Juan Minujín: la crítica al gobierno de Milei, el furor por "Coppola" y cómo pasa sus días en Uruguay

El actor presenta la charla "Sobre la marcha" en Montevideo, donde propone un ida y vuelta con el público.

Juan Minujín
Juan Minujín
Foto: Sebastián Arpecella

Juan Minujín está instalado frente a la rambla de Montevideo mientras graba la nueva temporada de Menem. Una mañana de noviembre, en el hall del hotel, conversa con El País sobre sus trabajos recientes, entre los que destaca el estreno de la segunda entrega de Coppola, el representante. Por otra parte, el actor argentino cuestiona la falta de apoyo del gobierno de su país a la industria audiovisual y adelanta la charla Sobre la marcha, que ofrecerá en el Teatro Stella.

-Hace meses que venís teniendo una rutina muy marcada en Uruguay, grabando y viajando constantemente. ¿Cómo viene siendo esa dinámica?

-El año pasado hicimos acá mayoritariamente Coppola, el representante (Disney+), grabando entre Montevideo, Punta del Este, Buenos Aires y Nápoles. Ahora estamos rodando Menem, con un equipo muy parecido y el mismo director. Grabamos en Piriápolis, Punta del Este, Montevideo y después seguimos en Argentina. Son experiencias distintas. En Coppola estuve instalado permanentemente y casi no viajaba a Buenos Aires; venía mi familia a visitarme. Ahora, como tengo algunos días libres, voy y vengo todo el tiempo. En definitiva, para mí es mucho más fácil llegar a Montevideo que ir a Córdoba o Bariloche. En 15 minutos de avión ya estoy.

-En esos días en que no te toca rodar, ¿qué te gusta hacer por la ciudad?

-A mí me encanta Uruguay y particularmente amo Montevideo. Disfruto de salir a pasear por la ciudad. A veces alquilo una bici y me voy a andar por la rambla para el lado de Carrasco o me voy a la Ciudad Vieja. Tengo muchos amigos uruguayos. Hay un cine a tres cuadras de donde me quedo que me encanta, así que aprovecho los ratos libres.

-Hace poco se hizo muy viral un fragmento en Otro día perdido donde dabas “tips” para interpretar a Coppola. ¿Cómo fue realmente la construcción de este personaje tan particular?

-Lo de Pergolini era un poco un chiste y una simplificación divertida sobre la idea de “armar tu propio Coppola”. Para nosotros el personaje excedió por completo al Guillermo Coppola real; era un personaje que podía estar en un cómic, en una animación o en cualquier momento de la historia arreglando y negociando cosas. La construcción real tuvo más que ver con tomar su forma de pensar, cómo funciona su cerebro y cómo maneja sus vínculos, más que con los gestos obvios.

-Por lo que se ve, él ha acompañado y apoyado en ese proceso, ¿pero no hay cierta presión o no condiciona el hecho de interpretar a alguien que está pendiente de tu trabajo?

-En el caso de Coppola no, porque él fue muy permisivo. Dijo: «A mí no me respeten en lo más mínimo, cuenten lo que quieran de mi vida». Solo pidió cuidar a los demás, a Diego (Maradona) y a las familias. A veces el problema con las biopics es respetar demasiado los hechos reales.

-Imagino que jugar con ese límite debe haber sido más complejo en la serie de Menem.

-Sí, porque es parte de la historia política reciente que cambió el rumbo de Argentina. Coppola no le cambió la vida a nadie, pero Menem sí genera pasiones y controversias. El desafío fue ser fieles a ciertos hechos históricos pero encontrar lo lúdico y lo humano adentro del personaje, pudiendo reírnos de eso sin alivianar lo que no corresponde. Mi personaje en la primera temporada de Menem funciona como una especie de testigo y voz de esa parte de la sociedad que se enamoró de una propuesta y después se pegó un golpe contra la pared.

-A lo largo de tu carrera pasaste por registros de personajes radicalmente opuestos en El Marginal, Viudas e Hijas del Rock & Roll, Coppola y tantas otras, ¿es una búsqueda consciente evitar repetirte?

-Me gusta meterme muy a fondo en la humanidad de cada personaje. Cuando vas a fondo, te das cuenta de que todos somos muy distintos. A mí me gusta disolverme en el personaje, que se vea lo menos posible de mí. Subirse a la energía de Coppola era agotador porque es un tono muy arriba, y en cambio hacer de Olegario en Menem implica estar en la retaguardia, detrás del presidente, buscando ser casi invisible.

-Formás parte de la generación de actores que vivió la transición de protagonizar ficciones diarias en el prime time de la televisión abierta a encabezar grandes producciones bajo el formato de plataformas. ¿Cómo vivís este cambio?

-Fue muy de golpe. La idea de sentarnos todos a la misma hora a mirar lo mismo en la tele ya no existe. Sin embargo, tengo la esperanza de que vuelva la ficción diaria a la televisión de aire. En países como Chile o España sigue funcionando muy bien. La tira diaria tiene una inmediatez hermosa: grabás y a los tres días está al aire, hay como una comunicación directa con la gente.

-En las redes sociales se consumen constantemente recortes de escenas tuyas en Viudas e Hijas o El Marginal. ¿Cómo te llevás con esa forma fragmentada de consumo?

-Me parece simpático. Trato de aprovechar las redes a mi favor para redireccionar al público hacia los contenidos completos. Hay mucha gente que ve los clips, pero también hay muchísimos fans que me escriben diciendo que van por el capítulo 98 de Viudas e Hijas, por ejemplo.

-¿Cómo analizás la realidad del sector audiovisual en Argentina actualmente?

-En Argentina tenemos un gobierno que está desmantelando la industria audiovisual y tomó a la cultura como enemiga. Se están sacando los incentivos, las motivaciones y los apoyos, además de ponerle palos en la rueda a instituciones de formación como la ENERC, que es de donde salen los técnicos capacitados que después contratan Netflix, Disney o Amazon. Esto va a contramano de lo que hace el resto del mundo como Uruguay, Brasil, Colombia, Chile, Estados Unidos o Australia. Independientemente de ideologías de izquierda o derecha, los países inteligentes entienden que a la industria cultural hay que apoyarla.

-Se suele argumentar desde el gobierno que el mercado debe regular la actividad...

-Moverse en el mercado no quita que el Estado incentive. La industria farmacéutica, la vitivinícola o la láctea se mueven en el mercado y reciben incentivos estatales. Argentina está yendo a contramano, y espero que en algún momento se entre en razón porque en el país hay un talento enorme esperando una oportunidad.

-Estás presentando la charla Sobre la marcha (11 de noviembre en Teatro Stella), que está abierta a las preguntas del público. ¿Qué te suele preguntar la gente?

-Cuando son estudiantes de actuación me preguntan mucho sobre cómo insertarse en el mercado laboral actual y temas técnicos de construcción de personajes. A mis charlas me gusta titularlas “Recorrido”, justamente para poner en valor la idea de que la carrera es un tránsito que lleva tiempo. Hay que bajar un poco la ansiedad de la inmediatez y aprender a disfrutar el camino.

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