Por: Elbio Rodríguez Barilari
Nel blu dipinto di blue, cantaba Domenico Modugno. Azul pintado de azul. Volare, cantare… Justito como Avatar, el nuevo juguete filmico creado por James Cameron.
La otra vez dije que Quentin Tarantino me parecía un chiquilín de catorce años con una mentalidad tortuosa y violenta. Con Tarantino tiré la chancleta después de Kill Bill. E Inglorious Basterds (Bastardos sin gloria), con el penoso espectáculo de judíos torturando nazis no hizo más que confirmarme el diagnóstico.
El cine estadounidense comercial padece de inmadurez crónica. Y en Avatar, el titánico James Cameron exhibe sus ocho años de edad mental.
Ojo, la película es muy linda, MUY linda, por un rato. La rocas flotantes a lo Magritte y esos seres extraterrestres azules y longilineos que parecen sacados de Fantasía… todo muy bonito.
Además, la película quiere ser duramente antimperialista y anti racista, al punto que muchos estadounidenses salen shockeados y deprimidos del cine, preguntándose si ellos serán realmente tan malos, o por qué ellos habrán sido capaces de ser tan malos. Lo cual, después de ocho años de delirio bushista, es un ejercicio muy necesario.
En este momento en los Estados Fundidos de América hay mucha bronca contra las corporaciones. Los tiburones de Wall Street casi funden al país y al mundo. Así que Cameron no tiene ningún problema en pintar a una corporación codiciosa y sanguinaria dispuesta a hacer un genocidio con tal de obtener una preciada materia prima llama unobtainium. Total, históricamente, la Shell, la Standard Oil y la Exxon han hecho cosas iguales o peores con tal de asegurarse los pozos de petróleo.
Esta toma de partido por el más débil no es nueva ni infrecuente en Hollywood. En general se vilifica a Hollywood por John Wayne y tantas películas en las que heroicos cowboys, o caballería, o marines, o ejércitos coloniales blancos en general, masacran a sucios y desgreñados guerrilleros de otras razas, desde mexicanos a apaches y desde afganos a chinos, pasando por la inevitable cuota de alemanes, japoneses y vietnamitas.
El colmo es Gunga Din, un bodrio pro imperialista de 1939 que glorifica a un pobre muchacho hindú que se inmola PARA SALVAR A LOS INGLESES QUE TIENEN SOMETIDO A SU PAÍS. Como el Pequeño Vigia Lombardo, pero al revés.
Sin embargo, no todo es Rambo ni Terminator. El cine estadounidense ha producido su buena cuota de películas denunciando esos excesos. Solamente hablando de indios, recuerdo cosas como Pequeño Gran Hombre, Soldier Blue, Danza con lobos, y las dos de Un hombre llamado caballo. Hay más.
Toda una serie de títulos producidos y/o actuados en los últimos años por George Clooney y Tim Robbins ejemplifican el tipo de crítica social y política, interna y externa, que es una de las funciones del arte en democracia. Y digo UNA función, no la única ni exclusiva. Antes que alguno me salte.
Avatar es como El Último Mohicano transportada al espacio. Una de esas en las que los indios son los buenos, los soldados son los malos, y con un muchachito blanco que se da vuelta y se convierte en héroe de los débiles.
En este caso, tratando de escaparse de ese círculo vicioso donde el blanco termina igual siendo el héroe, Cameron hace que la mente del muchachito sea transplantada a un cuerpo extraterrestre. Cameron, y supongo que muchos de sus espectadores no se dan cuenta de que acá, lo que menos importa, es el cuerpo. Lo que importa es la cabeza, la mente, el cerebro y lo que lleva adentro. Y acá, la que impulsa la rebelión es una MENTE de marine blanco implantada en un cuerpo azul. Negro o cobrizo daba lo mismo.
El muchachito es azul, pintado de azul, pero de mente blanca. Ni siquiera se les ocurrió que, para hacer las cosas menos obvias, el marine podía haber sido negro, Denzel Washington, yo qué sé… A pesar de la elección de Obama, y a pesar de que Cameron es canadiense, todavía hay mucho para andar. La sensibilidad profunda en el tema racial y la inteligencia emocional no son abundantes en estas sociedades. Y tampoco olvidemos que la materia gris es una sustancia aún más escasa que el misterioso unonbtainium.
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