Por: Analía Filosi
Si sintoniza Utilísima un domingo o lunes de noche, se encontrará con un cocinero muy carismático dispuesto a sacarle jugo a una hermosa casa a orillas del río en la que, como buen argentino (o uruguayo, si lo fuera), no falta un lugar para cocinar a la parrilla. Los seguidores de esta señal de cable saben que estamos hablando de Ariel Rodríguez Palacios, un reconocido chef y Maestro de Cocina que desde 1999 trabaja para el grupo Fox. Pero hasta el momento, lo habitual era verlo en programas de estudio o en algún eventual viaje por el norte argentino. Desde el 12 de junio decidió darse el gusto de hacer un programa en exteriores y, si era en su casa, mucho mejor. Así nació Ariel a la Parrilla (domingos, 22 horas. Repite los lunes, también 22 horas, y en más horarios en la semana).
"Tenía un montón de años haciendo programas de cocina en estudio. Había tenido una experiencia en Utilísima, hace un par de años, pero de muy pocos capítulos, de un programa de asados en estancias. Empezamos a ver que estaba bueno el tema del fuego, la parrilla, asar… y comenzamos a definir el proyecto", cuenta Ariel desde un teléfono celular en el que se nota que está en su nuevo ambiente: fuera de estudio. "Utilísima había experimentado con chefs cocinando en su casa y el resultado era bueno, el personaje se sentía cómodo. Entonces decidimos hacerlo en mi casa", sigue.
Hay que destacar que esa casa no se encuentra en la ciudad, sino en las afueras, rodeada de mucha naturaleza, un lago con patos, mucho terreno. Es decir, una locación ideal para ponerse a hacer "vida de parrilla". Porque de eso se trata este ciclo, de compartir no sólo lo que asar ofrece desde el punto de vista gastronómico, sino también lo que brinda y significa desde el punto de vista de la sociabilidad.
"La parrilla es algo que me gusta mucho en mi vida no sólo como cocinero, como chef, sino que la disfruto mucho socialmente. El hecho de asar, de prender fuego. Por ahí, si hago empanadas, no las hago adentro de casa, sino que prendo un fuego y las cocino en un brasero, como lo ves en el norte argentino. Pero porque lo disfruto, con los amigos, la familia alrededor, el fogón… Me gusta cocinar, pero también el fuego me atrae mucho. Podría decir que la parrilla es una de las cosas que más disfruto vivir en la cocina", destaca este hombre que bien puede aparecer solo en Ariel a la Parrilla o rodeado de sus seres queridos. "La parrilla no es sólo lo que comés sino la experiencia previa, porque en la parrilla o en los fogones generalmente vas disfrutando con la familia, parejas amigas… todos alrededor, tomando una copa de vino. Sale un `probá esto` o `esto es buenísimo`, o se cocinan cosas que por ahí son muy ricas de hacer en el momento en la parrilla y no sirven para llevar a una mesa", agrega quien no sólo enseña a cocinar las carnes más típicas al fuego, sino que también incluye otras opciones, como pescados, aves, pizzas o empanadas salteñas, además de guarniciones.
En casi cincuenta jornadas de grabación, que fue lo que llevó grabar el primer ciclo de Ariel a la Parrilla (se emiten dos programas de media hora por domingo), era lógico que la familia del conductor se colara más de una vez delante de cámaras pues ese es el lugar donde vive. "Muchas veces viene el perro, salta, se roba algo. Aparece uno de mis hijos, grita. El vecino prende la máquina de cortar pasto". Pero no aparecen sólo porque era inevitable, sino porque Ariel los quería formando parte de la propuesta. "Por toda esa cosa social. Estás con los chicos, que no son de contar sus cosas, y al lado del fuego, con tiempo y el `alcanzame esto`, te empiezan a contar y se dan situaciones muy lindas" destaca el padre de Gaspar (18 años), Felipe (17), Máximo (13) y Lourdes (10).
"Es un programa muy dinámico, pero te tiene que gustar realmente la cocina para verlo sino no lo vas a soportar. Tiene situaciones que a veces son graciosas, como tirarme en paracaídas o disfrutar cocinando con mis dos hijos más chicos que son dos personajes", describe Ariel.
EXPERTOS ASADORES. Así como en Uruguay decimos que hay tantos directores técnicos de fútbol como habitantes, para Ariel lo mismo podría aplicarse para el arte de asar, sea en Uruguay o en Argentina: hay tantos expertos parrilleros como habitantes. "No hay profesional que valga, se las saben todas. Uno escucha y, de paso, aprende", dice el chef y pinta otra imagen típica en ambas márgenes del Plata: "lo usual es los hombres en la parrilla y las mujeres en la cocina haciendo las ensaladas o en otro lugar. Está dividida la cosa".
Aún sabiendo eso, no cree que su programa esté dirigido más a los hombres que a las mujeres. "En los programas con carne, asados, asador… tenés que tener ganas de ensuciarte por el fuego, tener fuerza para dar vuelta un cordero que pesa diez kilos, sufrir el calor… por ahí atrae más a los hombres", reconoce, pero enseguida acota: "si bien sé que los hombres quizás lo pongan en práctica, es un público mixto. Por eso, hago otras cosas, como un pastel sobre la parrilla. Es decir que doy la opción, si vos no tenés ganas de cocinar a la parrilla, podés hacer eso mismo en el horno de tu casa. Con eso abarco todos los públicos. Además, contemplo también a los que no tienen un parrillero en su casa".
La idea es mezclar vida al aire libre con el estilo didáctico que identifica a Ariel, al que se conoce como el Maestro de Cocina. "Yo me dedico a enseñar. Empecé a hacerlo cuando tenía 22-23 años, en lo que en aquel momento eran las escuelas de hotelería. En una época, viví de ser maestro de cocina. De toda la vida tengo la idea de que la receta es un accidente; más vale ser técnico, comprender lo que pasa, así la cocina no te domina a vos. Si comprendés todo, podés cocinar bien", explica quien supo tener un programa de TV dedicado exclusivamente a enseñar técnicas. "Te hacía una técnica: cómo se troza un pollo, cómo se utiliza la mostaza, qué pasa si la quemás. Y al final preparábamos un pollo a la mostaza, resultado de las técnicas. Después, con esas técnicas, vos podías hacer cualquier carne a la mostaza".
Si bien hace TV desde 1996, se confiesa un mal espectador de programas de cocina, es decir, no los ve. "Para mí la TV es diversión para la gente, entonces cada uno tiene derecho a elegir lo que le gusta. Normalmente esos programas no me enganchan, ni los locales ni los extranjeros. No puedo ser muy crítico de algo que no veo mucho. Igual creo que están buenísimos porque, más allá de que esté bien hecha la receta o te divierta la persona que la desarrolla, es un disparador para conocer nuevos productos y sus usos. Por ejemplo, te enterás de que para hacer un kilo de azafrán necesitás 250 mil flores, que manualmente hay que cortarlas y sacarles los pistilos. Eso culturiza, y hace que empieces a respetar y a querer probar otras cosas".
Los próximos pasos de Ariel incluyen el lanzamiento de la edición actualizada de su famoso libro Técnicas Básicas del Maestro de Cocina, un manual de consulta en escuelas de gastronomía y también de cualquier amante de la cocina. "Es un libro para la gente que le gusta cocinar en el que encontrás de todo, todas las bases de la cocina", detalla.
Hasta casi fin de año, habrá Ariel a la Parrilla y después se verá. "Está la idea de continuar, pero todavía no hay nada definido", cuenta y, medio en broma, medio en serio, tira un par de ideas para que Utilísima recoja el guante: "nunca hice un programa surfeando, que estaría buenísimo, o uno en Uruguay. Podría ser el Maestro Parrillero Uruguayo. Si me llevan a Punta del Este y me dejan a vivir ahí, estaría muy bien".