barialrius@yahoo.com
El cine de puro entretenimiento no tiene nada de malo. No todo el mundo puede ser Bergman, Fellini o Visconti. Y no siempre uno está para ver una película de Orson Welles, Pasolini, Truffaut o Robert Altman. A veces uno quiere ver una comedia, o una película de acción, especialmente un sábado de tarde, una tarde de hastío y de frío, en el cine, el DVD o el tradicional videocasete.
Claro, OTRA vez "King Kong" es un poco mucho, otra vez la del mono.
Pero este chico Jackson, el director de la seguidilla del Sr. de los Anillos, es un chico que evidentemente se niega a crecer. La cabeza de Jackson funciona como la de un mocoso de 14 años y parece, según todos los reportajes, que desde chiquito vivía obsesionado con el mono gigante.
Claro, Jackson es un pendex de los de ahora, con un montón de habilidades técnicas, así que sus películas de aventuras están llenas de efectos especiales.
Todo eso tampoco está mal. Las películas de aventuras para adolescentes, como las de Jackson, tienen un lugar, un mercado, y alguien las tiene que hacer.
A "King Kong" no le ha ido tan bien como esperaban sus productores y distribuidores. Los suculentos millones están entrando ¡clink, caja!, pero no está siendo un gol de mediacancha como el que esperaban.
El nuevo "King Kong" está a la altura de los tiempos. En la primera, la de 1933, especialmente en la versión cortada, que fue la que se comercializó, King Kong era visto con horror, incluso por la heroína, que se limitaba a chillar y patalear todo el tiempo, como la novia de Súper Ratón cada vez que los gatos la secuestraban.
En la versión de 1976, tiempos más concupiscentes, más sexys, más liberados y perversitos, Jessica Lange y el simio tenían como un desmesurado metejón.
En estos tiempos actuales, con toda la exigencia de ser políticamente correctos, PETA y la prédica en contra de la crueldad con los animales, por fin llegamos a un armisticio.
El mono no es intrínsecamente malo, sino un animalito de Dios y ella lo comprende y se encariña como uno con su perro, no es una relación freudiana, sino más bien doméstica.
Es la sociedad la que no entiende al simio, ni acepta su tamaño, lo explota económicamente y termina aniquilándolo. Que es exactamente lo que los humanos estamos haciendo con miles de especies.
Hay que hacer la salvedad de que si uno ve la versión original COMPLETA, la de 1933, se da cuenta de que esa fue la más adulta de todas, porque en el metraje que normalmente no se ve queda mucho más claro el enfoque freudiano, lleno de símbolos y claves. Un intento que la convierte en la única película adulta de las tres. De las cuales, sin duda, la nueva, la de Jackson es la más apta para menores. Claro, menores habituados a dosis colosales de violencia, como son los menores de este siglo XXI.
Sin embargo, lo más interesante para observar es como la prensa y TV de Estados Unidos, que ya han tirado la chancleta por completo y no se pueden llamar propiamente periodismo, HACEN el éxito de un juguete como éste.
Han estado sacando, durante varios meses, artículos, articulitos, articulotes, explicando qué MARAVILLA que es "King Kong" (antes de verla), reportajes "profundos" al director, como si fuera Pasolini, Woody Allen y Godard, todo en uno, fotos, fotos y más fotos, y creando una verdadera psicosis "King Kong". O la vas a ver, o sos un nabo porque no viste la película de la que todo el mundo habla.
Y las críticas han sido acordes, rindiéndole pleitesía a la del mono como si fuera gran arte y no mero pasatiempo.
Es difícil darse cuenta si uno no está acá, pero el periodismo está casi difunto, boqueando. Hay un dominio absoluto por parte de una media docena de compañías que son dueñas de los medios y los escribas se dedican a cantarle loas a "King Kong", a Bush o a lo que les manden.
Así le vendieron a la gente la invasión a Irak, sin ir más lejos.
Es lo mismo con la política (donde la información objetiva o independiente ya casi ni existe), los problemas sociales o el deporte.
Ni hablar del cine, donde los críticos están directa o indirectamente a sueldo de las distribuidoras de películas.
Ni de la música, donde si no pagás coima, las radios no te pasan tus temas. Claro, hay algunos tipos honestos, que se niegan a cantarle ditirambos a cualquier bodrio. Pero están en vías de extinción.
Siempre aparece alguien dispuesto a decir que este "King Kong" (que no es un bodrio pero tampoco es "El Ciudadano") es la mejor película del año, histórica, sensacional, formidable, gloriosa, colosal y genial, a cambio de un sueldito.
Por la plata baila el mono, y nunca mejor dicho que en este caso.