El hijo único tiene más chances de experimentar la soledad. Y de llenarla. Jorge Traverso llevaba un diario personal donde apuntaba cosas que le llamaban la atención o impresiones de un universo imaginario.
Así estaba el mundo en la niñez en la niñez de Traverso, marcado por una vocación por el lenguaje escrito. Y por ese camino empezó. Escribió en suplemento Domingo de El País, en Búsqueda y en Opinar. Era un periodista especializado en el área cultural: en general con comentarios sobre cine.
"Mucha gente se sorprende cuando digo esto: pero del periodismo escrito es donde más cerca vocacionalmente me siento", reconoce.
Empero, la televisión (conduce Subrayado desde hace 21 años) y la radio (Tiempo presente, en Oriental) se lleva gran parte de la actividad pública de Traverso.
El diario de hijo único, en cambio, sigue ahí. Traverso escribe para un futuro, tal vez, transformar aquello en un libro. "Lo hago para mí, por ahora. Para que la muñeca no se endurezca", asegura el periodista.
Su primera experiencia en televisión fue junto a Néber Araújo y Silvia Cuadrado. Hacía exteriores para el ciclo En vivo y en directo, que salía todas las tardes por Canal 12.
Al regreso de la dictadura, condujo En voz alta, un programa de entrevistas diario que iba por Canal 5. Ese fue el trampolín y el descubrimiento de un género que desarrollaría en Hablemos, ya en Canal 10: la entrevista. Siete años ininterrumpidos condujo ese ciclo y hoy, cada tanto, despunta el gusto por el género con algunos Hablemos especiales, como el que hizo este año con Mario Vargas Llosa y con el capitán de la selección Diego Lugano.
En marzo de 1990 asumió la conducción de Subrayado junto a Blanca Rodríguez.
-La entrevista es el género que más has cultivado, ¿por qué?
-Me parece que la entrevista, junto al periodismo narrativo son las áreas clave del periodismo desde hace bastante tiempo, además de la información de todos los días. Aquello de conocer al otro, saber cuáles son sus objetivos, ingresar más profundamente en la vida de la persona, no solamente de las figuras notorias. Casi todos tenemos una historia que los demás desconocen y valdría la pena conocer.
-Fueron siete años de Hablemos, ¿cómo los recuerda?
-Me dio muchas satisfacciones. La entrevista es como una teatralización de la realidad. El entrevistado siempre quiere dar la mejor impresión de sí mismo. Y el periodista sale a la caza de lo que quiere ocultar. A veces se consigue y a veces no.
-¿Conserva grabaciones?
-Tengo mucho material grabado. Lo he convertido a sistema digital para tenerlo archivado y cuidado. Hay cosas que se rescatan que son muy valiosas y otras no tanto.
-¿Qué ocurre cuando revé ese material?
-Una reacción de sorpresa. ¡Mirá lo que era yo! Me causa pudor verme.
-Si tuviera que elegir una entrevista, ¿cuál elegiría?
-No sé... es difícil. Fueron tantas. A Marcel Marceau lo recuerdo especialmente. Le hice tres entrevistas, en sus distintas presentaciones en Montevideo. Encontrarme a Marcel Marceau fuera de su personaje. No diría que tuve una amistad con él, sería demasiado pretencioso, pero tuve una buena relación. Tengo cosas en casa que él me dedicó, hicimos un muy buen vínculo. Se creó una gran afinidad. Él quería mucha al Uruguay, el Teatro Solís. Me gustaría encontrarme de nuevo con Marcel Marceau... él murió en 2007. Era tan grande como artista y como persona. ¿Qué podía encontrar Marceau, uno de los grandes artistas del siglo XX, en un periodista uruguaya que no le iba a dar prestigio mundial sino su propia amabilidad y su afinidad con algunas cosas que le preguntaba? Así que si me preguntas por una, pienso en Marceau, pero hubo muchas.
-¿Se podría volver a hacer Hablemos como ciclo hoy?
-Hoy las lógicas de la programación de televisión son otras. Los ciclos son más cortos. Los tiempos son otros.
-¿Cuál es su próximo desafío?
-Siempre me planteo proyectos. Este año concreté uno que fue el de generar ciclos de encuentro alrededor de temas que puedan resultar atractivos. En mayo comenzamos este foro acerca del tema "La sociedad del espectáculo", en el Museo Zorrilla. El término empezó usarse en la década del 60 y concibe al mundo como un gran espectáculo. Hay una representación que sigue las normas del espectáculo en cada cosa de la vida: en la política, en el amor, en el cine, en la elección de nuestros ídolos, en la manera en que presentamos en la violencia. Nos movemos con formato de espectáculo. Todos, aunque no lo sepamos. Hasta la persona que tiene el menor potencial económico para construirse una imagen de esa naturaleza, lo intenta. Porque eso significa adquirir visibilidad en un mundo donde la visibilidad es un valor muy importante. Quien es visible, tiene réditos. Quien es invisible, aunque sea valioso, tiene menos. Debatimos sobre estos temas, soy el conductor del ciclo, pero llevamos especialista. Es una experiencia nueva para mí y realmente estoy muy satisfecho. Me parece bueno tener un ámbito de reflexión. La elección del tema fue mía, he leído mucho sobre eso, porque realmente creo que el mundo es un gran espectáculo. A veces es una mala comedia.