Dedicado a los niños

Victor Rial fue maestro durante 28 años y durante 38 una de las figuras de Cacho Bochinche.

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Por: Ximena Aleman

"Las cosas tienen un lenguaje mudo", dice Víctor Rial, se refiere al Coliseo, en Roma, donde oyó tras el silencio las pisadas de los gladiadores, o a las pinceladas de la muerte, que él rastrea en el último cuadro de Van Gohg, El vuelo de las grullas. Víctor entiende ese lenguaje mudo. Seguramente por eso se mueve en el mundo de las marionetas. Porque, aunque inertes, él escucha su lenguaje y lo interpreta. Porque sabe que no todo tiene que ser palabra para ser dicho.

Fue maestro en el área de enseñanza especial durante 28 años y es egresado de Bellas Artes. En el aula logró reunir sus dos vocaciones integrando las marionetas a la dinámica de la clase, por eso los años de enseñanza se le pasaron como un suspiro y tuvo que jubilarse. Hace 38 años, empezó a trabajar con Cacho de la Cruz en Cacho Bochinche donde miles de niños de varias generaciones lo conocieron como hoy se lo reconoce, como Víctor, el de las marionetas.

-¿Cómo empezó tu historia con las marionetas?

-Con las marionetas empecé de casualidad. Yo soy hijo de inmigrantes, mi padre vino muy jovencito a este país y mi madre también, eran españoles los dos. Les gustaba mucho el teatro, eran de la zarzuela. Mi papá nos llevaba al teatro mucho y en dos oportunidades nos llevó a ver marionetas. Y a partir de ahí, siempre me gustó. Un día yo estaba estudiando con una amigo y él me comentó que había venido un grupo de marionetas, pero ninguno de los dos tenía plata. Él era alumno de Élida Acosta, una mujer que había hecho mucho radio teatro y estaba relacionado con las salas y resolvimos ir y tratar de conseguir invitaciones. En la boletería preguntó por el dueño, que estaba justo detrás del boletero. Era un señor muy mayor, con lentes y cabello blanco, tendría 70 y pico de años. Siempre me quedó grabada la imagen de él. Mi amigo le dijo que éramos dos uruguayos que recién empezábamos a hacer marionetas y que lo queríamos saludar. El hombre nos dio invitaciones y vimos el espectáculo, que era maravilloso. La compañía se llamaba Los Pupies. Cuando se terminó la función, yo quise subir al escenario para ver los muñecos de cerca. Empecé a verlos y el hombre nos dijo que quería ver lo que hacíamos nosotros. Entonces le dije la verdad, que queríamos empezar pero nunca habíamos hecho nada. Me preguntó si querría empezar, que no podía pagarme, pero que me enseñaba. Y me enseñó. En la última función nos presentó y actuamos en el espectáculo de él como futuras promesas del espectáculo uruguayo. Ahí yo y mi amigo armamos una compañía con muñecos a todo lujo, con plumas y lentejuelas, bien tipo show. Fuimos al programa de Cristina Morán, ella fue la primera persona que me abrió las puertas de la tele, cuando hacía Domingos Continuados, y nos contrató. Íbamos todos los domingos con los muñecos. Eso era mucho decir, era el boom de la televisión, como estar en Hollywood, si estabas en televisión te conocía todo el mundo. Hicimos un espectáculo en el teatro Victoria, que fue un éxito. Y nos fue divino. Al segundo año ya nos fuimos a Buenos Aires, ya nos quedaba chico Montevideo, empezamos a ganar mucho dinero e hicimos la temporada de invierno allá. Íbamos a hacer la temporada de verano en Mar del Plata, para niños, pero, como era setiembre y teníamos que esperar tres meses, yo me vine y mi amigo se quedó allá con los muñecos. Y se peló con la compañía. No lo vi más, me quedé sin nada. Empecé de nuevo.

-¿Con Cacho De la Cruz?

-Hace 38 años de esto: yo me había cruzado con Cacho una vez y él me había dicho que iba a empezar un programa para niños y nos había ofrecido trabajar con él. Pero nosotros nos íbamos a Buenos Aires. Cuando vine me acordé, fui al canal, hablé con él y empecé a trabajar. Trabajar en el programa me abrió las puertas de todo, me dejó hacer muñecos, marionetas, títeres y empecé a trabajar en la producción de juegos porque soy maestro y entiendo de sicología infantil. Fueron 38 años en los que trabajé por mi cuenta haciendo espectáculos, hasta hoy lo sigo haciendo. Me ha llenado de satisfacciones porque tengo el reconocimiento de la gente, a donde vaya me abren las puertas. Cuando caminás derecho en la vida, la gente te trata bien y eso es lo más lindo, la cosecha. Desde la semana pasada estoy haciendo los muñecos de Canal 12 con Ximena Torres. Me dieron la posibilidad de hacerlos libremente e hice una onda Muppets. Siempre es lindo cuando te llaman para trabajar en los canales, es como una caricia al ego. Yo pensé que con el fin de Cacho dejaba la tele.

-¿Pero ya trabajaste solo?

-Yo tuve un programa propio en Canal 5, del cual hasta el día de hoy me queda el mote: El tío Víctor y sus marionetas. Lo hice durante dos años. Lo dejé de hacer porque me cansaba mucho y me coaccionaba las salidas a hacer espectáculos, pero me quedó un recuerdo hermoso. Eso era una cosa totalmente creativa. Hacer programas para niños en los que no pongas juegos no es fácil. Hacer juegos y canciones, sí. Yo pienso que un buen programa de televisión no se tiene que basar en juegos, tiene que estar basado en otra cosa. En que tú lo entretengas, lo eduques, que lo prendas con personajes, con concursos, con preguntas sin llegar a jugar, porque es lo que hace todo el mundo. Es difícil, pero se puede. Yo lo hice en Canal 5, no había ningún juego, cada programa tenía un tema diferente: la atmósfera, o las legumbres y en ese caso los personajes eran lechugas y tomates que bailaban y hablamos de la importancia de la alimentación. Entonces entreteníamos y educábamos sin llegar al que gana y al que pierde. No lo critico, pero pienso que el desafío está en lo otro y quien quiera trabajar con niños tiene que agarrar ese camino porque los niños de hoy son los niños de la computadora. El niño es el crítico más difícil que hay. Cuando algo no les gusta se paran, lloran, se quieren ir. Un adulto se queda, por lo menos para ver el final. El niño o lo entretenés o lo entretenés. Ahí estamos, en ese desafío.

-¿Qué aprendiste con las marionetas?

-El mundo de los muñecos me sirvió en la enseñanza por ejemplo para trabajar con chicos con problemas. Yo lo usaba como herramienta de trabajo, te abre un panorama de estudio del alumno con problemas tremendo. Lo que un chico le cuenta al muñeco no se lo cuenta al adulto o al docente. Y es más, cuando le das un muñeco a cada niño y tienen que hablar, dicen sus cosas, sus preguntas, todo lo que cuenta es una herramienta de comunicación tendría que estar implantado en todas las aulas. Yo en mi clase tenía uno que era un alumno más de clase y estaba todo el año. Tenía que pasar adelante y explicar lo que yo había enseñado. Yo hacía que lo dijera mal para que ellos corrigieran y así medía el nivel de atención, o incluso para hacer el análisis de un paseo. No lo llevaba pero cuando volvían ellos tenían que contarle lo que habían visto y ahí sacaba conclusiones de lo positivo del paseo. Así trabaja lenguaje, matemática, lo que quisiera. También modales, como decir compermiso, perdón, buenos días o muchas gracias. Por eso es un mundo fascinante. Toda mi vida se la dediqué a los niños.

-¿Cuándo empezaste no pensabas aplicarlo como una técnica?

-Primero fue lo pedagógico y después lo artístico. Después vi que lo podía usar. Los chicos empezaron a preguntarme por los personajes y los muñecos, porque me veían en la tele. Y ahí empecé a trabajar con los niños y los muñecos. Mi gran deuda con la sociedad es no dejar ese caudal de material, que no lo pude encauzar, a un grupo de jóvenes que sigan con esta cantidad de marionetas, que agarren la técnica de comunicación, porque es todo un secreto eso. Es un triángulo que hay que aprenderlo: la fabricación del muñeco, el titiritero y el receptor. Para la construcción de los muñecos yo me inspiro mucho en la música. Los creo según el personaje que van a ser. El último títere que hice es una bailarina árabe que tiene como 70 hilos, cada vez que salgo a escena pienso en porqué la hice. Esta bailarina tiene los movimientos de las manos, de la cintura de las caderas. Lo hago re cortito para que no se me enrede.

-¿Cuántas marionetas tenés?

-Para armar el espectáculo empecé a sacar y seleccioné para el teatro diez muñecos, nada más, pero debo tener arriba de 400 muñecos, baúles y baúles. Tengo muñecos de colección, tengo muñecos de un titiritero uruguayo que agarró una valijita y se fue a recorrer el mundo. Estaba frente al Ministerio de Cultura de Brasil y le dio un infarto y se murió y quedaron los baúles en España. Su hermano me las trajo, son de madera y pasta de papel. Otra vez estaba en un espectáculo en una escuela de Las Piedras y a la salida un anciano con acento italiano me paró y me contó que él había llegado con su familia escapando de la guerra, que su familia era de titiriteros y que tenía una compañía de títeres pero que por el idioma no habían podido trabajar. Ahora tenían viñas. Su hijo no quería tener más ese material en el galpón porque precisaba el lugar y el anciano quería dármelo para que yo lo trabajara. Fui y las marionetas eran talladas en madera, una maravilla, con ojos de cristal incrustados, antiquísimas. Me fascinaron. Pero no me las podía llevar en el momento y le pedí diez días. Él me dio dos marionetas, pero cuando volví ya no tenía nada. Todo ese material terminó en uno de los sótanos que venden antigüedades en Tristán Nervaja. De esto hace 25 años. Esa cabeza que tengo yo era de sus bisabuelos, ¡el tiempo que tendrán!

-¿De qué se hacen las marionetas?

- A mi me enseñaron a tallarlas en madera pero quedan re pesadas. Ahora uso materiales modernos, las hago más livianas. Hay cantidad de materiales: polifón, pegamentos, látex, muchas cosas que hace 20 años no había. Hay muñecos que llevan mucho tiempo, la bailarina árabe me llevo 15 días entre idearla, hacer el cuerpo, diseñar la ropa, coserla. Haciendo marionetas te hacés sastre, costurero, pintor. Yo soy egresado de Bellas Artes, hice pintura y tengo muchísima manualidad. Con Cacho hicimos Las manualidades de Víctor durante muchos años. Haciendo esto aunás todo, porque para ser titiritero tenés que ser artesano primero y después tenés que tener lo artístico, si una servilleta la movés y le ponés arte el chico se fascina con la servilleta, porque no importa el muñeco, si no sabés qué hacer con él.

-¿Qué vas a hacer en estas vacaciones de julio?

-Yo no iba a hacer teatro acá, pensaba largarme al interior, que allá no hay nada para niños. Pero Pelusa se jubiló, y cuando te jubilás pasás de tener mucha actividad a tener cero y eso es espantoso. Cuando yo me jubilé de la docencia, seguí con la televisión y nunca estuve sin actividad, pero me imagino que debés volverte loco. Me gusta pintar y cuando no tengo nada qué hacer agarro la valijita con las temperas y los óleos y el auto y paro debajo de un puente y me pongo a pintar. Pero Pelusa entró en un bajón, de la máquina del canal pasó a estar sin hacer nada. Se sentía mal. Entonces lo invité. Invitamos también a Michelle De León, hicimos un terceto. Yo creo que va a funcionar lindo. Es la primera vez que hacemos vacaciones sin Cacho. Hacemos un show en el teatro Metro, Divertidísimos, en el cual yo y dos payasos nos encontramos para ensayar un espectáculo. La trama es un pretexto para ir mostrando lo que hacemos.

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