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El tucumano de "Peligro sin codificar" que agota funciones y llega a Montevideo con su Oficial Gordillo

El comediante Miguel Martín, más conocido por su personaje, Oficial Gordillo, se presentará el próximo sábado 22 de junio en el Radisson Victoria Plaza con el show "Gordillo amigo (de lo ajeno)".

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Oficial Gordillo.
Oficial Gordillo.
Foto: Difusión.

Nació en Tucumán, llegó a integrar el elenco de programas de humor argentino como Peligro sin codificar, y luego de varias temporadas agotando localidades en Villa Carlos Paz, llega por primera vez a Uruguay. El comediante Miguel Martín, más conocido por su personaje, Oficial Gordillo, se presentará el próximo sábado 22 de junio en el Radisson Victoria Plaza con su espectáculo Gordillo amigo (de lo ajeno), entradas por el portal Mientrada.com.uy, donde el agente contará múltiples operativos. En esta entrevista con Sábado Show, Miguel Martín habla de su carrera, el humor y el Oficial Gordillo.

—Empezaste en 2008, ganaste un Martín Fierro, estuviste en Peligro sin codificar y sos un clásico en Villa Carlos Paz, pero imagino que el camino ha tenido sus idas y vueltas.
—Sí, por supuesto, todo fue casualidad en mi vida. Nada de esto fue programado, nada fue como cuentan las anécdotas o las crónicas sobre otros que dicen “un día dije, esto es lo mío”, no, mentira. Siempre fue de manera especulativa, de manera cagona en realidad. Yo tenía mi trabajo, me recibí de Analista de Sistemas y trabajé de verdad hasta el año 2008. Ahí empecé a hacer lo que me gusta como payaso de adulto como digo yo. Era disfrazarme de policía, ponerme en la punta de una mesa a contar chistes, para cinco, diez o los que sean. Pero siempre tenía un trabajo extra que era el de verdad, el de analista de sistemas, y los fines de semana despuntaba el vicio de hacer humor. Así que sí, fue un camino de idas y vueltas.

—¿Y te costó desprenderte del trabajo “de verdad”?
—Estuve hasta que vieron que me empezó a ir bien y pedía licencia para ir los fines de semana a algún lado, y un día el jefe me dijo: “tenés fiestas todos los días, me pedís licencia para los fines de semana, renunciá, no seas garca”. Porque además era un comercio, no era una institución pública como para que puedas zafar. Así que renuncié y, nobleza obliga, me pagaron bien para renunciar, me dieron una indemnización, y eso que trabajaba en una casa de electrodomésticos. Estaba en “Mobilar tiene todo para su hogar, más precios y facilidades”, por eso siempre los nombro.

Oficial Gordillo.
Oficial Gordillo.
Foto: Difusión.

—Ese acuerdo es genial, te pagó hace casi 20 años y los seguís nombrando.
—Invirtió en un chivo para toda la vida, sobre todo en Tucumán, y por eso cuando voy a algún programa les paso el chivo, nobleza obliga, sino no me hubiera invitado.

—En Uruguay no se vio Manyines, pero fue tu debut en televisión. ¿Qué quiere decir y cómo fueron esos tiempos?
—Quiere decir sinvergüenza, vago, es un modismo de acá del norte. En un principio, Manyines era un programa local de cable. Nosotros llevábamos el videocassette al canal, el programa se emitía a las ocho de la noche y nosotros lo llevábamos a las siete y media, porque recién lo habíamos terminado de editar. Les decíamos: “por favor, recibilo que tenemos auspiciantes”. De esa manera empezamos, con República de Tucumán y Manyines, es el mismo programa que va mutando, porque lo que queríamos era hacer humor y demostrar que uno no le teme al ridículo con esos personajes.

—Y después vino Peligro Sin Codificar. ¿Cómo llegaste ahí?
—Pasó que armaron un concurso al chiste más votado en Facebook, y al ganador lo invitaban al piso. Entonces empiezo a hacer campaña con mis amigos periodistas, porque siempre trabajé en programas de radio, y les empiezo a mandar mensajes para que me hicieran el aguante y la gente me vote. Todos los días compartía y compartía, y gané el concurso. El comunity manager del Facebook de ese momento me dice: “che, mirá, no se puede ir al programa”, porque el Facebook no tiene mucho que ver con el programa y no sé qué más. Le digo: “bueno, no importa, no hay drama”, pensando que no voy a hacer un quilombo por algo que no va a ver nadie; y los tucumanos somos quilomberos, entonces empezaron a decir quilombo: “che, que ganó el concurso”, “como nos van a hacer esto”, y no sé qué más, y entonces me llama Gustavo Pavan, el productor, y me dice: “tucumano, che me están puteando acá, me haces el favor de pasarme el DNI así venís”. Voy, Migue Granados me recibe y me dice: “bueno tucumano, ¿qué querés hacer?”, le digo que quiero hacer una poesía, me personifico de policía y voy”. Cuando me pregunta cuánto tiempo, le digo que dure poco, dos minutos y que me saquen porque tenía un cagazo enorme. Además pensando que en esos dos minutos que salía en la tele la gente me iba a ver y me iban a contratar para mil fiestas, cumpleaños, casamientos, bautismos, despedida de soltera, de casado, de todo.

—¿Y pudiste hacer el número?
—Sí, hago mis dos minutos y los tucumanos hicieron quilombo. “Eh, que lo sacaron enseguida”, “lo sacaron repoco”, puteaban a los porteños; y el productor me dice: “¡Escuchame, me están punteando de nuevo! ¡Quedate, quedate! Vamos a grabar un programa”. Eso era un domingo en vivo, me quedé el lunes, grabamos el programa del miércoles, y cuando volví a salir se generó una buena onda y siempre me decían “Tucumano, ¿qué haces este fin de semana?” Y cuando tenía un domingo libre me iba y me ponían en una cosa u otra. Así se generó una linda amistad con Pavan, con Pichu, con Nazareno, con Pachu. Así que para mí fue cumplir un sueño el poder actuar con los chicos de Videomatch. Fue hermoso.

—Además de esta carrera en televisión has trabajado mucho en teatro y te ha ido bastante bien.
—Sí, eso es sorprendente. Porque la dinámica del humorista es esta, uno hace el programa de tele para que después te vayan al teatro, porque la tele no gana una mierda. Porque tenés que llevar el videoscassete, buscar los auspiciantes, y toda esa historia, y quedás cero a cero. Nosotros empezamos con un bar, no sé si entraban 50 personas, después pasamos a un teatro mediano, después a uno grande, y después hicimos un microestadio en Tucumán.

—Hasta entonces eran un trío de humoristas, ¿cómo se inició el camino en solitario?
—Se dio. Después de llenar todos los lugares en Tucumán yo quería salir, pero uno me dijo que se iba a vivir a España, otro que no le gustaba la comedia y se quería dedicar al tango. Así que yo me dediqué a desarrollar más el personaje de Gordillo, lo subí a las redes sociales y fue como una especie de Justin Bieber tucumano. Hacía un teatro, lo grababa y lo subía, y me llaman de Córdoba, y empecé a hacer temporada allá. Empecé un jueves a trasnoche, y después me dicen: “che, tucumano, te va bien el jueves, ¿te animás el viernes?”, y después fue el sábado y el domingo. Y al otro año fue “te vamos a poner en el prime de jueves, viernes y sábado, y después el domingo. Este año cumplí 10 años en Carlos Paz, y empecé en un teatro para 100, después para 400 personas y hace como cuatro años que estoy en el Luxor que tiene capacidad para 1500 personas, y lo llenamos casi todos los días.

—Imagino que no lo esperabas cuando te largaste solo.
—No, porque yo siempre pensé que iba a tener una vida un poco más normal, digamos. Yo soy de pueblo y pensé que iba a ser repartidor de soda como mi viejo, hasta tenía elegido el camioncito que me gustaba, la casita en el barrio de 200 viviendas, la chica con la que me iba a casar; ya tenía todo programado, pero bueno, la vida te va llevando a lugares insospechados.

—¿Cuál es la clave del éxito del Oficial Gordillo?
—Yo creo que es un anti-héroe. El anti-héroe somos la mayoría, somos los que quedamos en el camino, porque héroe hay uno solo. Creo que eso es lo que más pega. También estas cosas que cuento de mi vieja que me perseguía con la varilla, hasta hoy de grande que voy a una fiesta y está Pedro Alfonso, Luciano Pereira, y el guardia de seguridad te pone la mano en el pecho y te dice: “disculpa no necesitamos seguridad, estamos nosotros”, y yo explicando “soy Gordillo, soy humorista”. Esas cosas que no les pasa a ellos, ni a Abel Pintos, porque hasta ellos se tunean y son conocidos, y yo voy de jean y zapatillas, y me quieren sacar. Y todavía hay gente que me dice: “vos sos celebrity”, qué voy a ser.

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