Ernesto Vargas (El Universal-GDA)
NUEVA YORK.- La hermosa chica se enamora del héroe. Nada extraordinario en una historia de la pantalla grande, salvo porque es un terrorista enmascarado que dinamita el Big Ben y hace volar el parlamento británico usando el Metro londinense.
Entrevistada por su rol estelar en "V de venganza", Natalie Portman se muestra complacida por la controversia que causará un filme donde realidad y ficción se mezclan para mostrar a V (Hugo Weaving), justiciero que en el año 2020 lucha contra un poder totalitario, donde se roba al pueblo su libertad por todos los medios. Ella se dejará cautivar por la exquisitez de un hombre que deberá justificar si sus fines son proporcionales a las causas que lo mueven.
—Un defensor de las minorías que reivindica las causas perdidas atentando contra edificios simbólicos, todo está servido para la controversia.
—Será muy interesante ver la reacción del público a una película que trata sobre temas de gran actualidad, el terrorismo, los gobiernos que encuentran en el miedo su principal sustento. La cinta no podría ser más atinada a los tiempos que vivimos; muchos ya están intrigados por conocer el contenido, y la actualidad es perfecta para contar esta historia.
—¿Qué te motivó a aceptar este personaje?
—Me gustó la transformación interna que Evey alcanza, una ciudadana común cuya conciencia empieza a despertar gracias a la ayuda de V. Comienza a descubrir que el mundo no puede verse a través de un solo punto de vista, en este caso, el que el gobierno le impone.
—¿Tú crees que el gobierno impone una forma de ver las cosas?
—No debemos olvidar que se trata de una historia en la pantalla, en la que un dictador se convierte en el "Gran hermano" y le ofrece a la población liberarla de todos sus males a cambio de su privacía y libertad. Entonces, Evey redescubre su capacidad de pensar, de reflexionar su vida, sus acciones y sus propios motivos.
—¿Cuánto pagó el director porque te dejaras rapar en la cinta?
—No mucho, aunque fue un duro golpe a mi vanidad. Pero fue más desagradable hacer las escenas donde el personaje era torturado.
—¿Cómo se trabaja cuando no ves el rostro del otro actor?
—Ha sido uno de los retos más interesantes de toda mi carrera, quizá cercano a cuando trabajé con Jean Reno en "El perfecto asesino". Aquí, era imposible saber las expresiones de Hugo Weaving al decir algo, él se focalizó en el uso de su voz, en jugar con ella para transmitir la fuerza de su personaje, y yo lo seguí.
—Las imágenes que se ven, ¿no te parecen demasiado duras después de los ataques terroristas?
—No creo que la gente se escandalice, cotidianamente se ven cosas más dramáticas en la televisión o, incluso, en otras películas. En ningún momento el objetivo fue traer a la mente del público algún recuerdo doloroso; lo que verán pretende generar una reflexión muy personal acerca de las posibilidades que tiene cada ser humano, qué guarda en sí mismo. Es importante que genere ideas propias en cada espectador.