-En tu disco anterior la milonga se fusionaba con otros géneros. En "Por Milonga" esa fusión se percibe en menor medida.
—Por un lado, parecería que sí. Parece ser que es un disco más milonguero, pero eso en la superficie porque está lleno de capas. Alguien me decía que en realidad con este disco me había aventurado más, y puede ser que tenga razón. Por ejemplo, en "No es para siempre" cuando la milonga revienta en rumba lo hace en una forma absolutamente natural. No es un disco tanto de fusión, sino que sale naturalmente. Las composiciones me llevaron a hacer más milongas y con aderezos que son más regionales. Todo es en función de las canciones, yo hago lo que puedo, no hay ningún plan premeditado, hago las canciones que apenas puedo hacer.
—¿Sentís que en tus letras hay tópicos que se repiten?
—No estoy a la busca de nuevos tópicos que tocar en mis letras, para empezar, no escribo por órdenes de la providencia. Vi pasar muchos carritos por delante de mí y era como que los carritos me estaban diciendo "nos tenés que escribir una canción"; y un día golpeó mi maestra de quinto año de escuela y me hizo acordar que yo fui un pibe de Escuela Pública y fui feliz. Son siempre las ganas de dejar a través de los textos una enseñanza, de marcar algunos lugares, de nombrarlos... como el recorrido hacía mi patria adoptiva, que es Treinta y Tres. Al lugar donde siempre paso, donde siempre me detengo a tomar algo, pero en definitiva cuento mi vida y la vida de los que me rodean. No soy un estrafalario
—¿La realidad que te rodea sigue siendo fuente de inspiración?
—Te diría que soy demasiado vulnerable a la realidad y que la considero la máxima de las fantasías. Ahí están los relámpagos de Fellini y Victorio de Sica que a uno lo llenan y lo inspiran. Son coordenadas de acción que nos dan los maestros. A esta altura ese es un pequeño patrimonio mío y por eso ya se sabe lo que voy a plantear, soy como River (Plate). Digamos que la sorpresa es un elemento que lo hago entrar en el segundo tiempo (risas).
—¿Alguna vez imaginaste que ibas a hacer tres discos de milonga?
—No me lo podía imaginar ni hace dos o tres años, ni siquiera cuando salió "Efectos personales", yo también estoy sorprendido y hasta es atemorizante. Pero bueno, estamos ahí y hay que darle para adelante, es real. Yo también pienso que es importante, más allá del capricho artístico o del mandato interno, en mi caso esto es un oficio, es una profesión por la que mantengo a mi familia. Eso me engancha en un devenir, tengo que trabajar y parte de eso es hacer discos. Tal vez algún día pueda vivir y no hacer más discos, no lo sé.
—¿Cuánto miraste los otros discos al momento de realizar "Por Milonga"?
—De alguna forma siempre los estoy viendo, hay un efecto de diálogo también, por eso hablamos de tríptico. Fundamentalmente el diálogo me parece que es como el que me contaron en anécdotas mantenía Alfredo (Zitarrosa) con Don Atahualpa Yupanqui: los dos sentados en una mesa fumando y muy pocas palabras, un diálogo de silencios.
—Tus tres discos de milonga fueron Disco de Oro. ¿También te nutriste del respaldo de la gente?
—Aparte de que es un cómo, creo que éste es un disco bastante "esponja", no tanto de Nasser hacia afuera sino más en el diálogo con lo de afuera. Este disco se nutre fuera de la respuesta de la gente. Hay algunas canciones que ya las estoy tocando y otras que ya me las imagino tocando, sin embargo, al principio capaz que eran más unas enunciaciones. Estas son súper reales y responden más a los estímulos de afuera. La explicación de la existencia y la presencia de Jorge Nasser como artista es la gente, en la de todos tal vez, pero en el caso mío es casi lo único que me mantiene vigente. No hice grandes acuerdos, ni alianzas en mi carrera -a pesar de que las busqué-. Hubiera deseado estar en una súper compañía y todo lo que desea cualquier músico, pero bueno, a mí me toco el favor de la gente. Eso ahora yo lo vivo de una forma muy maravillosa, me hace sentir mucha confianza. Esto no es un monologo, es un diálogo.
—¿Es muy difícil ser el productor de tus discos?
—En ese sentido creo que hay una pequeña victoria sobre eso tan difícil que es ser artista y productor a la vez; eso me lo decía Juan Campodónico. Como que había logrado sobreponerme a ese trauma y el productor funcionó por su lado y el artista también. Los dos están sueltos. Creo que Francisco (Nasser) me ayudó bastante. De hecho algo que me ayudó bastante es que este disco no tenía la presión de tener éxito, como sí lo tenía "Milongas del querer". Este era un desafío donde el invento no tenía que tragarse al inventor, y viceversa. Poder asumir mi realidad de que tenía que hacer las dos cosas. Creo que a la larga traté de alivianar las cargas.
Gerardo Minutti
Canciones troncales
La exploración de los tres discos de Jorge Nasser dedicados a la milonga encuentra ciertos parámetros en común, pequeños homenajes que se repiten. Uno de ellos es Alfredo Zitarrosa, músico de referencia absoluta y constante que estuvo presente en "Efectos Personales" con una versión de "De nosotros dos" y que repitió en "Milongas del querer" con "Pal que se va". Pues bien, la tercera no fue la excepción para Nasser y en este caso eligió "Milonga para una niña". "Sin duda alguna es un servidor para mí. Yo mantengo un diálogo permanente con Zitarrosa, estoy en contacto permanente con él y con su obra, donde yo siempre voy a consultar determinadas cosas estéticas. La música de guitarras no empieza por Alfredo, el estilo que todo el mundo asocia con Zitarrosa en realidad es la música de Amalia de la Vega, de Gardel, de los payadores. En realidad es a la música de guitarras del Río de la Plata a la que yo le rindo homenaje".
Otra de las alusiones que se repite en la tres últimas creaciones solista de Nasser es Níquel, la banda que él lideró con éxito durante los 90. Esta vez la elegida fue "No tengo timón": "Es como que me doy la oportunidad y le doy la oportunidad a las canciones que me parece que me ayudan a explicar que soy la misma persona y que no estoy tan lejos de aquel. Alguna gente ve muy diferente lo que hacía antes y lo que hago ahora, tal vez tenga razón, yo lo que puedo decir desde este lado de la piel es que sigo siendo el mismo. Una de las maneras de mostrarlo es recurriendo a las canciones que me permiten, por ejemplo en este caso ‘No tengo timón’ me pareció una idea graciosa que funcionó. La letra tenía algo de tango, el texto promovía presentarla como un tango-milonga y funcionó. Tampoco es mucho más que eso. Utilizo a Jorge Nasser como un compositor al cual se le puede hechar mano, no importa en qué época. De hecho, hay varias canciones más de Níquel que me gustaría hacer".