Juan de la Mondiola
El sábado por la noche, y cuando estaba actuando sobre el escenario de la tanguería Esquina de Tango en San Telmo, sufrió una inesperada descompensación por lo que debió ser internado de urgencia en un sanatorio de la zona. Al día siguiente, domingo 6 de marzo del 2005, Roberto Pansera no pudo recuperarse y falleció, cuando tenía una salud física y mental que no permitía pensar en un fin tan trágico y veloz. Era un exquisito músico, bandoneonista, arreglador, director y compositor, dueño de un delicado y sensible sentido de la melodía, lo que le permitió destacarse en el ambiente tanguero, en el que irrumpió en los años 40, y ser llamado por un hombre tan exigente para seleccionar sus colaboradores como lo fue Astor Piazzolla para fundar el Octeto Buenos Aires en 1955.
Roberto Pansera había nacido en Mar del Plata el 25 de mayo de 1932 y al poco tiempo, junto a su familia, se radicó en Buenos Aires; comenzó a estudiar bandoneón con Domingo Federico y a las 12 años debutó profesionalmente integrando la orquesta de Juan Carlos Cobián cuando ésta se presentaba en el Automóvil Club y al año siguiente se incorporó al sexteto de Cristóbal Herreros. Tras un breve pasaje por la formación de Campos-Calabró tocó —tenía 16 años— en la orquesta de Francini-Pontier. Luego actuó en los veranos puntaesteños con la agrupación de Lalo Scalise Hasta que en 1950 —con 18 años— se vinculó al director con quien demostraría tener más afinidades musicales y de quien fue arreglador y primer bandonenista: Osvaldo Fresedo. En esta época Pansera conoció a Piazzolla, quien impresionado por su talento le recomendó estudiar con Alberto Ginastera. Perfeccionó luego sus conocimientos musicales en el Instituto Santa Cecilia, de Italia, donde aprendió a tocar —a más del fueye— otra media docena de instrumentos. Fue fundador y bandoneonista del Octeto que creara Piazzolla, y tras un fugaz pasaje por el grupo (decidió alejarse y fue reemplazado por Leopoldo Federico) se radicó en EE.UU. Aquí, al frente de un conjunto que dirigía y arreglaba, grabó un álbum —Pansera 3— con composiciones propias y de compositores consagrados (en los años 90 volvió al país del norte para registrar otros 3 LP junto al clarinetista Giora Fiedman). Luego de recorrer los países de la costa del Pacífico volvió a la Argentina y reconstruyó sus contactos con Fresedo, para quien siguió realizando arreglos hasta prácticamente las últimas grabaciones del Pibe de la Paternal; entre ellas "Los Diez Mandamientos" un volumen fonográfico compuesto por 12 temas, todos con letra de Lambertucci y música de Pansera y del propio Fresedo.
En 1970 y 1985 Pansera viajó a Japón junto a José Basso también como bandoneonista y arreglador y en 1982, cuando ejercía la presidencia de Sadaic,llegó hasta Europa como delegado argentino en el Consejo Internacional de la Música de Unesco, en el cual defendió con valentía los derechos de los compositores americanos. En 1984 recibió otro galardón internacional cuando la Universidad de Yale consagró un tema de su autoría —una composición para instrumentos de viento— como la mejor obra latinoamericana. Siempre activo en la defensa y creación del mejor tango, Roberto Pansera se mantuvo presente en los primeros planos de la música rioplatense. Una de sus últimas experiencias exitosas tuvo lugar en el 2003, cuando creó, dirigió y arregló una orquesta de tango juvenil que se llamó "El espejo de Aníbal Troilo"; Pansera siempre fue admirador de Pichuco y en su homenaje llamó a su hijo Aníbal.
Otro de los méritos musicales de Pansera radicó en haber sido elegido por Plácido Domingo para que lo acompañase en exclusiva con su bandoneón durante un recital dado al aire libre en Buenos Aires, reiterando la creación de la sociedad —músico y cantor— que ya había lucido exitosamente cuando el cantante lírico grabó su LP de tangos acompañado por una orquesta que armó, dirigió y arregló Roberto Pansera.
Toda esta sintética y apretada biografía musical de Pansera apunta a mostrar la dimensión de su talento y la enorme pérdida que su desaparición física apareja al tango.
Obra autoral
La obra autoral de Pansera es colosal, tanto en cantidad como en calidad. Entre los títulos que surgieron de su inagotable inspiración merecen destacarse los tangos "Sombra de humo", "Trenza de ocho", "Desconocida", ¡Qué lejos mi Buenos Aires", "Mi canción de ausencia", "Cancha rayada", "Miedo", "Hoy creo en Dios", "Preludio Nº 3", "Naturaleza muerta", "El Pibe de La Paternal", "El retrato de Aníbal" a más de los varios que compuso en sociedad con Acho Manzi y los que señalamos en la crónica que va en esta misma página. También incursionó con éxito como autor en otros campos musicales y a él pertenecen obras como "Réquiem para John F. Kennedy", la ópera popular Evita (Volveré y seré millones), y la banda musical de la película "Se necesita un hombre con cara de infeliz", a las que deben sumársele las obras que creó en los EE.UU. y las que escribió para el programa de televisión Vida de Tango.