La historia de Alejandro Borges, el periodista que cambió su vida tras un infarto: "Jubilarse no es desaparecer"

Luego de 40 años en Canal 10, un quebranto de salud marcó un giro en su vida. Se jubiló de "Subrayado" y se reconvirtió con el propósito de dar un mensaje. Sacó su primer libro "¿Qué harías? Historias reales, decisiones difíciles" y va por el segundo.

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Alejandro Borges.

Redacción El País.
Alejandro Borges, periodista y productor televisivo con 40 años de trayectoria en Canal 10, atravesó en 2023 un infarto que marcó un punto de quiebre en su vida. Tras jubilarse, decidió reinventarse y volcó su energía en la escritura. Así nació su proyecto Escritor resiliente y su libro ¿Qué harías? Historias reales, decisiones difíciles, una obra autogestionada con relatos breves basados en hechos reales.

-Trabajaste más de 40 años en los medios, ¿cómo fue tu camino por la comunicación?

-Empecé en la prensa escrita, en La Mañana y El Diario, que hoy ya no existen. Entré casi de rebote al archivo y terminé siendo periodista. Hice policiales, política, información general. Después pasé por Guía Financiera y, más adelante, llegué a Canal 10. Ahí estuve más de 40 años. Muchos en Subrayado, primero como coordinador, después como productor. Trabajé con casi todas las figuras del canal y en todo tipo de formatos: humor, programas de juegos, ciclos periodísticos. Fui quien hacía las preguntas en Salven el millón. Los últimos cinco o seis años volví a Subrayado y terminé como uno de los coordinadores del noticiero, sobre todo dedicado a la logística, la coordinación de licencias, la técnica, los viáticos… todo eso.

-Y en ese recorrido aparece un quiebre inesperado. El infarto.

-Sí. Fue en 2023. No tenía antecedentes personales, aunque sí familiares. Nunca había tenido ningún episodio previo. Ese día yo no tomé conciencia de lo que estaba pasando. Salí del dentista sintiéndome mal, pero lo asocié a una carga emocional fuerte que tenía esos días. Después estuve seis horas literalmente jugando a la ruleta rusa con mi vida, haciendo cosas que no debí haber hecho, a pesar de sentir dolor de mandíbula, hormigueo en la espalda, náuseas. No le di importancia, pensando que era algo circunstancial y seguí con mi rutina.

-¿Cuándo hiciste el clic?

-Cuando ya estaba en el trabajo y mis compañeros me vieron mal. Me tomaron la presión, estaba alta. Me llevaron a la casa de mi hijo y llamamos al médico. El momento clave fue cuando la doctora me puso nitroglicerina debajo de la lengua y, a los segundos, se me fue una opresión brutal en el pecho. Ahí entendí que algo serio estaba pasando. Después vino la ambulancia, la sirena, el CTI. Yo tenía valores que, según los manuales, indicaban más de un 80% de probabilidad de no sobrevivir. Fue suerte. Y también, como me dijeron los médicos, ayudó mucho que hiciera ejercicio, que no fumara, que tuviera una vida activa desde siempre. Fui jugador de fútbol en mi juventud, llegué a la primera de Defensor, y en mi vida la actividad física estuvo siempre presente.

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Alejandro Borges.

-¿Ese episodio cardíaco marca el inicio de otra etapa?

-No hablo de una “segunda vida”, pero sí de un replanteo profundo. Coincidió además con otro hecho bisagra: convertirme en abuelo. Ahí entendí algo maravilloso. Ser padre es increíble, pero ser abuelo es puro disfrute. Hoy no cambio un segundo con mi nieta por nada.

-Después del infarto tomaste una decisión clave: jubilarte de Canal 10

-Fue muy sencilla en realidad. La cardióloga fue clarísima conmigo: o volvía a un trabajo de alto estrés con riesgo real de otro evento coronario, o me jubilaba y hacía una vida más tranquila. No dudé. No le echo la culpa al canal ni al trabajo, sino a mi forma de vivirlo. Yo estaba conectado 24/7, asumía responsabilidades que nadie me pedía. A toda hora atendía, resolvía. No sabía decir que no.

-Sin embargo, la jubilación no fue sinónimo de quietud.

-Al contrario. Me encontré con que mucha gente asocia jubilarse con desaparecer, con volverse una carga. Incluso los propios jubilados lo aceptan. Y eso me generó una rebeldía enorme. Investigué y descubrí algo revelador: “jubilado” viene del latín jubilare, que significa “gritar de alegría”. En cambio “pasivo” viene de passivus: el que padece, el que sufre. Son antónimos. No sé en qué momento la sociedad los convirtió en sinónimos. Yo soy un jubilado, no un pasivo.

-Ahí nace el proyecto Escritor resiliente, bajo el cual sacaste tu primer libro, ¿Qué harías? Historias reales, decisiones difíciles.

-Sí. Yo tenía el cerebro acelerado de tantos años en los medios y en el canal específicamente y decidí canalizar eso en la escritura. Primero escribí un cuento sobre el infarto como agradecimiento a los médicos. Se llama Un regalo inesperado y es la piedra angular del libro. Tuvo una devolución increíble y eso me impulsó a seguir. Empecé a escribir cuentos cortos, todos basados en historias reales, vividas por mí, presenciadas o contadas por sus protagonistas. Sin ánimo aleccionador: la idea es compartir experiencias, emocionar, invitar a reflexionar. ¿Qué harías? Es un libro autogestionado. Soy escritor, editor, corrector, vendedor, community manager. Trabajo con una editorial de autopublicación en España, tengo domicilio fiscal en Estados Unidos, vendo en Amazon y en forma directa. El libro se vendió en Uruguay, Argentina, Estados Unidos, España, México, Inglaterra, Australia. Para alguien que a los 60 reaprendió a escribir, es surrealista.

-¿Qué te genera esa respuesta de los lectores?

-Es lo más valioso. Psicólogos, lectores, gente que estaba atravesando momentos difíciles y se sintió acompañada. Yo no busco fama ni dinero. Busco un propósito, una razón de ser. Y en mi jubilación (en el sentido original de júbilo) la encontré en la escritura y en este proyecto. Yo nunca fui de la tecnología, más allá de lo básico, y en este proyecto creé solo mi sitio web, generé los vínculos para que el libro esté disponible en Amazon y Mercado Libre, contacté editoriales de España y Estados Unidos, establecí un domicilio fiscal en Estados Unidos… A lo largo de este proceso aprendí mucho, me estafaron también, pero seguí adelante. Si hace dos años me decías que yo iba a escribir un libro y generar todo este proyecto, te decía que imposible, que no sabría por dónde empezar. Sin embargo, lo hice.

-¿Cómo es tu vida hoy?

-Soy dueño de mi tiempo. Hago ejercicio todos los días, cuido mi salud, veo y disfruto de mi nieta todo lo que puedo. Y me propuse que todos los días hago algo vinculado a mi proyecto de Escritor Resiliente: y eso no solo implica escribir, algo que hago a diario y ya estoy por sacar otro libro. Implica gestionar, actualizar la web, responder mensajes. La gente me hace devoluciones increíbles; personas que me cruzo y me habla de lo que les generó el libro. Me llamó un psicólogo argentino para comentarme que se están usando mis historias para capacitar a personal y pacientes que trabajan en cuidados paliativos. Todo esto es asombroso. Mi mensaje es: con la jubilación no termina nada. Después de los 60 hay muchísimo para dar. Hay que animarse por lo que uno quiere, más allá del riesgo de tropezar, que te estafen o que incluso no te tomen en serio al principio, siempre se puede gritar de alegría.

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