Lollapalloza: intimidades de un mega festival

Si Lollapalooza no es el festival de rock más grande del mundo, le debe andar raspando

Este multitudinario festival se realiza cada verano en pleno centro de Chicago, cada verano se expande sobre mÁs hectáreas del Grant Park

Por: Elbio Rodríguez Barilari

Este año Lollapalooza tuvo capacidad para 95 mil personas por día y en total se vendieron 240 mil entradas. A 90 dólares por día, o 240 dólares por los tres días, es un vagón de guita.

No todos los chicaguenses piensan que albergar ese cónclave musical en pleno centro de la ciudad es una buena idea. La verdad, es fantástica para los organizadores, que aprovechan toda la infrastructura que la ciudad puede brindarles y tienen al público a mano, tanto turistas como lugareños.

Pero el centro de Chicago se convierte en una pesadilla de tránsito, mugre, multitudes y manadas de borrachos y gente marcando bobera en las esquinas, plazas y hasta sentados al cordón de la vereda, como diría el Sabalero.

Como por la plata baila el mono, y la Alcaldía se lleva un buen fajo, ni se habla de correr Lollapalooza hacia las afueras de la ciudad. Acá primero están los consumidores, y luego el ciudadano.

No se me entienda mal. Yo adoro el rock. Gracias a las transfusiones mentales que ya en los 60 nos hacían la TV y la radio, aprendí a bailar con los Beatles. Y el día que en la casa de Marichu Urruzola, mi compañera de escuela, descubrí a los Rolling Stones, quedé enganchado para siempre.

Aprendí a curtir el rock junto con la música clásica que mi padre nos ponía en el viejo tocadiscos. Y antes que el tango.

Pero me duele confesarlo: el rock pasa por muy malos momentos.

La inclusión de Lady Gaga en Lollapalooza es un síntoma claro de ese bajón.

Lady Gaga es pop. Pop clavado. Pop ultra comercial. Pero sin Lady Gaga y otras estrellas, así como planetas y asteroides, del universo del pop, los empresarios saben que no atraerían ni la mitad de gente.

Solo porque entramos de garrón, me fumé el show de Lady Gaga. Una mezcla pringosa, hecha de tecno revenido heredado de Madonna y de narcisismo extremo. Que, por alguna razón atrae a un público con el gusto anestesiado por American Idol, los Grammys y los premios Bilboard. Gente a la que la música le entra, y se la meten, más por los ojos que por las orejas.

Una día antes nos tocó ver a la misma Lady Gaga zambulléndose prácticamente desnuda en medio del pogo durante el toque de una banda de relleno. Debidamente registrado por las cámaras, el episodio estuvo cuidadosamente diagramado para atraer aún más atención sobre la habilidosa marketinera.

Hay transgresiones y transgresiones. Las transgresiones que vienen de la bronca, de la espontaneidad, del desafío a los convencionalismos y a la hipocresía, son profilácticas, me encantan, las apoyo y a veces las practico.

Otra cosa es hacer cualquier cosa con tal de ser famoso o famosa, sea Lady Gaga o sean los que van a hacer el ridículo con Tinelli. Los que con tal de salir en la tele, así sea por dos minutos, se agarran del caño, comen arañas o son capaces de beber pis ante las cámaras.

Es claro que hay bandas nuevas y buenas. Pero les cuesta un ojo de la cara, y la mitad del otro, llegar a un público masivo.

Por lo tanto los anzuelos tienes que ser la carnada pop y algún grupo histórico, que con su nombre atraiga a la audiencia más veterana. En este caso fue Soundgarden, que hacía como ocho años que no tocaban juntos.

A la prensa chismosa se le hizo agua la boca diciendo que estos caballeros no se llevan bien y que solo se han juntado por la plata. Si Los Olimareños lo hicieron, no veo por que no Soundgarden. Y en todo caso, en el concierto cantaron y tocaron como una flamante y entusiasta banda de garage, como si recién hubieran empezado.

Ahora claro, es Soundgarden, no le pidan nada nuevo. Hacen lo que hacen, fenómeno.Y está bien que así sea.

Pero entre las toneladas de bandas sonando en los diversos escenarios me quedo con dos. Me gusta el estilo grotesco de Gogol Bordello, que es como los Doors pasados por Brecht, pero con su propia personalidad.

Y me gusta Arcade Fire, con su síntesis de cosas que van desde U2 a Peter Gabriel y desde John Lennon a Police, lo menos.

Fuera de eso, tuve que bancarme choclos como la música de ascensor de Erykah Badu y hasta a Los amigos invisibles, con eso les digo todo. Por si fuera poco, pululaban los disck jockeys, esos zombies que usurpan la música de las manos de los humanos.

El rock no ha muerto, pero pide aguas por señas.

barilarius@yahoo.com

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