Contar con la memoria

Entrevista con las directoras de las películas ganadoras en Punta del Este. El premio y Las malas intenciones están programadas en el Festival de Cinemateca.

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Por: Mariángel Solomita

En una escena de la película El premio, Cecilia y su madre intentan cerrar las ventanas de la casa. Pero el viento es muy fuerte, la arena y el agua salada entran de todas formas invadiendo los espacios. Todos los espacios. Cayetana, la protagonista del film Las malas intenciones, va a tener un hermano. Lo odia. Quiere matarlo o morir ella cuando él nazca. Cayetana tiene ocho años y su chofer la lleva cada día hasta el centro de Lima para ir al colegio. Llega tarde, siempre. En esos viajes va viendo señales de un inicio, una fatalidad que se acerca y se anuncia como Sendero Luminoso. La ciudad pierde, Cayetana pierde.

Estas películas hablan de pertenencias y de crecimientos. De maneras de crecer. Están hechas con la memoria. Son dos óperas primeras, de dos directoras latinoamericanas, que contaron a partir de sus recuerdos momentos de la historia de su país.

Las dos eligieron poner sus miradas en el cuerpo y la energía de dos niñas. Ambas películas se exhibieron durante el Festival de Cine de Punta del Este; El premio resultó la Mejor Película, Las malas intenciones le dio a su directora Rosario García-Montero el reconocimiento a la Mejor Dirección. También forman parte de la programación del Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay que organiza Cinemateca.

ALGÚN PASADO. A las niñas de Paula Markovitch y de Rosario García-Montero las une el desamparo. Cecilia, 7 años, vive en una casa de playa con su madre. Están escondidas y esperan el regreso del padre. Es invierno, es nueva en el lugar y empieza a ir a la escuela. Cecilia sabe que si le preguntan por su familia tiene que mentir, pero no entiende por qué. En la escuela de San Clemente (norte de Buenos Aires) se entregará un premio a la mejor redacción. Tema: los soldados.

"Yo quería hacer vivir esta historia", explica Paula, 44 años, escritora, dramaturga, guionista (Temporada de patos, Lake Tahoe, entre otras). Nació en Argentina y vivió en San Clemente con sus padres, dos artistas que acostumbraban esconder a refugiados políticos. Cuenta que su padre solía irse por un tiempo, pero luego volvía. Ella fue a la misma escuela en la que filmó. Hace 20 años que vive en México. Cuando llegó al pueblo para rodar, se reencontró con antiguos compañeros que le recordaron que a los 8 años les prometió que iba a escribir un libro sobre ese lugar; por eso dice que no sabe qué responder, si el proyecto tiene unos 38 años o los tres meses que le llevó escribirlo.

"Siempre la escritura brota del inconsciente, de la experiencia más profunda...Y si no es así el texto resulta malo, sencillamente. Los recuerdos y los sueños siempre inspiran todas las obras, incluso a las más alejadas y ficticias. En mi caso tengo que reconocer que las obras que decidí poner en escena yo misma, últimamente, se apegan mucho a la memoria."

También recuerda el desconcierto que la acompañó en su niñez. Estas sensaciones son las que quiso trasladar a su película. Surgen con una narración que avanza siguiendo el relacionamiento entre una madre y su hija en tiempos de dictadura argentina. Cómo un régimen político puede afectar a un niño. Cómo va tocando todos sus espacios.

-La fuerza autobiográfica de la historia, ¿qué decisiones te llevó a tomar?

-Yo sabía que solo podía filmar allí como sabía, sin poder explicarlo racionalmente, que todos los niños tenían que ser de San Clemente. Luego durante el rodaje tuve múltiples intuiciones. Me despertaba un día demasiado temprano y ese día había una bruma deliciosa que podíamos filmar. Creo que es lo que se suele llamar "inspiración".

Rosario García-Montero tiene 36 años. Vivió en Perú hasta que decidió estudiar cine, viajó a Nueva York y ahí se quedó 10 años. Las malas intenciones le llevó 6. Volvió a Perú y, tenazmente, hizo su película. Ya ganó varios premios.

Ha dicho que un 40% de su película es autobiográfica. La primera certeza fueron los barrios en los que eligió filmar, "barrios que conocía muy bien de niña porque como Cayetana soy asmática y Lima es una ciudad sumamente húmeda, yo hacía esas dos horas de recorrido en auto para ir a la escuela." Y el balneario que visita Cayetana, "la playa esa que ha quedado atracada en el tiempo, muy venida a menos, como todo el tema de mi película, que es un proceso de decadencia. También pensé mucho en los útiles escolares. Compré 50 cartucheras en e-bay, pero es interesante lo que sucedió con el arte en la película porque yo miraba en el encuadre y esos elementos de los `80 me perjudicaban. Incluso los peinados, el vestuario, había cosas que llamaban mucho la atención y el arte debía ser invisible."

Rosario escribió el guión durante tres años. El punto inicial era la construcción interminable de una piscina, experiencia que ella misma había sufrido de niña, pero en Las malas intenciones ese argumento se transformó en unas pocas escenas. Encontró a Cayetana y con ella se quedó. Cayetana admira a los héroes peruanos, se imagina dialogando con ellos. Negocia con Dios y pretende tener actitudes heroicas. Vive un drama en el que sus cómplices (su amiga y el chofer) van saliendo de su vida, acercándola cada vez más a las dos personas que detesta: su madre y su hermano.

-¿Cómo cuidaste el lugar de lo fantástico en la película?

-Siempre fue mi prioridad cuidar el modo en que lo fantástico iría tomando forma y entrando en la vida de Cayetana. Al imponerse la fecha de su muerte el día del nacimiento de su hermano era evidente que lo fantástico iría tomando terreno.

Las fantasías heroicas de la niña están narradas con animaciones, primitivas, básicas, que evocan esas imágenes escolares de bustos de próceres con cielos rosados y caballos parados en dos patadas.

Y está la más cruda realidad. El comienzo de los años de miedo que vivió Perú desde los años `80. La narración es un vaivén entre la ficción y lo mágico, entre el drama y la comedia, pero a su vez todo forma parte de un mismo sentido. Es coherente y verídico.

-¿Qué lugar quisiste darle al terrorismo en tu película?

-Siempre estuvo en un papel secundario, en la vuelta de la esquina, acechando. Planteé una evolución: primero la pared pintada, luego el fuego, la explosión, la bomba, el apagón y la mañana en que Lima despertó con perros ahorcados en los postes de luz. Todo en paralelo con el niño. Para mí van muy de la mano pero siempre el niño como principal y el terrorismo va detrás, como problemática de fondo. Era, la ciudad pierde espacio por el terrorismo y Cayetana pierde espacio en su familia por el niño.

INTENCIONADAS. Ya estaba en San Clemente, ya había una niña protagonista pero la directora, angustiada, no sentía que fuera ella. Faltaban tres días para iniciar el rodaje. Entonces el director de fotografía (Woyciek Staron) y el compositor (Sergio Gurrola) salieron en busca de otras niñas, seleccionaron a nueve. La primera, "Paulita" (Paula Galinelli). Así fue planteada la prueba actoral: "Dejaste el abrigo cerca del radiador y se prendió fuego la casa. Tu hermanito murió en el incendio. Tenés que pedirle perdón a tu mamá." Paulita, entonces, tenía 7 años. Lo hizo perfecto.

"Yo creo que los personajes niños o ancianos suelen ser concebidos por los escritores con condescendencia, son definidos a veces por su edad y se omite su singularidad...como si ser niños o viejos fuera más importante que ser ellos. Creo que la condescendencia es muy mala con las personas y los personajes también", dice y se ríe. Es que Paula se ríe constantemente, sobre todo cuando habla de los momentos más oscuros de su película.

El premio es una película dura porque expone a través de acciones cotidianas un estado de confusión y de desesperación de una madre y de una hija que a medidas que están más juntas, están más solas. Las escenas parecen documentadas, aunque no hay nada de documental en esta realización. Markovitch estudió durante un año al director norteamericano John Cassavetes para formarse en la dirección de los actores, en este caso casi todos niños. "Sentía que en la actuación de los niños especialmente estaba la clave de la fuerza del proyecto y puse mucha energía en ella."

Cada escena fue explicada con la verdad, sin juegos ni rodeos. La cámara seguía mucho a los niños mientras jugaban, entonces intervenía la directora y, lentamente, con indicaciones a medida que rodaba la toma, los llevaba a la escena "¡Quería que fueran indomables! Quería la fuerza incontrolable de la infancia con su libertad y su plenitud, que contrastara y ridiculizara la rigidez del fascismo." Paulita, se llevó el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Punta del Este y en muchos otros.

No se queda atrás Fátima Buntinx, Cayetana.

-¿Sentís a la película como un drama o como una comedia?

-Yo digo: un drama drama drama con momentos de comedia cómplice incómoda.

Hay espectadores que por momentos se quedan mudos. Otros se ríen a carcajadas, luego lloran y siguen riendo. Otros se tapan la boca cuando ríen. Quizás esté mal. Cayetana hace cosas malas.

"Creo que mis personajes siempre están caminando en ese umbral de la identificación. No sé si uno quiere que quieran a sus personajes...no sé. Hay que dejarlos que tengan su proceso. Con Cayetana hay gente que no la quiere, otros que al tercer día me dicen `ya, la quiero`. Como que queda una resaca luego de la película. Una sensación muy rara, como si Cayetana fuera conquistando de a poquito. Me sucedía que Fátima era mucho más extrovertida que Cayetana y tenía que bajarle el registro. Eso lo logré mucho repitiendo, que es raro también porque a la tercera toma los niños no dan esa cosa fresca. Luego empecé a trabajar más con las miradas y los silencios, me ayudaba a volverla más estoica que era algo que yo buscaba. Pero claro, al toque ella se daba cuenta de a dónde iba yo. Jamás le hablé de humor negro. Siempre hicimos las escenas como si fueran dramas, el humor yo sabía que saldría por sí solo. La risa viene, no se puede planear."

Rosario y Paula se conocen. Coincidieron en el Festival de Cine de Berlín, en Mar del Plata y en Punta del Este. Incluso han compartido ponencias sobre sus películas. Es que se parecen. Más allá de ser una muestra de cómo mirar al pasado histórico sin caer en banalidades, comparten una forma de mirar hacia el cine. Aferrarse a un recuerdo para transformarlo, dejarlo surgir entre personajes fuertes, entre escenas sutiles y cotidianas, y devolverlo en forma de película. Hacer dos historias llenas de intenciones.

Festival por 30

El Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay que organiza la Cinemateca Uruguaya cumple 30 años. La muestra comenzó el 29 de marzo y se extiende hasta el 8 de abril. La programación incluye 160 largometrajes y 80 cortometrajes, de 50 países distintos. Se proyectarán los largometrajes nacionales Las flores de mi familia (Juan Ignacio Fernández), Hospi (Gerardo Castelli), El cultivo de la flor invisible (Juan Álvarez Neme), Nunchaku (Federico Borgia y Guillermo Madeiro), El almanaque (José Pedro Charlo), Amor robot (Nicolás Branca). Además se exhibirán algunas cintas que integraron el catálogo de la reciente edición del Festival de Cine de Punta del Este. Además de las imperdibles El Premio y Las malas intenciones, estará Violeta se fue a los cielos (Andrés Wood) y Las razones del Corazón (Arturo Ripstein), entre otras.

Dentro de las cinco secciones competitivas (Largometraje Internacional, Iberoamericano, Cortometraje Internacional, Uruguayo y Cine de Derechos Humanos), la competencia internacional está constituida de doce películas de Argentina, Brasil, Canadá, Israel, Japón, Rumania, Polonia y Turquía. Abrir puerta y ventanas (Milagros Mumenthaler), Transeúnte (Eryk Rocha), Madre e hija (Petrus Cariry), Curling (Denis Côté), Madrid, 1987 (David Trueba), Los pasos dobles (Isaki Lacuesta), Gramática íntima (Nir Bergman), Hanezu (Naomi Kawase), Bautismo (Marcin Wrona), Las mejores intenciones (Adrian Sitaru), La huella (Tayfur Aydin), El futuro dura para siempre (Özcan Alper).

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