

-No, a mí las cargadas y las críticas no me molestan. Al contrario, te diría que me estimulan a seguir adelante. Me motivan mucho las críticas.

-¿Seguís siendo un tipo complicado?

-Mucho menos. En verdad, soy un tipo mucho más sencillo y humilde de lo que la gente podría pensar. A mí mismo me pasa. A veces miro grabaciones de los programas de TV y me pregunto: "¿ese realmente soy yo?" Me veo batallando, polemizando y la verdad que no soy así. Me gusta, claro, lo que hago. Pero también me encanta divertirme, estar con mis hijos. Te digo más: estoy en este momento en una situación de que si me tocara morirme mañana, no tengo ninguna factura que pasarle a la vida.

-La hora de los deportes tiene ribetes humorísticos, ¿está armado?

-No. Las peleas con Gorzy se dan porque es imposible no calentarse con él, con las cosas que dice. Y después, la seriedad o no, está marcada por la hora: si a las 23:00 lo hacemos formal, nos dormimos todos. Así que fue dándose que le agregáramos más toques de entretenimiento.

-¿Clasifica Uruguay al mundial?

-Yo creo que sí. Que a Costa Rica le ganamos.

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