Los presidentes de Estados Unidos no son más que espectadores variados a la hora de ir al cine, pero todos ellos parecen tener un denominador común y, para la cartelera de la Casa Blanca, eligen películas populares y de ser posible con final feliz.
Así lo indica el documental "Todos los filmes del presidente", que el pasado jueves 7 de agosto emitió la cadena de televisión estadounidense Bravo y que devela los secretos de la sala de cine privada que existe en la Casa Blanca.
Allí, el clásico más popular ha sido durante 50 años el filme de Fred Zinneman "A la hora señalada".
El filme protagonizado en 1952 por Gary Cooper es el preferido de George W. Bush y también la vio Dwight Eisenhower (1953-1961), que pidió que se la proyectaran tres veces en la Casa Blanca. Bill Clinton también asegura haberla visto hasta 20 veces en su vida.
Como sugiere el productor de este programa, Burt Kearns, "es una película que puede servir de metáfora para la presidencia", con una historia centrada en un sheriff dispuesto a enfrentarse él sólo contra los que ponen en peligro su pequeño poblado del oeste.
Durante sus tres horas de duración, el documental desgrana otros títulos populares como son "Casablanca", "El campo de los sueños", "Sabrina", "Roman Holidays" y "El puente sobre el río Kwai".
Todos ellos reflejan el tono popular de los hombres que están al frente del país a la hora de ir al cine, ya que demuestran ser amantes de filmes que sus electores también hicieron destacar en las salas de estreno.
LARGA DATA. La historia de las proyecciones presidenciales se remonta más allá de los 50 años que analiza el programa.
De hecho la primera de la que se tiene constancia tuvo lugar en 1915 cuando D.W. Griffith proyectó uno de los primeros épicos del cine, "El nacimiento de una nación", a Woodrow Wilson (1913-1921). El entonces presidente recibió este film de tintes racistas con palabras de pesar con las que subrayó que "todo era demasiado real".
"Todos los filmes del presidente" está basado en el diario que llevó Paul Fisher de las más de 5.000 películas que mostró mientras trabajaba en la Casa Blanca bajo el mandato de siete presidentes. Todos ellos se decantaron no sólo por películas populares, sino, en general, de tono optimista y con final feliz, a ser posible.
Eisenhower prefirió las de vaqueros que las de guerra, pese a ser un héroe de la II Guerra Mundial.
Richard Nixon (1969-1974) quiso ver los musicales de la época dorada de este género mientras tenía lugar la guerra del Vietnam y Ronald Reagan (1981-1989) y George Bush (1989-1993) prefirieron los clásicos de Hollywood, esos que ofrecen la visión más idílica de Estados Unidos.
CINEFILOS Y NO TANTO. Las palomitas y los refrescos también son un alimento común en esta sala oscura que a Jimmy Carter le gustaba tanto frecuentar. El fue quien más películas vio, un total de 580 películas durante sus cuatro años de mandato (1977-1981)
También ha sido el único hasta la fecha en ver una película X —clasificada así en Estados Unidos por alguna escena escabrosa— pidiendo que le fuera proyectado el filme "Perdidos en la noche".
Nada cinéfilos fueron Franklin D. Roosevelt (1933-1945) —limitó sus elecciones a cortometrajes con finales felices— y Lyndon Johnson (1963-1969), que sólo disfrutaba del cortometraje documental "The President", centrado en su figura.
Por contra, el actual mandatario George W. Bush y su predecesor, Bill Clinton (1993-2001), han disfrutado del gusto más ecléctico, mezclando títulos serios como "Rescatando al soldado Ryan" y "La lista de Schlinder" con comedias al estilo de "Austin Powers" y "La pistola desnuda 2/3".
En general todos los títulos han servido para el entretenimiento familiar y las únicas muestras del cine internacional llegaron durante el mandato Kennedy (1961-1963), cuando Jackie Kennedy que hablaba francés a la perfección, pedía películas como "El año pasado en Marienbad", de Alan Resnais.
Sólo Ronald Reagan, el actor convertido en presidente, se atrevió a utilizar su nueva posición para enviar sus comentarios al director sobre lo que tenía que cambiar para conseguir una gran película.
El "incidente" tuvo lugar con la proyección de la miniserie "El día después" (1983) sobre una catástrofe nuclear. El director, Nicholas Meyer, hizo caso omiso de las notas.
Rocío Ayuso (EFE)