ARTISTAS del papel y el lápiz

| Cada una de las creaciones expuestas a través de los medios de comunicación parece cobrar vida propia a través de los actores o conductores que las llevan adelante, sin embargo, detrás de ellas existe la figura del guionista, la persona que no sólo les da vida sino que a veces, proyecta la propia.

Son pocos aquellos especializados en el guión. La mayoría de las obras que produce nuestro país ya sean de teatro, televisión o cine son hechas por entendidos en el área en la que trabajan y que, a la hora de poner su quehacer en práctica, hacen las veces de guionistas y directores o actores a la vez. De todas formas, están los otros, los que sólo escriben.

Cada uno tiene ese no sé qué que hace que, como al compositor, la creatividad le surja en la mente como un rayo de inspiración divino y pueda aterrizar su idea en la hoja en forma de película, serial, programa televisivo, obra de teatro, pieza radial o columna de humor.

Si bien cuando eran niños no contestaban "guionista" a la típica pregunta de "¿qué querés ser cuando seas grande?", ni tampoco se destacaban por su creatividad —algunos aseguran que hasta el día de hoy no la tienen—, las vueltas de la vida los hizo dedicarse a la pluma y la imaginación. "La profesión de guionista se hace primero en base a una predisposición natural para escribir y después en base a oficio, es una progresión aritmética que a medida que vas trabajando te vas puliendo más porque vas encontrando tu estilo", dice Andrés Tulipano.

Pero ser guionista, como cualquier cosa en esta vida, no es tener el éxito asegurado. Algunos han llegado de inmediato, otros han tenido un largo recorrer, y también están los que guardan los bocetos que una vez consideraron fantásticos.

Dentro de los privilegiados que desde hace tiempo vienen mostrando al público las vueltas que el lápiz, junto al ingenio, ha querido dar de forma exitosa, se encuentran Oscar Estévez y Romina Peluffo, guionistas de la telenovela "Constructores"; Fernando Schmidt, libretista de innumerables textos teatrales, cuplés de murgas, guiones radiales, así como los unipersonales de Antonio Gasalla realizados en Montevideo o del sketch humorístico de Georgina Barbarossa en "Venite con Georgina" (hoy Schmidt tiene una columna de humor en el semanario Brecha); Andrés Tulipano, guionista de quince programas de Canal 12 —el primero fue "Plop!"— además de veinticinco espectáculos teatrales estrenados, en algunos casos junto a su hermano Gerardo (quien además ha guionado para cine).

A través de ellos entramos al mundo del guión, en donde los personajes toman parte de sus creadores y las líneas parecen inertes hasta que se reflejan en un medio y el espectador o lector les da un sentido.

LLUVIA DE IDEAS. Es lo que se recomienda hacer en todos los ambientes antes de encontrar la mejor idea. Pero cada guionista tiene su librito. Fernando Schmidt dice que hace años dejó de recurrir a la inspiración para trabajar: "Sí a la observación y a técnicas creativas, entre ellas el robo descarado". Pero también aclara que "cuando escribís profesionalmente no podés prescindir de las técnicas, tanto para crear como para optimizar lo que escribiste. Pasa a ser algo que integrás y que está presente siempre que enfrentás la hoja o el monitor. No sé si es preferible, pero si tenés que entregar en fecha, te causará menos acidez que encargar tu suerte a las musas".

Según Estévez, co-guionista de "Constructores", "la inspiración para seguir viene de las cosas que le pasan a los protagonistas". En su caso, a partir del capítulo ocho, junto a Peluffo hizo una especie de lista con las cosas que de ahí en más le iban a pasar a los personajes y, si bien no se cumplió a rajatabla, sirvió para construir las historias en general. "También nos pasó de ver las reacciones del público ante una determinada historia, tal vez un personaje iba a estar durante sólo un capítulo y al final lo usábamos en dos o tres porque veíamos que funcionaba", agrega Peluffo.

La idea original de la serie fue de Estévez y, según dice, fue como un flash. "Era el 24 de diciembre, yo estaba con fiebre editando los últimos capítulos de ‘Mañana será otro día’ y, si bien ya tenía hablado con el canal de hacer una comedia, pensaba ‘qué bueno sería escribir una historia de padres en una situación de divorcio y su relación con los hijos, mujeres, amores; pero en un tono más parecido a una serie como ‘Vulnerables’’. El 24 de noche llamé a Jorge (Muniz), mi socio, y para esa hora ya tenía todo medio armado".

De mañana la idea había sido contar la vida de tres publicistas, pero para la noche ya eran tres amigos que tenían una empresa constructora. Uno sería Jorge Bolani, el otro Mario Ferreira y el tercero el propio Jorge Muniz. Al canal le gustó más esta idea y el 13 de enero ya estaban trabajando como "Constructores" (telenovela que finalizó el viernes 5 de diciembre).

La mayoría de las grandes series, las norteamericanas e incluso las argentinas, tienen la particularidad de estar escritas por varios guionistas. Es raro ver esto en el caso uruguayo, aunque sí existe la posibilidad de correcciones a través de guionistas compañeros. Parte de lo que significa el trabajo colectivo pudo verse recientemente en la obra teatral "El Pozo de Aire", escrita por cinco mujeres diferentes: Magdalena Helguera, Helena Corbellini, Daniela Speranza, Natalia Mardero y Andrea Blanqué, quienes dieron vida a cinco personajes diferentes luego ensamblados bajo la dirección de Alicia Garateguy.

Estévez y Peluffo trabajaron en este sentido para "Constructores". Se separaron los personajes, les escribieron biografías a cada uno y luego, en jornadas de doce horas, ensamblaron las historias. Hoy los horarios se redujeron y la forma de trabajo también ya que Estévez, además de guionar, dirige la ficción.

Andrés —quien estudió letras y complementó su formación con diferentes work-shop’s en la materia— y Gerardo Tulipano han seguido en diferentes casos técnicas similares. Para Andrés el trabajo de a dos es fundamental en cuanto a que la crítica complementaria ayuda a mejorar la calidad del producto. "Yo me fijo más en la forma y mi hermano se concentra mucho más en el resultado", dice.

SILENCIO Y RUIDO. Los guionistas no se ponen de acuerdo en las preferencias. A la hora de escribir, Schmidt dice hacerlo en una pequeña mesa sobre la cual son infaltables el block de apuntes, lapiceras varias, taza de café y lámpara... y mucho silencio. En cambio, Peluffo asegura que lo mejor es la mezcla de la computadora (para luego mandarle por mail a su co-guionista lo realizado) de su dormitorio, el mate, la caja de cigarros y música de fondo, últimamente Charly García. "También me pasa todo el tiempo de no saber la hora. Tuve un tiempo que no comía porque no tenía horarios, estaba compenetrada en la historia. Pero también cada capítulo es distinto. Hay veces que sale y fluye como por un tubo y queda bárbaro, o no, y hay veces que nos trancamos y nos tenemos que juntar para ver cómo sacamos la historia".

La inspiración de Estévez, además de las fotografías que tiene colgadas sobre la computadora con la figura de Marlon Brando y Al Pacino en sus personajes de "El Padrino" I y III, puede llegar a basarse en la repetición de una única canción de Charly García (que para estos dos guionistas parece ser la fuente de inspiración) como en la escucha de la antología de los Beatles. "Lo que me pasa es que pongo determinados discos para escribir determinados temas".

En su caso, cuando escribe lo hace con su esposa, que es quien tipea. Ella es una de las que colabora con chistes o con la definición de los artísticos. Porque el guionista, en algunos casos, no sólo tiene el trabajo de hacer los guiones, sino de tener en cuenta los compromisos comerciales de forma de que aparezcan de la forma más creativa pero que además pasen desapercibidos dentro de la historia.

UN ESPEJO ESQUIZOFRENICO. "No somos personas muy normales", dice Estévez luego de explicar cómo es su trabajo. El guionista es de por sí una persona con un mundo interior más amplio que el común de la gente. Dentro de su mente no sólo conviven los problemas del diario vivir propio, sino la vida de los personajes que imagina. Por esto, algo común de encontrar entre los guionistas es la tendencia a escribir ya sea introduciendo cosas de su entorno como de su propia personalidad.

La mayoría coincide en que el trabajo del guionista es solitario, pero Estévez es más drástico a la hora de definir su tarea: "Es como elegir o vivir la vida o vivir la vida de otros porque te pasa de decir frases que dicen los personajes, o los personajes decir frases que decís vos. Pero los personajes son como nuestros hijos y muchas veces uno no quiere que tengan muchos problemas. Incluso hay veces en que hablando cito a los personajes. Es raro". A este comentario Peluffo le quita el dramatismo diciendo que "hay mucho de los personajes que es también de uno. Antes me encontraba diciendo determinada cosa y enseguida dándome cuenta que eso era lo que le había hecho decir a determinado personaje. La esquizofrenia la vivo más en el momento de estar escribiendo y pasar de escena a escena o personaje en personaje. Mi madre muchas veces se ríe porque mirando la novela se encuentra con cosas mías de toda la vida o cosas que ella me dijo a mí". Al respecto Tulipano discrepa señalando que el desprenderse de las vivencias personales es parte del oficio y que por tanto los personajes que uno crea no deben parecerse a uno.

Dentro de las anécdotas de creación de Schmidt en este sentido se encuentra la del personaje de Yolanda, que interpreta el cómico argentino Antonio Gasalla. Este surgió de una obra teatral que escribió para Elena Zuasti en 1998. Para entonces el personaje se llamaba Grisel "pero cuando Gasalla decidió hacerlo, le cambió el nombre por Yolanda que, casualmente, es el nombre de mi madre... imaginate su alegría".

Muchas de las cosas que el cómico presenta a sus seguidores son creaciones del uruguayo. "Es tan exigente como respetuoso del guión y su interpretación es un halago para cualquier autor". De los cómicos de la vecina orilla también tuvo contacto con el productor de Guillermo Francella, para quien escribió varios sketches del último ciclo de "Poné a Francella", pero también trabajó para Georgina Barbarossa y para Moria Casán en los monólogos que hizo junto a Carlos Perciavalle.

Una de las particularidades que tiene el hecho de escribir libretos para diferentes personas o personajes es la movilidad que tiene que tener el guionista para trasladarse de un mundo a otro junto con su forma de pensar. Para Peluffo ésta es una de las actividades más atrayentes de la elaboración de un libreto. "Lo que más me divierte es escribir para hombres, pensar desde la cabeza de un hombre, de un tipo de 60 años (ella tiene 26). Es como un poco esquizofrénico porque sos un poco todos y te metés en la cabeza de uno y de otro y estás escribiendo y usas distintos lenguajes o distintas líneas de razonamiento o formas de reaccionar".

GUIONISTA VS. ... La mayoría de los que se dedican al guión paralelamente también lo hacen a otra área vinculada a su trabajo, ya sea en la dirección como en la actuación o conducción. Muchas veces se ha señalado este aspecto como uno de los principales problemas de la calidad de los guiones, sin embargo, tantos son también los "hombres orquesta" que han desempeñado de forma exitosa su capacidad para ejercer varios roles, como el caso de Woody Allen.

Para Fernando Schmidt, exclusivo guionista, un buen libreto es "el que resiste la vanidad de los actores, el egocentrismo de los directores y la inutilidad de los productores". Y cree que uno de los problemas por los que Uruguay no cuenta con producciones competitivas es debido a que "los directores, actores y, en el peor de los casos, programadores y productores son quienes hacen las veces de libretistas". De ahí que agregue que "más que guionistas profesionales, lo que faltan son directores y productores profesionales, capaces de delegar".

En cierto sentido, Estévez comparte su visión a pesar de también ser el director de sus producciones. "Para televisión no es muy recomendable y no es lo más común. Tampoco creo que sea beneficioso a nivel creativo porque estás cansado. A nivel personal me quita mucho tiempo, pero a nivel profesional está bueno porque yo sé de dónde vienen y a dónde van los personajes y además logro desprenderme del texto frío. El trabajo con los actores a veces me aporta, cambio cosas. Pero tenés que tener claro hacia dónde va la serie porque las propuestas pueden estar bárbaras pero te podés encontrar con que hacés algo que tenés planeado para el futuro y ahí está lo bueno de ser, además, guionista".

En el caso de Andrés Tulipano, quien hizo visible su doble labor a través de "Casting" o "¿Quién quiere ser millonario?", advierte que su profesión es la de guionista y bromea al respecto de la situación diciendo que "convivimos bien porque tenía un buen guionista". Según advierte, es importante la separación de roles ya que "corrés el riesgo de actuar tus propias cosas y que te parezca que son brillantes".

Respecto a la influencia del cambio de medio a la hora de libretar, Schmidt dice que "si uno quiere escribir para televisión del mismo modo que escribe una obra teatral o un cuplé de murga, fracasará. Aunque no todo lo que escribí me enorgullece, me sentí cómodo en todos los medios en que he incursionado. Me alegró libretar para Carnaval, pero técnicamente no me aportó nada".

EXIGENCIAS DE LA GENTE. A veces las hay y otras no. Schmidt prefiere no hacer caso a su público. "No sé qué es lo que funciona. Sé lo que me divierte y lo que quiero contar. Creo que el público agradece un humor que los defienda. A eso debe referirse Ziraldo, el gran autor y dibujante brasileño, cuando dice que el humorismo debe ser de izquierdas".

En el caso de "Constructores" las expectativas se han hecho explícitas a través de mails o llamadas en las que el público demuestra sentirse identificado con los personajes o las historias. El impacto que puede tener una tira en los espectadores puede llegar a ser inimaginable para los guionistas, pero con "Mañana será otro día" Estévez no tuvo esa suerte...

"El año pasado me pasó algo terrible: el personaje que hacía Pepe Vázquez, el contador Velmonte, estaba en una relación conflictiva con su mujer después de casi 30 años de matrimonio porque ella se había enterado de que la engañaba. Paralelo a eso, la peluquera que trabaja con nosotros me contó que en su peluquería una clienta le dijo que veía la novela y que estaba esperando a ver qué hacía Mirtha con el contador para hacer lo mismo con su marido. ¡No me lo tendría que haber contado nunca! porque hasta el último capítulo estuve pensando en esa mujer. Terminé dejando un final medio ambiguo, cosa que decidiera ella. Es muy fuerte saber que uno, sin quererlo, tiene ese poder. Y no es un poder que uno quiera ejercerlo, pero muchas veces la gente se ve reflejada en lo que ve en la tele y le sirve para su vida".

Lo que Andrés Tulipano tiene claro es que lo que a él le gusta no necesariamente es lo que le gusta al público. "En el caso del humor, la gente busca divertirse y sobre todo busca una mirada inteligente sobre un hecho específico. Es mucho más fácil hacer humor contestatario, pero el público es lo suficientemente inteligente como para apreciar un comentario inteligente más allá de los partidarismos", agrega confrontando la opinión de Schmidt.

Lucía Baldomir

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