Tres años después de permanecer encerrada en un camarín de Canal 12 disfrazada de un koala espejado para despistar a todos durante ¿Quién es la máscara?, Laurita Fernández vuelve al mismo sitio en un contexto muy distinto. Esta vez acaba de participar de un programa del canal, pero para promocionar La Cena de los Tontos, la exitosa comedia que protagoniza junto a Martín Bossi y Gustavo Bermúdez y que llegará al teatro El Galpón del 13 al 16 de agosto. Entre recuerdos de aquella experiencia “súper lúdica, divertida e increíble”, la actriz repasa el fenómeno de una obra que lleva dos años a sala llena, reflexiona sobre los cambios en el humor, y cuenta que está buscando el equilibrio entre su presente profesional y un momento personal que la encuentra nuevamente enamorada.
-¿Cómo es arrancar la gira de La Cena de los Tontos en Montevideo, donde se presentan el próximo fin de semana?
-¡Me encanta venir! De chica veraneaba en Punta del Este y La Barra, así que volver me conecta directamente con esos recuerdos de felicidad. Montevideo y Punta del Este son destinos a los que siempre me escapo cuando tengo un fin de semana largo con amigas. Son lugares que sirven para desconectar.
-La obra viene teniendo un éxito arrollador, ¿cómo logró estar dos años en cartel con la taquilla al tope?
-Creo que son varios factores. Primero, es un clásico que está muy bien escrito y por algo fue un éxito en todas partes del mundo, la gente se ríe cada cinco segundos. En segundo lugar, se juntó un elenco donde cada uno venía con su historia y su público, potenciado por la dirección de Marcos Carnevale, que es un capo haciendo comedia, y la producción de Guillermo Francella y Adrián Suar. Había muchas fichas para que saliera bien, aunque lo que sucedió en Buenos Aires y Mar del Plata nos sorprendió a todos.
-A nivel individual, venías muy asociada al teatro musical y acá utilizás todos los recursos de la comedia pura. ¿Buscabas mostrarle al público ese otro perfil?
-Está buenísimo que pase eso, era la idea. El mayor desafío fue encarar los dos personajes femeninos de la obra. En otras versiones eran dos actrices distintas, pero la propuesta del equipo fue que yo hiciera los dos para sumarle un atractivo extra. Hubo un gran trabajo en equipo con dirección, vestuario y maquillaje para que en cada entrada parezca una mujer diferente.
-¿Cómo fue trabajar bajo la mirada de Francella y Suar como productores?
-La exigencia siempre estuvo desde el momento en que aceptamos un título tan potente. Ellos vinieron a aportar desde un lugar súper generoso, entendiendo que la versión que hicieron fue hace casi 20 años y que el mundo y los paradigmas cambiaron. Todo lo que sugerían era para sumar. No son de esos creativos que se quedan atados a lo que hicieron en su momento y quieren que repliques lo mismo. Guillermo estuvo más volcado a lo actoral y Adrián a la producción.
-El humor cambió mucho con el tiempo. ¿En qué lo notás dentro de la obra?
-El rol de la mujer hoy cambió un montón y la forma de hacer humor también, pero la base de la historia es la misma y trasciende décadas: quién es el canchero y quién es el tonto, quién se hace el vivo y termina siendo más tonto de todos. Todos en algún momento nos hemos puesto en el rol de cancheritos o fuimos a los que trataron de tontos. Eso atraviesa cualquier época, ámbito laboral o social.
-¿En algún momento de tu carrera te sentiste subestimada?
-Sí, por supuesto. Quizás por querer incursionar en lugares donde no había tantas mujeres en ese momento, o por la edad, o por lo que fuera. Pero tengo una personalidad a la que eso, lejos de tirarla para atrás, la potencia. Me da más fuerza para demostrar y trabajar el doble para que no queden dudas de que era merecedora de esa oportunidad. Es algo por lo que le toca pasar a todo el mundo.
-De todos los roles que ejercés, ¿en la conducción es donde te resultó más complejo encontrar un lugar propio?
-Sí, pero no por encontrar mi estilo, sino por esto de hacerte un espacio. En general, hay algo en la voz del hombre que tiene otra presencia, entonces las mujeres conductoras tenemos que encontrar qué otra cosa podemos aportar y desde qué lugar. De la conducción me encanta que tenés que ser vos misma: no podés estar detrás de un personaje mucho tiempo porque no se sostiene.
-Eso implica un riesgo.
-Obvio, con todo el riesgo que conlleva, porque te podés equivocar, podés estar mejor o peor, y si algo te pasa se te nota. Pero el público agradece esa genuinidad antes que algo impostado. En la conducción siempre opto por dejarme llevar por lo que la situación me propone.
-Venís haciendo formatos que se prestan mucho para la improvisación.
-Trabajé muchos años con Marcelo Tinelli, que es el maestro absoluto de la improvisación y de captar cualquier cosa que pasa alrededor para armar un mundo. Lo admiré y lo observé mucho. Lo mismo con Guido Kaczka: es un gran productor y conductor. Fui captando todo eso de ellos para ir aplicándolo.
-Hernán Drago quedó al frente de tu exprograma Bienvenidos a ganar (Canal 9). ¿Cómo fue esa transición?
-Hernán fue la primera persona que propuse para ocupar ese lugar desde el momento en que decidí correrme. Me pone muy feliz por él porque es un tipazo, lo quieren todos y quiere mucho al programa. Tuvimos química desde el minuto cero, nos hicimos muy amigos y siempre pedía que estuviera en mis proyectos.
-¿Decidiste alejarte un poco de la pantalla para priorizar la actuación?
-Sí, dar un paso al lado en la conducción fue para volver a conectar con proyectos actorales. Fue una decisión consciente para retomar eso, sabiendo que ya habrá tiempo para volver a conducir, porque me encanta la animación y en cuanto aparezca un proyecto que me entusiasme, ahí voy a estar.
-A nivel personal se te ve enamorada: estás en pareja con un polista uruguayo.
-Sí, muy enamorada. Es una relación que me potencia todo lo que tengo alrededor. Me encuentro en un momento muy distinto de mi vida, mucho más calmada y buscando el equilibrio. Siempre fui muy apasionada y le dediqué todo el tiempo de mi vida al trabajo. Hoy sigo dedicada a mi profesión, pero encontrando el equilibrio para disfrutar de todo lo demás. Hoy me siento más serena, tranquila y disfrutando de lo que hago sin tanta ansiedad.
-¿Y cómo manejás la exposición de la pareja hoy en día?
-Soy bastante cuidadosa, no me gusta andar exponiendo todo ni hacer un reality de nuestra vida. De hecho, él es de subir alguna foto más que yo (risas). Lo vamos manejando bien. A veces le digo “¡che, subiste esa foto donde salí horrible!”, pero hasta de eso me relajé.
-Para cerrar, ¿qué recuerdo te quedó de tu paso por Uruguay cuando participaste de Quién es la máscara?
-¡Fue de las mejores experiencias de mi vida! Recién cuando llegué a la cochera del canal reconocí el estudio y me acordé de cómo me traían. Fue una locura divertida: me metían en un auto con casco, buzo y botas para que nadie se diera cuenta de quién era. Solo me podía sacar el casco dentro del camarín y me comunicaba con la producción pasándole papelitos por debajo de la puerta cuando quería agua o café.
-Y salir al escenario sin saber dónde estabas parada ni a quién tenías enfrente...
-¡Tal cual! Sin tener idea de nada. De pronto venía un coreógrafo, me enseñaba una rutina y a los cinco minutos estaba adentro de un koala gigante dorado y espejado bailando en cámara (risas). Fue una experiencia súper lúdica, divertida e increíble. Me fascinó la producción y el cariño de la gente cuando salió al aire.