La conmovedora despedida de escena de Juanse Rodríguez: vuelve al teatro mientras enfrenta una rara enfermedad

El actor y director vuelve al teatro con "Volveré y seré millones", un espectáculo de música, poesía y recuerdos. A los 45 años y en plena lucha contra una rara enfermedad, lo define como su despedida.

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Juanse Rodríguez.

Juan Sebastián “Juanse” Rodríguez tiene 45 años y atraviesa esta etapa de su vida con serenidad y gran dosis de humor negro, más alla de que hay preguntas que lo acompañan. Hace cuatro años recibió el diagnóstico de parálisis supranuclear progresiva, una rara enfermedad neurológica que ha avanzado sobre su movilidad y su independencia. Su caso es uno de apenas dos registrados en Uruguay.

Actor, dramaturgo y director, comunicador con recordados pasajes por Canal 10 y Canal 5, Rodríguez escribió 36 obras y lleva tres décadas vinculado al espectáculo. Después de varios años alejado de los escenarios por sus problemas de salud, decidió regresar. Y lo hará con un título que resume ese doble movimiento de retorno y despedida: Volveré y seré millones.

Acompañado por el guitarrista Luciano Gallardo, estrenará el sábado 5 de setiembre, a las 18:00, en el Teatro Stella d’Italia. El espectáculo combinará música, poesía, recuerdos y reflexiones sobre una vida intensa, atravesada por pérdidas, éxitos, golpes y encuentros con grandes figuras.

En esta entrevista, Juanse habla sin filtros de su enfermedad, de la dependencia que ahora lo obliga a necesitar un cuidador permanente, de sus dificultades económicas, de Dios y también de política. “No le tengo miedo a la muerte”, asegura. Pero hay una pregunta que guarda para después: “Cuando me encuentre con Dios le voy a preguntar: ‘¿Por qué? ¿Por qué a mí?’”.

-¿Qué es Volveré y seré millones?

-Hace mucho que no hacía teatro desde que empecé con mis problemas de salud y esto es como volver y despedirme al mismo tiempo. Mucho movimiento escénico no puedo tener, obviamente, así que voy a estar acompañado por un gran músico como Luciano Gallardo. Es un espectáculo cálido, íntimo, para todo público.

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Luciano Gallardo y Juanse Rodríguez.

-¿Qué va a encontrar la gente?

-Grandes canciones, temas de musicales, textos y poemas de Federico García Lorca, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Rudyard Kipling, Sor Juana Inés de la Cruz, Amado Nervo... Fuimos seleccionando materiales que hablan de las pequeñas cosas de la vida y de la sociedad en la que vivimos. Son textos escritos hace muchísimo tiempo y que siguen planteando problemas absolutamente actuales.

-También aparece Chavela Vargas y hay una historia personal detrás.

-Sí. Tuve la suerte de entrevistarla dos veces. Una vez fue en Buenos Aires y yo le dije que amaba sus ponchos. Después vino al viejo cine Plaza de Montevideo y me mandaron a entrevistarla cuando estaba trabajando con Sergio Puglia y Ana Nahum en Con mucho gusto. Cuando me vio, se acordó de mí. Le volví a hablar de sus ponchos, se sacó uno y me lo regaló. Desde ahí empecé a coleccionarlos. Tengo un poncho rojo divino que era de Chavela Vargas y es el que aparece en la foto del espectáculo.

-¿El show también recorre personajes que conociste durante tu carrera?

-Claro. Voy contando historias y experiencias con grandes figuras que tuve la suerte de conocer y que marcaron mi carrera. Desde que llegué a Montevideo trabajé con todos los grandes: Cacho de la Cruz, Omar Gutiérrez, Sergio Puglia, Orlando Petinatti, Cristina Morán... La vida me dio esa suerte.

-¿Por qué sentías la necesidad de volver al escenario ahora?

-Porque el teatro ha sido mi vida. Tengo 36 obras escritas, dirigí otro tanto y llevo unos 30 años en televisión. Incluso durante este tiempo seguí escribiendo. Pero tenía ganas de volver físicamente al teatro. El Stella d’Italia es una sala hermosa, emblemática. Voy a hacer pocas funciones y después me gustaría hacer alguna pequeña gira por el Interior. También tengo una propuesta para llevar el espectáculo a Buenos Aires.

-Hablás de volver, pero también de despedirte.

-Sí. Es una gira de despedida larga. Yo le digo a la gente: en vez de gastar en flores, gasten en entradas. Porque las flores no las voy a ver; las entradas me van a ayudar y mucho. Estoy cansado de lo que cuesta llevar adelante esta enfermedad.

-¿Le tenés miedo a la muerte?

-No. No le tengo miedo. La espero sin nervios, sin miedo. Y como soy creyente, me encantaría encontrarme con ese ser supremo y preguntarle por qué. ¿Por qué a mí? La vida puede ser muy cruel.

-¿Qué expectativa te dieron los médicos sobre la enfermedad?

-Según los neurólogos que consulté, incluso en el extranjero, tiene una expectativa de vida que puede llegar a unos diez años desde los primeros síntomas. Yo voy cuatro años y medio. Todavía me queda un trecho y espero vivirlo a pleno.

-¿Cómo estás actualmente?

-Ahora estoy atravesando un empuje importante, desde hace unos tres meses. Me cuesta mucho caminar. La enfermedad va deteriorando la musculatura y puede generar problemas para tragar, caídas... Es muy invalidante. Dependo de un cuidador permanente.

-¿Eso es de las cosas más difíciles de aceptar?

-Sí, porque yo hice toda mi vida a mi manera. Siempre fui independiente. Entonces, ahora lo que más me cuesta es depender de los demás.

-Incluso tuviste que pasar un tiempo en un residencial.

-Sí. Me caí, tuve un desgarro y como en mi casa hay escaleras no podía manejarme. Estuve un mes en el residencial Empatía de Pamela Alciaturi y fue una experiencia muy linda. Me recibieron con muchísimo cariño y los veteranos me adoptaron como un hijo. Después iba a visitarlos. La pasé bárbaro.

-La enfermedad también implica un costo económico importante. ¿Cómo lo estás afrontando?

-No tengo pensión ni jubilación todavía. Estoy tramitando una jubilación por invalidez, pero todo es muy lento. Al principio tenía algunos fondos y podía sostenerme; después se terminaron. Entonces tuve que recurrir a la ayuda de la gente. Y fue increíble: espectáculos, campañas, aportes, gente que me para en la calle... Me emociona muchísimo. La enfermedad es muy cara de mantener y necesito asistencia permanente.

-¿Tuviste dificultades incluso para llegar al diagnóstico?

-Sí. En mi mutualista no encontraban qué tenía y una amiga tuvo que pagarme una consulta en el Hospital de Clínicas. Allí la profesora Cristina Vázquez fue quien llegó al diagnóstico. Después tuve alguna experiencia muy fea con una neuróloga, que me dijo: “No hay mucho tratamiento pero tenemos la ley de eutanasia”. Eso me pasó en el sistema de salud uruguayo, viví una falta de empatía tremenda. Por suerte ahora encontré otro médico que sí es empático.

-¿La enfermedad cambió tu manera de mirar la vida?

-Totalmente. Me hizo entender que la vida es aquí y ahora. Que si tenés salud sos millonario. Y también que el dinero importa. Eso de que “la plata no vale nada” no es cierto. Cuando estás enfermo, la necesitás. Pero también aprendés que todo es prestado. Siempre digo que somos inquilinos de todo: la casa, las cosas, hasta el aire que respiramos. Nada te lo llevás.

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Juanse Rodríguez.

-Por eso en el espectáculo aparece mucho la idea de disfrutar el presente.

-Sí. Tengo amigos con mucho dinero y les digo: “Gastate la herencia, disfrutá tu plata, no dejes nada. Que tus hijos hagan su camino como lo hiciste vos”. ¿Para qué acumular? Después se van a pelear para ver quién se queda con qué. Hay que salir a vivir.

-En un momento decís algo muy fuerte: que no fuiste feliz. ¿Por qué?

-Porque fue demasiado palo. La felicidad es subjetiva, claro, pero creo que me voy a ir de este mundo sin poder decir “qué vida maravillosa tuve”. No me pasó. Creo que solamente fui completamente feliz un día: cuando nació mi primera sobrina.

-¿Tiene que ver con tu historia familiar?

-Seguramente. Mi mamá murió de un infarto cuando yo tenía siete años y mi papá murió un mes después. Éramos tres hermanos y la vida nos separó. Durante unos 15 años prácticamente no nos vimos porque cada uno se crió en un lugar distinto. Yo me crié con gente vinculada a la televisión. Después mis hermanos me regalaron lo más lindo que tengo: mis tres sobrinas. Son mis hijos-sobrinos.

-¿Y el amor?

-Fui un desgraciado con el amor. Las dos veces que me enamoré de verdad no fui correspondido. Pero siempre tuve una vida independiente y viví a mi manera.

-Sin embargo, cuando hablás de tu carrera aparece otra felicidad.

-Ahí sí. Tuve la enorme suerte de vivir siempre de lo que me gustaba. Pasé por todo. Sé lo que es no tener nada, dormir donde se pudiera o hacer una estatua viviente para juntar monedas y pagar una pensión, y también sé lo que es viajar en primera clase, hacer teatro en Washington o Nueva York, trabajar en Madrid. Me embarré en el mundo. Viví y comí en la calle, hasta robé comida y también compartí una cena con Laetita D’Aremberg. Conocí lo más alto y lo más bajo. Probé drogas aunque no me hice adicto.

-¿Sentís que viviste sin quedarte con demasiadas ganas?

-Hice de todo. Probé de todo. Creo que en la vida hay que animarse, no quedarse con las ganas. Tuve una vida muy intensa. Escribí, actué, dirigí, hice televisión, hice transformismo en una época en la que ser homosexual públicamente era muchísimo más difícil que hoy. Viví muchas vidas en una.

-El espectáculo también tiene una mirada política y social. ¿Por qué elegiste ese camino en lugar de hacer un monólogo tradicional?

-Porque monólogos ya hice muchos. Con El país de la gata Flora hablaba de política de una manera mucho más directa. Ahora digo muchas de esas cosas a través de los autores. Me apoyo en Benedetti, Sor Juana, Shakespeare, Amado Nervo. Textos de hace siglos siguen hablando de nosotros. Eso te demuestra cuánto hemos avanzado y, al mismo tiempo, cuánto seguimos discutiendo exactamente lo mismo.

-Siempre te interesó mucho la política. ¿Cómo ves al Uruguay actual?

-Amo la política. Creo que sería un gran senador o diputado y que podría debatir con muchos de los que están ocupando una banca. Pero no me candidaté con nadie ni le debo nada a ningún partido. Tengo amigos en todos lados.

-¿Qué te preocupa?

-Siento que faltan líderes, y no solamente en Uruguay: en el mundo. Veo al país como en un limbo, una sociedad que busca y no encuentra. Respeto al presidente porque fue elegido por la gente, pero a Yamandú Orsi lo veo a la deriva y eso me preocupa. Me gustaría saber con claridad qué piensa, escucharlo explicar un rumbo. Para mí una de las principales tareas de un presidente es poder explicarle al pueblo hacia dónde quiere ir.

-Tus opiniones políticas te han generado costos dentro del ambiente artístico.

-Muchísimos. El mundo del teatro es mayoritariamente de izquierda y a mí me dieron mucho palo. Yo valoro enormemente el teatro independiente, las políticas que permiten que subsista y la lucha genuina. Pero tampoco sé hoy dónde termina la izquierda y dónde empieza la derecha. Estamos todos bastante desorientados.

-Recordás especialmente las críticas por una foto en una asunción presidencial.

-Sí. Fui a asunciones de distintos presidentes y nunca pasó nada. Pero por una foto con Sergio Puglia en una asunción me dieron contra un caño. ¿Qué tenía de malo? Había ido también a las de Mujica y Tabaré Vázquez. No entiendo esa necesidad de etiquetar a alguien por estar en un determinado lugar.

-También defendés a Blanca Rodríguez de algunas críticas que ha recibido.

-La quiero mucho. La conocí en mis tiempos de Canal 10 y me parece una mujer inteligente, una líder de opinión. Creo que le están dando demasiado palo y no se lo merece. A mí me gusta la gente auténtica. Vivimos en un tiempo donde todo el mundo opina, todo el mundo parece saber de todo y en realidad muchas veces nadie sabe nada.

-¿Todo ese desencanto social está presente en Volveré y seré millones?

-Sí. Por eso elegí estos poemas y canciones. Sor Juana Inés de la Cruz ya hablaba en el siglo XVII de cosas que seguimos discutiendo hoy. Seguimos con la violencia, la desigualdad, la droga, la gente en la calle. Parece que no resolvemos nada. Falta alguien que patee el tablero, que haga ruido, aunque después podamos estar o no de acuerdo.

-¿Vas a cantar?

-Sí. No soy cantante: canto como actor. Tuve la suerte de estudiar con Nelly Pacheco, una gran soprano uruguaya que fue mi maestra. Algo me enseñó para defenderme. [Ríe].

-¿Qué querés que le quede al público cuando termine la función?

-Que se reencuentre un poquito consigo mismo. Que baje a tierra y piense en el aquí y el ahora. Antes muchas de estas cosas las decía yo en un monólogo; ahora las digo acompañado por autores que fueron mucho más sabios que yo. Benedetti decía “no te rindas” y Amado Nervo escribió: “Vida, nada me debes; vida, estamos en paz”. Yo tuve que ser resiliente frente a situaciones muy duras. Me tocó bailar muchas veces con la más fea. Será, como dicen, que el de arriba elige a sus mejores guerreros para las batallas más difíciles.

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