Después de 13 años, Jorge Da Silveira cambia de dial. 2010 fue su última temporada en Sport 890 y desde este 1ro. de febrero, el comentarista estrena A Fondo, que irá de 8:00 a 12:00 en la radio Nuevotiempo AM. A la hora de los partidos, Da Silveira forma dupla como comentarista del relator Roberto Moar, en Carve.
Edward Piñón, Oscar Cross, Fabián Bertolini, Rodolfo Larrea, Leonardo Benítez y Alejandro González en básquetbol completan el equipo de A fondo, que está listo para salir a la cancha. "Soy un hombre muy competitivo. Me gusta ganar en todo", dice Da Silveira
Alias "Toto", abogado que no ejerce, de 67 años, periodista desde 1961, Da Silveira es padre de tres hijos: Florencia, Manuela y Jorge. En entrevista con Sábado Show hace un adelanto del programa que se viene y no se call`a nada.
-¿Cómo recibe este cambio?
-Bien, muy bien. Lo más difícil era irme. Fueron 13 años y medio, diría que de mutuo beneficio. A Sport 890 le di lo mejor de mí y la radio también me dio mucho. De entrada, a mí me sedujo ese proyecto. Porque tenía la visión de que con un espacio largo la gente podía captar la persona que hay detrás del comentarista. Cuando uno está comentando fútbol, que es algo muy pasional, normalmente uno calienta gente con las cosas que dice. Si se critica a un grande, hay medio país que se molesta. Lo de la Sport era el comentario más una audición diaria. Y en un programa hay tiempo de otras cosas, de la vida, de valores, y en ese aspecto la radio fue muy positiva conmigo. Me dio la posibilidad de decir quién era la persona detrás del comentarista.
-¿Por qué la renuncia entonces?
-Hubo varios incidentes. En estos 13 años en la radio tuvimos enormes dificultades. Siempre el talón de Aquiles fue la parte comercial. Por momentos, no entraba dinero suficiente y llegamos a estar cuatro meses sin cobrar en una época. Esas cosas, sin embargo, nunca me hicieron pensar en la posibilidad de irme. Sobre todo, por el respeto mutuo. Yo siempre fui una persona muy respetada, muy consultada en todos los aspectos, aunque después las decisiones las tomara otro, pero uno se sentía considerado. Eso hacía que yo estuviera muy involucrado, a veces, hasta con la gestión. Llegué a ser director. En 2008 viene la venta de Sport a sus actuales dueños y ahí tampoco hubo problemas. 2009 arreglamos sin problema, 2010 tampoco. Pero después sí empezaron a suceder cosas que no me gustaron.
-¿Cuáles?
-A principio de año, hubo una situación que no me agradó. Yo quería cubrir una vacante que había dejado Hugo Peyre (fallecido), entrañable amigo y gran periodista, y sugerí el nombre de Rodolfo Larrea. Pero durante un buen tiempo hubo evasivas hasta que un día encaré la situación y no me gustó la respuesta. No me dieron razones. Después, vino todo lo previo al Mundial y el Mundial. Tuve discrepancias grandes con la conducción de la empresa. Yo ya había perdido aquella condición de hombre consultado y se resolvían una cantidad de cosas sin preguntarme siquiera. Por ejemplo, al operador con el que siempre trabajo, le dieron licencia cuando empezaba mi trabajo en el Mundial. Pusieron a una persona que no sabía grabar. Macanudo, pero no sabía. Todo el tema comunicaciones fue dramático. También el problema con (Julio) Ríos, todo eso fue caótico.
-¿Pero iba a ir a Sudáfrica?
-Sí, pero no sabía qué iba a hacer la radio. Para mí, era un mundial muy importante, el número 12. Nadie en el Uruguay lo había hecho antes. En el mundo, hay solo dos personas que tienen más mundiales que yo: Macaya Márquez que tiene 14 y un periodista británico con 13. Me reuní entonces con la gerencia de la radio y pregunté qué iban a hacer. Me dijeron que se estaba pidiendo mucho dinero por los derechos y no sabían si iban a comprarlos. Yo respondí que necesitaba un pronunciamiento porque si no, tenía que buscar soluciones alternativas. Tenía la posibilidad de Canal 10, que, a través de Daniel Acevedo (productor de Punto penal) me habían dicho de comentar para ellos. La radio me respondió que mejor que arreglara con el 10, sin perjuicio de que haga cosas para Sport. Bueno, arreglo, pero la prioridad la va tener el 10. Y así fue.
-Pero usted no se fue en ese momento...
-Yo tenía contrato y lo cumplí. A la vuelta del Mundial tampoco vi que las cosas mejoraran. Así que en noviembre comuniqué que iba a hacer lo que nunca hice, escuchar ofertas. Le pregunté a Acevedo si una oferta que me había hecho Carve hace 4 años seguía en pie. Él averiguó y me dijo que sí, que a ellos les interesaba. Así fue. El 24 de diciembre fue mi último programa en Sport. Acevedo, además, se transformó en mi socio en este proyecto en Nuevotiempo.
-¿Ya está todo listo para A fondo?
-Sí, estamos muy bien. Armamos un equipo muy bueno y salimos a competir. Soy un tipo muy competitivo, me gusta ganar a todo, a la bolita, a los amistosos.
-¿Cómo se imagina la competencia con Sport?
-Muy dura, pero leal. Sport armó una dupla con Federico Buysán y con Martín Charquero. Dos periodistas muy buenos que van a hacer bien su trabajo. La gente decidirá. A nosotros, en la respuesta comercial, nos ha ido muy bien hasta ahora.
-¿Por qué A fondo?
-El nombre Da Silveira con usted no me gusta. Nunca pude nombrar el programa en 13 años. Me sonaba horrible.
-¿Qué cambiará con A fondo?
-Creo que tenemos que hacer un programa mejor. Quiero un programa muy ágil, con mucha información, con opinión, no largos debates pero sí pequeños temas que generan opinión. Vamos a ver, ahora viene esta etapa nueva y hay que matarse en la cancha. No hay que fallarle a los que creen en uno, a los clientes y fundamentalmente al oyente. De a poco, la gente va a probar… si hacemos las cosas bien y los convencemos para quedarse, bienvenido. Soy consciente igual de que de entrada no voy a tener la misma audiencia que tenía en la Sport. Lleva un tiempo. Este año, además, cumplo 50 años de radio el 3 de junio. Pensaba que los iba a cumplir en Sarandí, donde empecé, pero va a ser en Carve.
-¿Cómo se lleva con el ego?
-Lo tengo muy controlado, por suerte. Es muy difícil. Este ambiente es la feria de las vanidades, muy complicado. El problema más grande en la vida es ubicarse. Está lleno de desubicados el mundo. La obsesión mía fue controlar el ego y ubicarme. Y tener un profundo sentido de autocrítica que felizmente tengo y se lo transmití a mis hijos, que son mi orgullo, a los que adoro. Lo único que les exigí a mis hijos fue que fueran buena gente. Y fueron mucho más que eso. Tengo una hija que ustedes conocen, muy mediática.
-¿Vio a Manuela en su nuevo programa, Sonríe (Te estamos grabando)?
-No como me hubiera gustado porque ese día jugaba Uruguay-Venezuela en sub 20 y tenía que hacer zapping. Pero lo que vi me gustó. Me encanta verla, me gusta lo que hace. Estoy orgulloso de ella, primero como hija, como ser humano. Ella es muy autocrítica y como yo, difícilmente le satisfaga algo que hace. Tiene bien claro que tuvo un crecimiento explosivo, hay que cuidarse mucho de eso. Porque mucho más rápido de lo que se sube se baja y mucho más cuesta mantenerse.
-¿Le da consejos?
-Con mis hijos tuve una relación fantástica hasta los 18 años. Estudiaba con ellos, los acompañé en todo, pero tuve que parar. Hubo un momento en que todo el mundo les decía "Tota" a mis hijas. Yo las hice deportistas. Nadie sabe que Manuela fue la mejor gimnasta olímpica de su generación durante seis años. A mí me encantaba verla y las acompañé siempre. La mayor, Florencia, fue medalla Sudamericana con Uruguay. Ella, a diferencia mía y de Manuela, tiene alergia a las cámaras, trabaja en una compañía inglesa. De mis tres hijos, la que menos aceptó mi notoriedad fue Manuela. No me quería compartir. Si daba cuatro o cinco autógrafos y ella ya empezaba a tirarme del brazo para sacarme. Respecto a los consejos, hasta los 18 estuve muy encima de ellas. Después ya no. No me meto. Si me preguntan, como alguna vez me consulta Manuela, todo lo que quiera podemos conversar. Pero no me meto, en ningún tema. Mucho menos en asuntos de trabajo o de amor.
-En lo previo al Mundial, usted tenía una posición bastante crítica de las chances de Uruguay, ¿cambió esa idea?
-No. Yo decía que tenía confianza que le fuera bien a Uruguay porque el grupo estaba formado por buena gente y buenos profesionales. Fuimos bastante más allá de lo que pensábamos todos. Imaginaba una actuación digna, pero nunca pensé que Uruguay iba a tener posibilidades de ser campeón. Y la tuvimos. Nos robaron los árbitros en dos partidos, contra Ghana y contra Holanda. De lo contrario, capaz que llegábamos a la final.
-¿Fue inesperado?
-Y sí. Lo que pasa es que veníamos de una Eliminatoria muy mala. Entramos por la ventana al Mundial. Jugamos un repechaje contra Costa Rica que no fue fácil. Así y todo creía en este grupo. Después de muchos años en que tuvimos malos profesionales que afectaron nuestras posibilidades, esta vez había un buen grupo. Tabárez tuvo un gran mérito al conformarlo.
-Con Tabárez tuvo un enfrentamiento. Después de Sudáfrica, ¿lo convenció como técnico?
-Tuvo muchas virtudes y yo tenía muchas dudas previas. Es verdad. Lo que se vivió en el mundial Italia 90, cuando los jugadores decidían qué dirigentes entraban a la concentración o los errores de la Eliminatoria, no quería que se repitiera. Pero esta vez, cuando se hacen las cosas bien, hay que decirlo. Tabárez tuvo muchos aciertos en la conformación del grupo, en la preparación previa, no hizo giras ni desgastó a los jugadores y también en el lugar que eligió para concentrar en Sudáfrica, así como la conformación del equipo después del primer partido ante Francia.
-¿Volvió a hablar con Tabárez?
-No, no. Pero a mí no me afecta nada. Los temas personales en lo profesional no deben incidir jamás. En 2004, había un jugador de Nacional de quien yo tengo muy mal concepto como persona y en el 80% de los partidos tuve que decir que era el mejor de la cancha. Así es. He criticado a amigos y me ha costado la amistad. Esto es así.
-Tal vez a algunos jugadores no les gusta que usted hable de "la cabecita" o les diga que están mal de la cabeza...
-Puede ser. (Carlos) Bueno se molestaba, (Horacio) Peralta también. Problema de ellos. Yo le tengo que decir a la audiencia lo que pienso, le guste o no le guste el jugador o al técnico. Mi compromiso es con el oyente. Y en definitiva, somos todos hombres públicos y la gente elige, el dial es muy frondoso, hay mucha gente talentosa trabajando. El gran desafío que yo tengo ahora en Carve y en Nuevotiempo es que voy a tener una competencia muy fuerte. Hay que luchar contra una radio deportiva ya impuesta. Lo mejor que le puede pasar al oyente es la competencia. Me encanta tener competidores que me exijan porque obliga a superarme.
-¿Ha pensado en algún momento en las circunstancias que lo lleven a su retiro?
-Si tengo salud, voy a seguir hasta el día que me muera. Porque en primer lugar lo necesito económicamente. Hay una circunstancia familiar que me genera un compromiso económico muy fuerte y nuestra jubilación es una desgracia. Pero hay dos cosas que pueden determinar que me retire: una, que la cabeza no me responda y lo otro es que algún día no tenga el valor necesario como para decir lo que pienso. Hasta ahora lo tuve siempre y jamás pensé en la repercusión que podía tener algo que digo, lo digo y banco. De repente algún día no me pasa eso. Y ahí prefiero quedarme en mi casa. En el acierto o en el error, lo que más se respeta es la trayectoria. Soy consciente de que la gente tiene de mí un concepto dado. Son muchos años. Hay gente que no me puede ni ver, ni escuchar. Están en el inventario. Después están los que creen en uno que por suerte son unos cuantos. Eso no significa que siempre estén de acuerdo conmigo, pero saben que uno dice lo que piensa. Eso es fundamental, mucho más en un ambiente donde hay muchos intereses.