El último proyecto que atrajo la atención de Brad Pitt y floreció en una película efectiva y conmovedora es El juego de la fortuna (Moneyball). Basada en un libro de 2003 de Michael Lewis, Moneyball: The art of winning an unfair game (El arte de ganar un juego injusto), relata cómo el equipo de béisbol de los Oakland Athletics logró una racha ganadora de 20 juegos que rompió récords en la temporada 2002, pese a alinear en el campo a un equipo que funcionaba con una pequeña fracción de los presupuestos de sus principales competidores. Pitt encarna a Billy Beane, ex jugador convertido en Gerente General del equipo, papel por el que es candidato al Oscar y del que, entre otras cosas, habla en esta entrevista.
-¿Cuál es su propia conexión con el béisbol?
-Lo jugué en la escuela y tengo dieciocho puntadas y una cicatriz en la cara como resultado de esa aventura. Practiqué muchos deportes cuando era chico pero no seguí ninguno con consistencia. No veo mucho béisbol, aunque me gusta lanzar la pelota con los niños. Personalmente disfruto la Moto G.P., el fútbol americano y el fútbol.
-El béisbol es el trasfondo de El juego de la fortuna, pero no es realmente una película de deportes per se, ¿o sí?
-No, y como dije, no paso mucho tiempo viendo el deporte, pero me obsesionó el libro de Michael Lewis acerca de estos hombres que cuestionan y luchan contra un sistema. Ellos trabajaban en un equipo con un presupuesto de US$ 40 millones e intentaban competir con equipos cuyas nóminas eran de US$ 240 millones. Era un juego injusto, así se titula el libro, Moneyball: The art of winning an unfair game. Esto los obligó a hacer un alto en el camino y decir: "Debemos reexaminar el deporte y la forma en que valoramos a la gente". Y en este proceso hallaron grandes ineficiencias en cómo se juzgaba a las personas. Entonces fueron capaces de explotar esto y conjuntar un equipo formidable. En realidad la película trata de esto. Y se necesitaba a alguien como Bennett para expresar estas ideas.
-¿Qué aporta a la película el director Bennett Miller?
-Bennett tiene un sentido y un enfoque documental para las películas, y es un director que siempre busca la autenticidad. Muchos hombres que ves en la película son gente de béisbol, jugadores y scouts reales, no actores. No queríamos que trataran de actuar, sino que pusieran esto en sus propios términos, pues ellos conocen este mundo. Teníamos un guión sólido, pero lo usamos sólo como punto de inicio en ciertas áreas. En las escenas con scouts y jugadores ves que muchas veces se interrumpen unos a otros, hablan sobre lo que los otros dicen. Esto logró una sensación muy real. En este sentido Bennett es muy similar a Terry (N. de R.: Terrence Malick, quien lo dirigió en El árbol de la vida), y nuestro enfoque fue mantener una constante vigilancia de la historia y de lo que ocurría en el momento, reaccionando como las personas reales que saben de lo que hablan. Bennet también tiene una sutileza que me agrada, la trama se podía disolver en una película convencional fácilmente y creo que eso no ocurrió porque es genuina. Y esto se debe a Bennett, absolutamente es su crédito.
-El sistema que usan para descubrir jugadores en el libro y en la película, ¿también se podría aplicar para elegir a los actores de una película, por ejemplo?
-Es bastante gracioso, pero Billy Beane y el autor del libro, Michael Lewis, imparten seminarios sobre esta cuestión. Así es como el estudio entró en contacto por primera vez con el libro. Los estudios tuvieron un seminario con Billy acerca de cómo aplicar sus teorías al negocio del cine. Éstas se aplican a todas las áreas de la industria y el deporte.
-¿Pensás que El juego de la fortuna es muy distinta a otras películas que has hecho?
-Sí, lo creo. Siempre busco algo nuevo, distinto, con otra estructura; quizá hago esto a través del tema. En verdad me gustan las películas con las que crecí, de los años `70, donde no se trata tanto acerca de los rasgos del personaje o historias nítidas en las que alguien aprende algo al final, todos son felices y todo se explica. Estos tipos terminan siendo las mismas bestias al final de la película, igual que al comienzo. No se trata de que cambien, sino de que cambian algo a su alrededor, y eso me atrae.
-Uno de los temas de la película es la forma en que una sociedad define a los ganadores y los perdedores. ¿Eso es justo?
-Exacto, la película en realidad trata de eso, del valor y cómo valoramos a las personas, los sistemas de valores en una sociedad, que después influyen en cómo nos valoramos nosotros mismos. ¿Qué es un ganador, qué es un perdedor? Esta clase de temas son universales. Recuerdo una vez que veía los Juegos Olímpicos, a principios de los `90. No sé nada de gimnasia, pero había una chica rusa que tenía todas las posibilidades. Ella empezó su rutina y a los 10 segundos se cayó. El comentarista dijo: "Oh Dios, qué vergüenza, es horrible, es lo peor que podría haber pasado". Sin embargo, ella se levantó, perseveró y terminó una rutina perfecta, fue algo mágico. Un momento maravilloso, me sentí inspirado por ella. Pero después sólo hablaron de lo humillante y vergonzoso que fue, no recibió ningún reconocimiento de los comentaristas. Al día siguiente busqué en los periódicos algún aprecio por lo que hizo, pero no había nada, ni una sola mención. Quedé sorprendido pues yo fui testigo de una verdadera victoria. Éste es el triunfo silencioso en el que deberíamos enfocarnos, mucho más que en los trofeos.
-¿Cuál sería un ejemplo de una victoria silenciosa que hayas experimentado?
-Son pocas, chicas; son micro choques y no grandes terremotos. Diría que pequeñas películas, como El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, que es una de mis favoritas de todos los tiempos y tuvo poco éxito comercial. Pero considero eso como un logro real, un gran ejemplo de las películas que me agradan y de las historias que me gustaría narrar. Eso es lo que me viene a la mente, pero las victorias están en el camino, y ésta también. Para mí se trata más de longevidad: ¿es una película de calidad, una historia valiosa y hay algo original en ella?
-¿Hubo algún momento en tu vida en que te sintieras subvalorado?
-Sí y estoy seguro de que todos pasamos por eso. Para mí usualmente se trata de una sensación de injusticia. Quizá me implantaron esto cuando era niño, pero odio ver una injusticia, y creo que en esta película Billy siente eso también. Él no estaba preparado para esa labor y realmente no quería hacerla. No sabía lo suficiente. No era lo bastante mayor o experto para detener esto. La idea de nivelar el terreno en un juego injusto era algo más personal para él y deseaba combatir esa injusticia.
-Parece que siempre elegís algo inesperado cuando hacés una película…
-Eso es lo inteligente, amigo. Si eres bastante analítico y puedes trabajar con directores que son mucho más inteligentes que tú, eso es positivo, ellos tienen la última pluma en la mano; escriben la historia. Las películas con las que crecí me dejaron una marca indeleble, y en cierta forma me modelaron y me enseñaron algo. Hoy en día aún sigo viendo esas películas, tienen profundidad, tienen longevidad y eso es lo que trato de hacer.
-Tu más reciente película, El árbol de la vida, entraría dentro de esta categoría…
-Fue una sorpresa grata y feliz para Terry (ganar la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes). Era una historia personal para él. Lo estimo mucho. Yo no espero premios. Nunca lo hago. Es agradable cuando recibís un premio. Y es grato cuando un amigo lo recibe. Pero lo más importante es que la película tenga calidad, que sea una obra de la que puedes estar orgulloso. Como dije, aún disfruto películas que veía hace 20 años. Ese es mi objetivo para los films que realizo.
-¿Cuáles son las películas que seguís viendo una y otra vez?
-¿Las películas que amo, justo ahora? Diría Atrapado sin salida, Dr. Insólito, Apocalipsis Now y Todos los hombres del Presidente. Todas ocupan un lugar importante en mi cabeza.
-¿Te gustaría dirigir una película algún día?
-Tengo una compañía de producción y queremos especializarnos en películas más oscuras, que sean más difíciles de ver en la pantalla, o respaldar a nuevos e interesantes realizadores cinematográficos. No somos una compañía de producción con mucho dinero. Con respecto a dirigir, no tengo aspiraciones de hacerlo en absoluto. Me sentiría atormentado. Creo que podría hacer una buena película, pero eso me llevaría tres años de agonía, dolor y sudor, además no podría ver a mi familia durante ese tiempo. Eso no sería sano para mí. Estoy feliz con el trabajo que tengo.