Amo la rambla / el mate/ el trabajo, el esfuerzo / el campo sembrado..." Hace ya cinco años del lanzamiento de este jingle de Jorge Larrañaga, pero seguramente muchos lo recuerden y hasta lo estén cantando en este momento, incluso algunos que no votaron al blanco. Para su creador, el músico publicitario Miguel García, ese es el secreto de un buen jingle: "Tiene que tener recordación, ser pegadizo, pero también con calidad musical. Tiene que ser una canción, más corta, pero canción al fin".
Gonzalo Moreira es otro de los músicos que se dedica a los jingles publicitarios, aunque aclara que ha hecho pocos del tipo político. Esta vez, en cambio, creó con su productora La Mayor la música que acompañará la precandidatura de Marcos Carámbula y a la vez, le hace las grabaciones a José Mujica. "También preparamos un jingle para Lacalle, pero no lo han usado todavía y no sé si lo usarán". Miguel García, cuya productora se llama Mezcal, vuelve este año a trabajar para Larrañaga, hizo el jingle de José Amorín Batlle, de Luis Hierro López y de varios candidatos del interior. Pero para más datos, García es el creador "Rulemanes / Larrique / rulemanes", el jingle de Nevada que cantaron Ruben Rada y Jaime Roos, entre otros, los de Tico Tico, el "choco, choco, chocolate, chiqui, chiqui, chiquilín" y un largo etcétera.
En total, ambos han hecho cada uno más de 1.000 piezas publicitarias y explican a Sábado Show el arte de crear jingles, ahora que toman más notoriedad por la campaña política. García continúa explicando: "Antes, los jingles eran todos muy de melodías simples y jazzísticas. Pero desde la era del rock y del pop, se transformaron en pequeñas canciones, con buenas voces, buenos arreglos y un sonido de calidad".
Gonzalo Moreira añade un nuevo elemento para el jingle: las referencias. "Usamos mucho eso de referenciar con el rock, el clásico, el infantil, lo que corresponda en cada caso", añade.
El camino de todo jingle empieza por una empresa o un candidato que busca promocionarse. Podrá mediar una agencia de publicidad o no, pero el pedido llega a una productora de audio, como La Mayor o Mezcal, entre otras. "Nosotros trabajamos para la necesidad del cliente", dice Moreira. "Esa es la primera gran diferencia con las canciones, en donde si bien trabajás para el público, son cosas tuyas". García complementa: "El cliente manda una idea y la trabajamos".
Moreira empezó en el mundo de la música con Canciones para no dormir la siesta y el grupo Rumbo (creador del casi himno de la izquierda A redoblar), bandas con fuerte contenido político de resistencia a la dictadura. Llegó a la publicidad en 1989 y en estos 20 años, ha creado varios jingles para Pilsen ("Yo sé muy bien quién sos..."), Pepsi (¡A dedo no!), Tienda Inglesa, Tata y Mc Donalds.
¿No lo encuentra contradictorio? "No. Algunos pensarán: `vos eras bolche y ahora jugás al tenis`. Pero hay que separar las convicciones políticas del trabajo. No es como en aquel tiempo (los `70 y `80), no nos comemos más el caramelo del bueno y el malo. Yo, mientras no sea un cártel de droga o un asesino, le laburo al que venga. Y en verdad, si nos ponemos a hilar fino, no trabajaríamos para nadie porque todos tienen su lado oscuro".
Miguel García piensa que todavía existe un prejuicio sobre los músicos publicitarios. "Menos que antes, pero en el ambiente de la música, hay quienes todavía dicen que esto de hacer jingles es algo como de segunda. Es de primerísima, trabajamos con los mejores músicos, las mejores voces. La publicidad permite eso, hacerlo con lo mejor porque alguien está pagando para ello. A mí, en lo personal, me ha permitido vivir de mi vocación, que es la música. Me he cuestionado, sí, que me dediqué siempre a full a esto y no grabé mis canciones, que tengo varias. Está pendiente, pero lo voy a hacer", dice García.
En el caso de las piezas publicitarias, ¿no pesa el corazoncito? "Yo no tengo partido político. Los he votado a todos. Y cuando me meto en algo profesional, no hay corazoncito que valga".
Recibido y acordado el pedido de jingle, el paso siguiente es crear la melodía, la letra, encontrar las voces y a quienes ejecuten el trabajo. "En Uruguay, hay excelentes voces y músicos. ¿Por qué? Porque en países donde la industria del disco existe y es redituable, los músicos se dedican a eso y a la publicidad no le dan corte. Acá, en cambio, les da la posibilidad de un ingreso".
Para aquel jingle de Larrañaga, por ejemplo, la voz era de un conocido cantante de rock, pero "como es política", no quiere aparece asociado, relata García.
¿Y el ego? ¿Cómo lo manejan?
La música publicitaria tiene una contra: los jingles se hacen muy conocidos, muchas personas lo cantan, pero nadie sabe quién lo compuso. "Esas son las reglas de juego. Como todo músico, a mí me gustaría que me reconocieran por lo que hago, pero en este oficio las cosas son así. Hago canciones que la gente conoce, le gusta y cantan, pero esa recompensa no existe", asegura Miguel García, de la productora Mezcal,
Un jingle dura de 30 segundo a minuto y medio y según el trabajo, puede costar de 2.000 a 5.000 dólares.
Tanto Mezcal como La Mayor han realizado jingles y música publicitaria para varios países del exterior. "Hemos trabajado para Chile y ellos se sorprenden del nivel que tenemos, en la voces, la calidad musical", asegura Miguel García.
Desde La Mayor, Gonzalo Moreira ha exportado decenas de trabajos.