Por: Analía Filosi
Si querés seguimos hablando de San Lorenzo, pero mi productor se va a enojar", dice por teléfono, desde Los Ángeles, Viggo Mortensen. Faltaban dos días para que el equipo de sus amores enfrentara a Boca Jrs. en Boedo y lo que preocupaba al actor era que a la hora del partido iba a estar volando hacia Miami y no podría seguirlo por TV. Bueno, un amor se cambia por otro, porque el objetivo era presentar en un Festival de Cine español Alatriste (recientemente editada en video), película de la que habla con una pasión y cariño como pocos. Es que este actor norteamericano de infancia argentina hizo todo lo que estaba a su alcance para transformarse en el personaje de Arturo Pérez-Reverte, desde leer todas las novelas que sobre el capitán Alatriste imaginó el escritor español hasta adentrarse en las montañas de León para encontrar el acento correcto del personaje o ir a corridas de toros para aprender a moverse como lo hubieran hecho los bravos españoles. "Hablando con Pérez-Reverte, me pareció que Alatriste es un poco caradura, que no habla mucho, es un tipo muy escueto que no se fía fácilmente de la gente. En el norte de la provincia de León encontré gente que se parecía a la descripción del personaje, con un sentido del humor muy seco, y encajó para mí", cuenta quien, si bien habla muy bien español, debió modificar el acento porque la entonación de los argentinos es otra. ¿Y por qué los toreros? "Antes de aceptar el papel, yo no sabía que el director, Agustín Díaz Yanes, era hijo de torero. Le pregunté a él y a Pérez Reverte qué les parecía que estudiara a los toreros porque me parecía que era ahí donde todavía queda algo de cómo eran los bravos como Alatriste, y me dijeron que era una buena idea. Fui varias veces a la Plaza de Toros y encontré algunos toreros que tenían algo parecido al capitán. No eran los más vistosos, sino los más sutiles, pero tenían ese porte, esa forma de mirar al toro, a la gente, de trabajar con la espada. Es una forma de ser que ya no existe, la gente no se puede portar así ahora, sólo en la Plaza de Toros", dice Mortensen, que en materia de espadas ya conocía algo de su experiencia como Aragorn en El Señor de los Anillos, aunque debió imprimirle un estilo más propio del Siglo de Oro español. Lo más curioso de todo es que el actor encontró la forma de relacionar a Alatriste con el gaucho rioplatense, "Alatriste y sus compañeros, los espadachines, los mosqueteros, los soldados del siglo XVII español, también los vaqueros en Estados Unidos… son la raíz de los que son hoy en día los gauchos uruguayos y argentinos. La raíz del gaucho es el bravo español", sostiene con orgullo este hombre que, "como cualquier chico criado en un país latinoamericano", tenía ciertos conocimientos del Imperio Español, "y con esta película aprendí mucho más, hice un estudio más profundo".
A Mortensen lo pone muy contento que este film haya logrado mostrarle al mundo cosas que por lo general se ignoran de España y que haya habido espacio para los cuadros de Velásquez, y la literatura de Quevedo y Lope de Vega. "La verdad es que no se sabe tanto porque los españoles hasta ahora no han logrado hacer buen cine de época. Los norteamericanos, que tienen una historia mucho más breve, han hecho miles de películas sobre su historia; los españoles no tanto. Lo que se ha hecho fuera de España muestra a los españoles como unos tipos vestidos de negro, tramposos, grasosos, crueles. Claro que existió la Inquisición, pero también la hubo en todos los países del norte de Europa y, por cada Shakespeare inglés, hay cinco o seis Shakespeare españoles. Era un imperio culto, interesante y, finalmente, como todos los imperios, trágico", se entusiasma y es la oportunidad para pedirle su comparación con el imperio que domina actualmente, Estados Unidos. "El primer imperio global fue el español y el de ahora es el norteamericano, que está pasando por un tiempo parecido al de la época de Alatriste. Es un imperio que obviamente está en decadencia y que está causando mucho daño al caerse. Eso fue lo que pasó con España que, por orgullo, ignorancia, altivez, ha causado muchos problemas, no sólo a sus ciudadanos, sino a las personas de los países que ha colonizado".
SER ESPAÑOL. En alguna entrevista, Viggo señaló que "ser español es saber perder". "Será eso de ser hincha de San Lorenzo", bromea para enseguida ponerse serio y aclarar que lo dijo porque "en parte creo que es cierto que hay como un fatalismo y un orgullo a pesar de todo lo malo que ha ocurrido, que no es sólo una cosa española. Se ve en la Plaza de Toros, en la gente de hoy en día pero, sobre todo, en el cuento de Alatriste. Todos los personajes y todas las relaciones padecen del orgullo y hay cosas, como la relación de Alatriste con Maia De Castro, que hubieran salido diferente si no fuera por el orgullo de ambos". Pero al actor le gusta que el personaje haya sido así, algo ambiguo, ni totalmente bueno ni totalmente malo, porque "todas las personas reales somos así, complicadas, y todos tenemos oscuros, infinitas posibilidades de comportamiento y de reaccionar a los obstáculos que nos pone la vida. Si hay un personaje que está escrito sencillamente, siempre busco lo opuesto, lo que no está escrito, para darle más matices".
Este hombre tenía claro que para que la película pudiera transmitir toda la esencia de España, no podía rodarse en otro idioma que en el del personaje. "Espero que nunca me pidan que la doble. Tiene mucho que ver el sonido, cómo habla la gente y cómo se hablaba en ese entonces, según lo que sabemos, lo que adivinamos. Si se hubiera hecho en inglés, no creo que fuera muy interesante. Hecha así, creo que es una película única y muy linda, un poco fuera de lo común para el cine español y el europeo. Creo que hay que verla un par de veces y que será una película que dentro de diez-quince años seguirá siendo linda. Hay películas que tienen éxito, que son populares en el momento, pero que luego de cinco años la gente las olvida. Ésta no creo que sea el caso".
Buen momento para hablar de los premios Goya, en los que Alatriste aspiraba a quince y sólo se llevó tres, y de los menores (Diseño de Vestuario, Dirección Artística y Dirección de Producción). "Si bien la película tuvo mucho éxito en España, no hicieron ninguna promoción fuera del país, entonces toda la atención se la llevaron las películas que habían sido promocionadas o se habían estrenado en otras países, sobre todo en Estados Unidos, con nominaciones al Globo de Oro y el Oscar, como El laberinto del fauno y Volver. Si la Academia Española no hubiera ido a la fácil y hubiera nombrado a Alatriste como representante española, la cosa hubiera sido diferente", arriesga y opina que los premios de Guión Adaptado y Fotografía debían haber quedado en poder de la película. "El trabajo que hizo Díaz Yanes fue buenísimo y difícil, además de aportar mucho de su conocimiento como profesor universitario especializado en el Siglo de Oro. Y lo que logró Paco Femenia, como Director de Fotografía, fue fuera de serie, parecían cuadros de Velásquez. Y a lo mejor tenía que haber ganado también Juan Echanove, nunca se hará un Quevedo mejor que el que interpretó él". De todas formas aclara que no es una queja porque considera que en esto de los premios hay un poco de suerte y ya fue demasiado para la suya estar nominado como Mejor Actor no siendo español, "me sorprendió y lo entendí como un reconocimiento al trabajo de equipo".
Viggo no cree que vayan a haber más películas de Alatriste, "si se hace, será una serie de TV". Él no descarta seguir filmando en español, aunque le gustaría hacerlo con su acento, interpretando "a un argentino o un uruguayo". De esa manera evitaría pasar por lo que pasó filmando Alatriste, cuando tuvo que pedirle a un técnico argentino que trabajaba en la película, que en las mañanas se limitara a tomar mate con él sin hablarle para no contaminar su acento. "Cuando me sienta cómodo, podemos charlar", le decía y recuerda que algo similar le pasaba caminando por las calles de Madrid, en las que era imposible no cruzarse con acentos argentinos y uruguayos, "me tapaba los oídos y los discos de Gardel que tenía no los escuché hasta el final del rodaje".
LO QUE SIGUE. El año pasado, Viggo filmó su segunda película con David Cronenberg (la primera fue Una historia violenta), Promesas del Este, en la que hace de integrante de la mafia rusa. Luego viajó a Europa para rodar bajo la dirección del brasileño Carlos Amorín un cuento que ocurre en la década del `30, en Alemania, donde es un profesor de Literatura. Cuenta que le han llegado guiones de Argentina, pero no son buenos. En todos los casos, lo que siempre primará será el guión, aún antes que el director: "no importa que sea el mejor director del mundo si pienso que yo no puedo aportar algo al trabajo, que no encajo en el personaje". ¿Y dirigir? "Como soy fotógrafo, escribo un poco y me gusta trabajar con actores, sería lógico que lo probara alguna vez, a lo mejor lo hago. Pero tendría que tener un espacio libre y yo estoy acostumbrado a hacer muchas cosas a la vez: leo, actúo, viajo, pinto de vez en cuando, publico libros de otros… Si querés contar un cuento en el cine como director, tenés que concentrarte", dice y se imagina detrás de cámaras dentro de un año o dos, con alguna de las dos cosas que tiene en mente pero que prefiere no develar por un tema de suerte.
Con su hijo radicado en Nueva York para cursar la Universidad, el actor ya no tiene necesidad de vivir en California. Por eso se define como ciudadano del mundo y, en cuanto puede, viaja y lo disfruta. Lo único que lamenta es que a veces esos viajes le impidan ver los partidos de San Lorenzo, esos que acompaña tomando mate con yerba Rosamonte, y comiendo alfajores argentinos y caramelos Sugus. Hacia allí deriva la conversación cuando ya no queda más por decir de Alatriste y el actor puede volver a desplegar su pasión futbolera sin temor a ser reprendido por su productor.