Nada que declarar

POR SEBASTIÁN AUYANET

Puede sonar un poco animoso de más, pero al César lo que es del César: por estadísticas y sensación en el lugar de los hechos, esta Fiesta de la X iba camino a hacer historia. Y de todas formas la hizo, porque nadie va a olvidarse de la tormenta que impidió el concierto de Loquillo, momento en que seguramente a más de un meteorólogo le hayan ardido las orejas.

Pero nadie tampoco se va a olvidar de lo bien alternadas que estaban las bandas y la casi ausencia de inconvenientes en cuanto a sonido, de que la cantidad de artistas y escenarios parece haber sido la justa y necesaria y también de que nadie se quedó con hambre. Es más, el marco que ofrecía el ida y vuelta entre arena y pasto era mucho más disfrutable que la inmensidad del hormigón en el Parque Batlle o la incomodidad de las canteras, contaminación sonora incluida.

Otro aspecto llamativo: quizá por la falta de hacinamiento o porque 50.000 personas es una cifra aceptable para un predio como el del Roosevelt, lo que resultó interesante fue la posibilidad de ver casi todos los shows -incluso los del escenario principal- bien de cerca y sin riesgo de pogos descontrolados y codazos. ¿Maduró el público o fue apenas una circunstancia del calor y el entorno? Veremos.

Para el final, un apunte: una banda como La Triple Nelson merecía, como mínimo, tocar en el escenario "De Acá". Lo impone la calidad de su show en vivo y el público que fue a verlos.

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