LOS ANGELES.– "No hay versiones definitivas de mis películas", advierte el director Quentin Tarantino, quien acaba de terminar "Kill Bill: Vol. II", el esperado capítulo final de la sangrienta epopeya de venganza protagonizada por Uma Thurman. Referirse al film como "terminado" entonces es para Tarantino demasiado definitivo.
A una semana del estreno en Estados Unidos, cuando LA NACION lo entrevistó en el hotel Four Seasons, de Los Angeles, todavía seguía haciéndole ajustes técnicos, estaba preparando una versión "mucho más roja, más sangrienta" que se distribuirá solamente en Japón —donde la saga "Kill Bill" se ha vuelto de culto— y ya imaginaba qué escenas que no pudo incluir en las versiones que se estrenaron serán mostradas en la versión en DVD. Todo esto lo hacía pensando en voz alta, superentusiasmado, revoloteando sus brazos sin parar, hablando a mil revoluciones por minuto sin poder evitar salpicarse con saliva la camisa blanca a rayas azules que lleva puesta, muy estilo años 70.
A los 41 años, con apenas cinco largometrajes en su haber como director ("Reservoir dogs", "Pulp fiction, "Jackie Brown" y los dos volúmenes de "Kill Bill"), Tarantino ha creado un mundo cinematográfico raro, casi único, en el que el humor y la violencia se mezclan sin piedad, y que ha dejado una impronta imborrable en los ojos de los millones de fans que tiene alrededor del mundo. Y cuando habla del combo "Kill Bill" no parece estar hablando de dos películas sino de "todo un universo creativo", como le gusta decir a él. Se trata de una historia, larga, que lleva varios años en su mente, inspirada por su musa, Uma Thurman. Aquí, la actriz encarna al enigmático personaje de "La Novia", una experta asesina que decide casarse y abrirse camino del escuadrón de la muerte que comanda el temido Bill (David Carradine) y del que forman parte las letales "Víboras Asesinas" Vernita Green (Vivica A. Fox); O-Ren Ishii (Lucy Liu), Elle Driver (Daryl Hannah) y Budd (Michael Madsen). Decepcionado y con el corazón roto, Bill ordena a su equipo matarla. Eso creen que hacen, pero "La Novia" sobrevive y cuando despierta de un largo coma vuelve a las andadas para vengarse. En la primera entrega de "Kill Bill" vimos cómo en un impresionante despliegue de artes marciales "La Novia" se deshizo de Vernita Green y de O-Ren Ishii y su ejército de matones japoneses. ¿Ahora viene por más sangre?
– ¿Siempre pensó en hacer "Kill Bill" en dos partes, con distintas estéticas y formas de filmar?
– No en términos de dos películas separadas, pero sí lo había pensado como dos mitades distintas. Si hubiera podido volverla una película de cuatro horas, habría puesto un intermedio en el punto de quiebre, que es donde termina una película y empieza la otra. Y es por eso que me parece que ambas son orgánicas, que funcionan. El cambio de tono que sucede entre ambas siempre fue parte del proceso.
– ¿Cómo fue trabajar con Gordon Liu?
– Fue asombroso, desde chico era un héroe mío en sus películas de kung-fu. Se sentía tan bien estar parado junto a él (ríe). Y lo bueno de tenerlo en la película, al igual que me ocurrió con el japonés Sonny Chiba, es que son muy diferentes de los actores norteamericanos que por más que sean muy importantes yo podría terminar trabajando con ellos. Liu y Chiba, en cambio, son para mí como estrellas verdaderas, distantes, gente con la que no me voy a cruzar en una calle de Los Angeles o en una fiesta; sólo existen para mí en la pantalla. Me habían sugerido que yo mismo hiciera de Pai Mei, y hasta me entrené y todo para ello. Pero la dirección se hizo tan intensa que no podía con la idea de actuar también, y como tenía a Gordon Liu allí, al final lo puse a él y está perfecto.
– Se ha hablado de que hará también una película en la que se cuente qué pasó antes de la historia de "Kill Bill". ¿Es cierto?
– Sí, es posible que alguna vez la haga. Es que aprendí toda la mitología de las "Víboras Asesinas", de Bill y todo el mundo en el que viven. Y creo que si vas a hacer este tipo de películas épicas debes crear toda una mitología asociada a la historia, debes saber todo lo que le sirve de contexto; no significa que deba contártelo todo en la película, pero debo hacerte sentir que sé todo lo que no se muestra de estos personajes.
– La música es una parte esencial de sus películas. ¿Cómo la elige?
– Esa es una de mis partes favoritas cuando estoy trabajando en una película. Mientras escribo estoy siempre escuchando mis discos viejos, buscando canciones. Con esta película me sumergí en las bandas de sonido de otras películas y terminé escribiendo escenas para canciones específicas. Y también las usé mientras filmaba; les ponía la música a los actores y a los camarógrafos para que se dieran una idea de cómo quería que quedase. Fue muy divertido.
– A través de sus películas, usted se muestra fascinado por personas violentas. ¿Se animaría a hacer un film sobre fanáticos musulmanes?
– A no ser que alguien escriba una magnífica historia sobre terrorismo, no me interesan las historias de terrorismo. La única historia que vi que me pareció atrapante sobre terrorismo fue "Domingo negro", de John Frankenheimer.
– El sadismo contra las mujeres, especialmente contra las rubias, ¿es una suerte de homenaje a Hitchcock o inspiración propia?
– No, lo que sucede es que las películas de samuráis, las de kung-fu y definitivamente los spaghetti-westerns son sádicas. En cualquier spaghetti-western el héroe es capturado y golpeado casi hasta la muerte y luego regresa para vengarse. En mi caso mi protagonista es una mujer, así que eso es lo que le tiene que suceder.
– ¿Cómo se sintió siendo este año el presidente del jurado de Cannes? Es el más joven de los que ha habido.
– Sí, me preguntaba eso. Es un sueño hecho realidad. Pongámoslo así: si mi casa se estuviera incendiando y solamente pudiera rescatar una cosa de adentro, sería la Palma de Oro (ríe).
– ¿Qué nos puede adelantar de su próxima película, "Inglorious bastards", sobre la Segunda Guerra Mundial?
– Será una mirada épica de la batalla sociológica de esa época. Habrá mucho de racismo y del barbarismo de ambos lados, tanto el nazi como el estadounidense, con soldados negros, judíos y los franceses, porque todo tiene lugar en Francia. Será básicamente después del Día D, pero habrá algunas secuencias anteriores.
– ¿Cuán violento es en su vida privada?
– Si alguien me jode de verdad me puedo volver muy violento. Pero lo hago yo mismo, no le pago a nadie para que le rompa las piernas a alguien (ríe).
Una actriz, detrás de la asesina del parche
LOS ANGELES.– Lo primero que llama la atención al tener a Daryl Hannah delante es que se ve igual de linda, fresca y joven que cuando en 1984 conquistó la atención de millones de adolescentes al aparecer como una sirena semidesnuda en "Splash".
Y todavía hoy, a los 43 años, sigue alimentando las fantasías de los hombres desde las páginas de Playboy, revista para la cual acaba de posar, aunque ella reniega de ser un sex-symbol. "Es muy frustrante ser siempre vista con ojos sexuales. Por alguna razón se eligió una imagen mía casi de dibujo animado que no tiene mucho que ver con quién soy yo, con mi personalidad o mi esencia —contó a LA NACION durante una entrevista. Pero si hay algo que aprendí en todos estos años es que no tienes que dejar que eso te afecte o te limite en las cosas que quieras hacer".
DE TODO UN POCO. Limitada no ha estado seguro. En su larga carrera que incluye más de 40 films ha hecho no sólo de sirena sino también de androide, de gigante, de mujer cavernícola, de manicura, de indígena, de abogada, de stripper y tantos otros papeles en películas clásicas como "Blade runner", "Wall Street", "Flores de acero" y "Crímenes y pecados". Sin embargo, Hannah, quien por muchos años ocupó las tapas de las revistas de chismes por estar novia de John F. Kennedy Jr., nunca ha podido brillar con luz propia hasta ahora.
En "Kill Bill: Vol. II", de Quentin Tarantino, su sólida e intimidante actuación como Elle Driver, la asesina del parche, opaca por momentos a la estrella del film, Uma Thurman ("La Novia"). Ya habíamos podido tener un adelanto de lo que se traía en sus manos Hannah en el primer volumen de "Kill Bill", durante la memorable escena en que silbando llega a un hospital para inyectarle veneno a la heroína en coma. En esta entrega, la rivalidad entre ambas mujeres es mucho menos sutil y su odio se destila en un duelo dentro de un baño, que dejó malos recuerdos y muchas heridas a Hannah.
"Me llené de moretones en la escena de lucha en el baño", recordó la actriz. "Básicamente el resto de las peleas que tuve estaban coreografiadas, pero en la del baño improvisamos mucho —agregó—. No podía ver nada porque tenía el parche en un ojo y el otro lo tenía cubierto con ese material que simula ser sangre, así que hice más o menos lo que podía, actuando como desesperada. Pero el inodoro contra el que me golpéo era verdadero y se rompió, el espejo se me cayó encima. Terminé toda herida, pero nada permanente por suerte".
En 2001, Hannah se encontraba en Londres, haciendo "La comezón del séptimo año" en teatro, cuando le llegó Tarantino con el libreto de "Kill Bill". "Trabajar con él era uno de esos sueños que tenía desde hacía tiempo, pero no lo veía posible —dijo—. Solamente había hecho tres películas entonces, pero su impacto en el cine me parece tremendo. Recuerdo que cuando leí el guión de ‘Pulp Fiction’ me mataba de la risa en voz alta y no me he reído así muchas veces mientras leo un libreto, pero los suyos son muy inteligentes, muy originales y eso se traduce en la pantalla".
Alberto Armendáriz
(La Nación - GDA)