Por: Mariángel Solomita
Es viernes, hace calor y llueve. La lluvia, cuando llega de imprevisto en un día de rodaje en exteriores, es una desgracia. Llegamos al Hotel Casino, el más grande de Carmelo, Colonia, y que en estos días funciona como oficina de producción de Dos hermanos, la última película de Daniel Burman, el primer protagónico de Antonio Gasalla y el regreso al cine de Graciela Borges. "Vinieron el peor día, tengan paciencia, tuvimos que cambiar todo el plan de rodaje y el humor no es el mejor": nuestro primer contacto, Jimena Blanco, productora de Bdcine y que nos plantea dos opciones, ir hasta la locación en Nueva Palmira o esperar cómodamente en el hotel y cruzar los dedos para que a medianoche haya terminado la grabación. Segunda parada, Nueva Palmira.
Los dos carteles de "Gabriel Conde vende"que cuelgan de las ventanas son reales; la casa, antigua y descuidada, está a la venta. Aparece un productor, da indicaciones por un handy, y otra vez "llegaron en un mal día, pero esperen por acá". La actividad alrededor de la casa es normal, hay un policía y una cintas que prohiben el paso, y sólo dos señoras de la casa vecina esperan bajo lluvia, confiadas de que algo va a suceder. En efecto, 5 minutos después Graciela Borges sale por la puerta, ayudada por dos asistentes que la toman de los brazos para que no se patine, mira a cada uno de sus lados, sonríe ampliamente y pregunta cómo están. Las señoras, calmadísimas, saludan.
"La condición de filmar en Uruguay la exigía el guión y fue una buena decisión, estamos muy cómodos, es la idea de Uruguay y Argentina que son como dos hermanos…Un poco como Dos hermanos, alguien que uno cree que conoce mucho pero a la vez no conoce nada y es parte de uno y no y lo ama y lo odia (risas) …creo que es una buena metáfora…son dos países que lo separan tan poco pero también mucho, muchos aspectos de idiosincrasia que son diferentes y que generan admiración y generan odio y es un vínculo que realmente tiene las contradicciones y complejidad que solamente puede tener un vínculo entre hermanos." Daniel Burman habla mucho y rápido, mientras contesta come helado de frutilla y sonríe bastante, se divierte. Cuando filma es igual, se mueve rápido, da indicaciones, entra y sale del set, está atento a los detalles y a los actores, que según afirmó, son el elemento más importante de sus cintas.
UNA DIVA DE CINE. La elección de los actores surgió antes de decidir que la novela corta Villa Laura- escrita por Sergio Dubcosvsky, hermano del socio de Burman- sería una película. "Cuando leí la novela inmediatamente pensé en ellos", asegura el director, que escribió el guión junto al escritor Marcelo Birmajer.
"Antonio (Gasalla) supuse que era un actor extraordinario y lo confirmé el primer día del rodaje, es un actor con una esencia cinematográfica increíble, con una economía de recursos y un conocimiento intuitivo de lo que es la relación cinematográfica que es totalmente asombroso. Graciela (Borges), toda la experiencia que tiene se ve en cada plano y tiene una relación con la cámara muy particular, así que es como un lujo tenerlos a los dos en el mismo plano", afirma.
Son las 20:30 horas y el equipo está terminando de cenar. La Graciela Borges que se acerca junto a Burman no se corresponde con la imagen de diva impenetrable que uno puede hacerse. Sin maquillaje, con una capelina y sonriente dice que le gusta trabajar con directores jóvenes, nombra a Diego Kaplan, a Luis Ortega y a Lucrecia Martel, que la dirigió en La ciénaga, su trabajo más aplaudido en estos últimos años. "Me parece que Lucrecia fue en esto maravillosa, y creo que sí, que el trabajo mío le gustó, además siempre veían (los directores jóvenes) y estudiaban cine con películas mías, de cuando era muy chica...Entonces creo que esto fue un buen motivo para que yo trabaje con ellos. Yo aprendo mucho de ellos, mucho, y ellos algo mío."
En Dos hermanos interpreta a Susana, una mujer de personalidad explosiva, "yo no lo encontraba al personaje…hay personajes que me interesan adentro, muy adentro y un día uno siente que todo lo que llegue por añadidura está bien. Si a vos el director te dice `voy a hacer una escena totalmente distinta`, vos sos el personaje y ahí vas, estás puesto. Y yo no le encontraba, no le encontraba, hablar tanto y tan rápido…y yo decía `tengo que hacer algo con los diálogos` y Gasalla me dijo `a ver, sacale los puntos y las comas`."
Aún antes de comenzar el rodaje, hace 3 semanas en Carmelo, Dos hermanos generaba expectativas en Argentina al punto de realizar una conferencia para anunciar el inicio de rodaje. Ante los periodistas, Borges repetía que se trata de una película especial, que llegó en un momento en que ella sentía que no debía filmar más cine, que días antes fue a visitar a Gasalla a su camerino y le comunicó las ganas de hacer algo juntos, y que es una película que será fenomenal para la carrera del director.
" A mí me parece que viene a cerrar un ciclo -y después arrancará con otro porque todo es como budista en el mundo, todo empieza y termina y empieza y termina- creo que hasta ahora él hizo unos filmes de determinados aspectos, algunas partes muy judías, viste…y en esta se aleja con personajes que él desconoce más y es muy creativo lo que uno no conoce para hacer, más que lo que uno conoce, lo que hay que hacer en cine es lo que uno desconoce", explica la actriz.
DIRECTOR. Daniel Burman, a sus 35 años, tiene una filmografía envidiable. Premiado en los festivales de cine de Berlín y Venecia, ha hecho del tópico familiar su materia prima. Sus películas, tragicómicas, son casi un seguimiento de su vida personal, llevadas de la mano de su cómplice, actor fetiche-alter ego, amigo y casi socio Daniel Hendler. Luego de "la trilogía de los Arieles" (Esperando al mesías, El abrazo partido, Derecho de familia), apareció El nido vacío mismo tema, pero con el ojo puesto en otro lugar: en una pareja que ve como sus hijos crecen, se desprenden de ellos y deben rehacer su vida.
-¿Te estás alejando de tus experiencias personales para contar?
- A veces lo autobiográfico también te agota y te dan ganas de otros mundos que supuestamente son desconocidos pero nunca terminan de serlo del todo. Porque los vínculos familiares siempre replican en otros tipos de edades y otros tipos de circunstancias.
- Una vez dijiste que si el director no comparte una experiencia vital con sus personajes, al menos debe coincidir en sus deseos o temores, ¿se aplica a esta película?
- Sí, de alguna manera los miedos que uno tiene en ciertos momentos de la vida después toman otras formas, pero el concepto básico de lo que uno teme siempre es estable, siempre permanece, se manifiesta de diferentes maneras, por lo cual eso es algo que podés explorar en otra generación que en principio te es lejana, pero que no lo hace una materia más desconocida.
- ¿Cuál es el argumento?
-Acá la idea central es la orfandad, el aceptarla. Hay algo muy interesante que es que uno siempre tiene el pensamiento que los padres si se mueren cuando sos grande ya no te va a importar tanto, y cuando avanzas en la edad empezás a conocer gente muy mayor que en el momento en que muere su último padre y llega a la orfandad definitiva el impacto y la sensación esa de orfandad real, puede ser el último día de tu vida, pero es cuando uno realmente asume la verdadera dimensión solitaria que tenemos. Me parece que estos personajes en el momento que entran en esta situación de orfandad son dos hermanos que de alguna manera todos los conflictos de vínculos que se establecen en la infancia, los hermanos quedaron congelados en el tiempo y los vienen a resolver en este momento, por lo cual vuelven a ser dos niños que sin sus padres no saben qué hacer con sus vidas. Y cuando empiezan a entender un poco que pueden existir como individuos más allá del vínculo que tienen como hermanos es prácticamente cuando se pueden vincular.
-En El nido vacío te permitiste jugar con otros géneros, incluiste un mini musical, ¿experimentás en Dos hermanos?
- Y más todavía (risas), creo que la experimentación y la búsqueda no debe cesar nunca porque es lo que te mantiene el entusiasmo. No puedo cometer el error de pensar que porque algo no funcionó no va a volver a funcionar y las películas y las narraciones funcionan en determinado momento, en determinado contexto y no todo debe evolucionar alrededor de uno, sino que uno debe evolucionar hacia algo. Evolucionar yo le llamo a acercase hacia lo que uno realmente es.
- ¿Estás al tanto del cine uruguayo?
-Mucho, soy muy amigo de muchos cineastas uruguayos, muy amigo de Daniel Hendler(co-productor de esta película), sigo muchísimo la filmografía del último cine uruguayo que la verdad que tomó una identidad propia muy fuerte y con condiciones de fomentos que no son tan favorables como en Argentina, lo que es doblemente meritorio.
En pocos minutos el frente de la casa se transformó en el plató de filmación. A unos metros algunos curiosos observan en silencio, más que nada están interesados en ver a Raúl, un señor del pueblo que tiene un papel de extra. La escena es fácil pero tiene que filmarse antes de que vuelva el agua. Gasalla del otro lado de la ventana ve cómo colocan un cartel de venta en la casa y sale a averiguar qué pasa. A la otra actriz la llaman Anita (Ana Padilla), Burman ensaya con ambos, filman. "Hola Marcos, ¿cómo estás? Bien, ¿qué están haciendo? Tu hermana dijo que pusiera la casa a la venta. Pero yo también soy el propietario. Tengo el fax en el auto, ¿te lo muestro? Un fax no sirve como documento Es un tema de familia, ¿por qué no la llamás? No puedo, no tengo roaming." Se escuchan las risas de Burman, repiten un par de veces.